La semana pasada nos enteramos por medio de redes y también por otros medios de una situación compleja en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAcademia), de la cual fui estudiante y posteriormente profesor por veinte y tantos años. Debo señalar, como dato de contexto, que fui desvinculado de ella en enero del presente año, sin embargo, tengo que decir, que muchas de las cosas que se plantean en esta columna las señalé en más de una oportunidad dentro de la universidad.
No entraré a dar cuenta de esa situación. Si señalo que esto refleja una crisis de mayor profundidad, o sea, es un síntoma de algo más profundo que se viene larvando hace bastantes años en esa universidad.
Lo que me interesa es plantear una hipótesis que va más allá de la coyuntura actual: la actual crisis de la UAcademia, expresa una tensión que no se ha podido resolver, a saber, la existencia de un proyecto universitario de carácter crítico, frente a un contexto donde las condiciones estructurales promueven instituciones con un marcado énfasis en el paradigma neoliberal. Esto lleva a una desestabilización del proyecto universitario en su gobernanza, sostenibilidad y legitimidad institucional.
De esto surge una pregunta que puede ser incómoda y que repetí estos últimos años: ¿tiene sentido que la UAcademia siga existiendo? Esta pregunta no tiene un carácter destructivo, sino es una pregunta que en mi opinión va al fondo de la situación y que debería abrir espacios para su defensa.
Es claro que la universidad no puede seguir como está. La actual situación revela un conflicto más profundo que dice relación con la pérdida de claridad de su propio proyecto. Y esto no es de ahora, sino que es un proceso que lleva varios años, pero que se ha ido acentuando de forma sostenida y que las actuales administraciones no han podido resolver.
Hay que señalar que la UAcademia, no es cualquier universidad. Nació como un espacio ligado a los derechos humanos, al pensamiento crítico y las ciencias sociales. Esa identidad forjada hoy convive con la crisis interna de gobernanza, tensiones sobre la forma en que se toman las decisiones y una debilidad institucional que se ha venido profundizando. Por lo tanto, si se quiere realizar una defensa de la universidad, acudir solo a la nostalgia, al pasado de una universidad que fue, no es suficiente para justificar la continuidad de este proyecto universitario.
La experiencia del cierre de la Universidad Arcis por ejemplo, nos recuerda que hubo instituciones que no pudieron sostener su proyecto, por más interesantes que fueran. Lo que quiero decir, es que tener identidad o tradición no es suficiente para que un proyecto universitario se sostenga. Claro está que la UAcademia no está en esa situación, pero podría estarlo de no mediar cambios que apunten a resolver la pregunta que se formuló más arriba.
Por otro lado, debo señalar que la crisis también tiene elementos externos que derivan de la forma en que se ha estructurado el actual sistema universitario, el cual funciona bajo la lógica del mercado, competencia por la matricula y, presión por la acreditación y resultados. La pregunta que surge de todo esto es: ¿hay espacios para universidades que realmente tengan y produzcan pensamiento crítico, que sostengan disciplinas menos rentables, que cuestionen el orden social, entre otras cosas, en contextos donde solo prima la uniformidad regida por el mercado?
Yo creo que sí, por eso defiendo la existencia de una universidad como la UAcademia. Sin embargo, la defensa de ella no puede ser automática ni nostálgica. Si esta universidad debe seguir existiendo, debe ser por una razón clara: porque dentro de un sistema universitario cada vez más uniformado, la UAcademia tiene algo que ofrecer a nuestro país. Pero, el ofrecimiento debería ser concreto. Por ejemplo, mantener el desarrollo de las ciencias sociales que remite al carácter fundacional de la universidad y que hoy se encuentra debilitado. Esto no se puede abandonar en mi opinión porque es y fue el corazón de la universidad.
Hoy en día nuestra sociedad necesita de ciencias sociales robustas que permitan entender la actual situación social y política que nos atraviesa, por ejemplo y en esto, la UAcademia, si lo desea, puede realizar un gran aporte. Se puede agregar también, la continuidad en la formación del pensamiento crítico, cuestión que debe ser trabajada acorde al actual contexto y, la generación y complejización del debate público. La cuestión central entonces, es que la UAcademia debe entender que su valor no está en competir sino en ser distinta y esto es algo complejo que se debe afrontar adecuadamente.
Así, la universidad, en mi opinión, está frente a una decisión inevitable producto de su crisis actual. Debe definirse y los caminos a mi parecer son solo dos:
- Transformarse en una universidad más adaptándose completamente a la lógica del sistema actual, o
- Reafirmar su identidad crítica, pero en el entendido que esto no es solo una declaración, sino que debe ser consistente, sostenible y real, y dejar entonces el habitar en una zona intermedia donde no compite eficazmente ni logra marcar una diferencia.
Cierro esta columna señalando que la crisis actual de la UAcademia es real, multidimensional y acumulativa. Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿tiene sentido que la UAcademia siga existiendo? La respuesta es sí, pero esta no puede basarse en la nostalgia, ni en la historia, ni en las buenas intenciones.
La validez como espacio universitario solo se puede justificar si la universidad tiene algo que realmente valga la pena preservar, cuestión que supone demostrar su valor en el presente. Si no es capaz de demostrarlo con hechos, entonces el problema no es la crisis actual y la pregunta deja de ser teórica para ser una consecuencia, la cual tendría una respuesta clara, claro está que nadie quiere decirlo en voz alta.