Cuando la austeridad se queda en el discurso
Entre celebraciones en el Palacio de La Moneda, defensas tan predecibles como indulgentes y una memoria histórica que se activa solo cuando conviene, la frontera entre lo público y lo privado vuelve a diluirse. No es un accidente, ni un desliz: empieza a parecer un hábito. Y uno bastante incompatible con aquella austeridad que se prometía casi como virtud fundacional.
Por
Capitán Cianuro