jueves 24 de septiembre de 2026
Opinión

Notas sobre "Marciano", de Nona Fernández

Esta no es la reseña de un libro. Son algunas notas breves y torpes sobre mí misma leyendo el libro “Marciano” de Nona Fernández.

24 de septiembre de 2026 - 11:45

Hice el viaje casi sin respirar, sumergida en las aguas turbulentas de una historia contada desde la quietud extrema del encierro. La intensidad de las experiencias que me hizo vivir el viaje no me permitió hacerlo en línea recta. Me vi obligada a detenerme en varias estaciones, no para pensar – eso fue imposible – sino para no permitir que los afectos me desbordaran.

Algo en mí me decía que tenía que hacer lo posible por tomar aire, cerrar los ojos y tratar de no pensar en el desenlace ya conocido de la historia, tan distinto de los finales que Mauricio y Nona se dieron permiso de imaginar.

Al principio pensé que el libro contaría la vida de Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro, excombatiente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Empecé a leer con curiosidad, sin saber con qué tipo de relato me encontraría, con la expectación que despiertan en mi tanto los relatos memoriales como la pluma de Nona Fernández. Pero el libro no dejó de sorprenderme y confundirme, hasta que dejé de esperar una escritura convencional, de buscar un hilo conductor o una sola voz autoral.

El relato empieza en primera persona, con Mauricio recordando una escena a la que vuelve a lo largo del libro: él mismo, todavía en libertad, sintiendo la tierra y el aire caliente de la noche en la selva colombiana. Nos dice “lo que te cuento no tiene la dimensión de lo que fue, pero quizás debiéramos buscar el comienzo de esta historia ahí…” (p.17).

Sentí que me hablaba directamente a mi -o a quien lo lea- en un tono íntimo, casi de confesión, invitándome a participar de su búsqueda y de la reconstrucción de sus recuerdos. Me sentí cerca y acepté encantada la promesa de ese vínculo, sobre todo cuando lo confirma con ese segundo recuerdo, el de una mañana cualquiera de su infancia en la casa familiar en Valparaíso.

La narración sigue en primera persona; sin embargo, unas pocas paginas después, quien habla ya no es Mauricio contando su propia historia, sino Nona Fernández hablando de sí misma, del proceso de conocer y contar otra vida. Pero la cosa no era tan simple y me volvió a confundir: no era la autora haciéndose eco de otra voz. Ella no se dirige a mí, la lectora, sino directamente a él, en lo que se rebela como un diálogo entre ambas. De pronto me sentí como una intrusa, testigo impúdica de una conversación íntima de a dos.

La irrupción de otras voces hablándole a él y hablando de él deja en evidencia el caleidoscopio de miradas que construyen una historia. Entonces dejé de preguntarme quién narraba, de quien era el punto de vista de esos recuerdos. La multiplicidad de voces - entre las cuales se colaba la mía propia rellenando silencios y abriendo interpretaciones - me atrapó en ese viaje en el que decidí sumergirme sin preguntas. Dejé de buscar una brújula y me dejé llevar por la compleja filigrana tejida por la autora, con hilos que se enredan confunden y van poco a poco mostrando una figura que nunca se completa.

Leí de prisa, pero con pausas, sintiendo recorría un camino tortuoso y lleno de curvas, deteniéndome en las estaciones que no eran sino escenas de la historia reciente de Chile. El surgimiento del FPMR, el ajusticiamiento de Jaime Guzman, el atentado a Pinochet, el rescate en helicóptero de la cárcel de alta seguridad, el inicio de la Guerra Patriótica Nacional, Los Queñes, el secuestro de Cristian Edwards. Luego la guerrilla colombiana y las cárceles, los encierros.

Las acciones político-militares y las violencias represivas no son protagonistas del relato, sino estaciones de paso que articulan pequeños placeres, sufrimientos, afectos, ideales y una profunda creencia en lo colectivo. Leí de prisa, pero tuve que hacer muchas pausas. La tristeza de visitar cada escena sabiendo el desenlace de cada historia imprime una atmosfera melancólica al viaje. No es un recorrido optimista sino todo lo contrario. Los momentos de ilusión están llenos de nostalgia; los de entusiasmo, de pesimismo; los alegres, de pesar.

Fue un viaje hermoso y triste. Me encontré con los fantasmas de Mauricio y también con los míos. En relato polifónico que Nona Fernández construye se disuelve la frontera entre su historia y la nuestra, hasta que ya no se sabe de quién es cada recuerdo, de quién cada pérdida. Por eso su derrota no es sólo suya. Fue, es todavía, la derrota de todas.

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