domingo 17 de mayo de 2026

Proteger a la niñez no puede significar mantenerla desinformada

Abordar la Educación Sexual Integral implica reconocer que niños, niñas y jóvenes son titulares de derechos, no propiedad privada de los adultos.

17 de mayo de 2026 - 11:45

Entre 2019 y 2025, los casos de niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual aumentaron un 46,4% en el país, según la Subsecretaría de la Niñez. En ese mismo período, el 86% de las niñas y adolescentes que interrumpieron un embarazo lo hicieron por causal de violación. Los casos de VIH crecieron un 35% en la última década.

Y más de la mitad de las personas encuestadas en un estudio del Ministerio de la Mujer calificó la educación sexual que recibió en el colegio como mala, muy mala, o dijo que no recibió ninguna. Esos números son consistentes entre ellos y reflejan una urgencia clara: la provisión de educación sexual integral en todo nivel educativo.

La evidencia internacional es consistente: la educación sexual integral mejora la salud de adolescentes y jóvenes, previene situaciones de violencia, promueve la igualdad de género y fortalece habilidades como el pensamiento crítico y la toma de decisiones. Así lo documentó la UNESCO en 2019 a partir de una revisión de estudios en múltiples países.

Chile ha avanzado en la materia, aunque a paso lento. En los últimos años se promulgaron leyes que reconocen el deber del Estado de garantizar una educación sexual integral y no sexista, y hay proyectos en tramitación para incluir la prevención del abuso sexual infantil en los programas escolares. Pero el proyecto más ambicioso, el que buscaba regular la educación afectiva y sexual en todos los niveles educativos, fue rechazado en la Cámara en 2020. Uno de los argumentos fue que hablar de sexualidad con párvulos era una “aberración”.

El argumento desconoce cómo funciona la ESI: no se trata de abordar los mismos contenidos en prekínder que en cuarto medio. La educación sexual integral se adecúa a la etapa de desarrollo de cada niño y trabaja desde la autonomía progresiva, el cuidado del propio cuerpo y el reconocimiento de vínculos seguros.

Negar eso no protege a los niños, los deja sin lenguaje para nombrar lo que les ocurre. El otro argumento fue que la ESI atentaría contra el derecho de los padres a educar según sus valores. Pero todos nacemos seres sexuados, y el desarrollo afectivo y sexual no es una opción ideológica que los adultos puedan simplemente no transmitir: ocurre igual, con o sin educación. La diferencia es si ocurre con acompañamiento o sin él.

Proteger a la niñez no puede significar mantenerla desinformada. Cuando un niño, niña o adolescente no sabe cómo reconocer una situación de violencia, cómo pedir ayuda o que tiene derecho a decir que no, la ausencia de educación sexual no lo protege, sino que lo deja más expuesto. Abordar la Educación Sexual Integral implica reconocer que niños, niñas y jóvenes son titulares de derechos, no propiedad privada de los adultos. Significa mirar la educación con participación del estudiantado y perspectiva de género, poner al centro el cuerpo y los afectos, abordar la diversidad sexual y el consentimiento.

Este día nacional es una oportunidad para retomar esa conversación con honestidad. Chile lleva años acumulando evidencia de lo que ocurre cuando los niños, niñas y adolescentes crecen sin educación sexual: más violencia, más embarazos por violación sin herramientas para pedir ayuda, más infecciones prevenibles. La educación sexual integral no es un contenido político que se le impone a la infancia. Es el reconocimiento de que los niños y jóvenes son personas con derecho a conocer su cuerpo, a entender sus vínculos y a saber que pueden pedir ayuda. Negarles eso no es protegerlos.

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