domingo 21 de junio de 2026

Mujeres rurales: Llegar donde más se necesita

En momentos que se cuestiona la viabilidad del programa Mujeres Rurales (INDAP-PRODEMU), es importante destacar las funciones que cumple entre las mujeres que habitan localidades rurales, y su aporte a un desarrollo rural inclusivo y equitativo.

21 de junio de 2026 - 11:45

En América Latina, los territorios rurales han concentrado históricamente los mayores niveles de pobreza por ingreso y pobreza multidimensional. Dentro de este espacio, las mujeres rurales representan uno de los grupos más vulnerables.

Las brechas salariales, las menores tasas de escolarización, la inseguridad alimentaria y la violencia doméstica son algunas de las desigualdades de género que enfrentan cotidianamente. Estas condiciones no solo limitan sus posibilidades de desarrollo económico, sino que también restringen su participación social y su capacidad para ejercer plenamente sus derechos.

Frente a esta realidad, los Estados de la región han implementado diversas políticas y programas orientados al desarrollo rural y al fortalecimiento de la agricultura familiar campesina e indígena. Sin embargo, las iniciativas específicamente dirigidas a las mujeres rurales siguen siendo relativamente escasas.

En Chile, la principal excepción es el Programa Mujeres Rurales (INDAP-PRODEMU), reconocido como una experiencia de referencia a nivel regional, y hoy día en cuestionamiento. Su propósito es apoyar a campesinas y pequeñas productoras para avanzar hacia su autonomía económica. A través de formación técnica, organizacional y personal, junto con subsidios para emprendimientos silvoagropecuarios y actividades conexas como la artesanía y el turismo, ofrece un acompañamiento integral durante tres años. En ese sentido, el programa busca contribuir a mejorar sus ingresos y condiciones de vida.

Rimisp evaluó el programa recientemente, y la evidencia muestra que este ha generado resultados significativos. Las capacitaciones que se implementan en el transcurso del programa tienen un profundo impacto en la autopercepción de las beneficiarias, fortaleciendo su autoestima y empoderamiento. El programa contribuye a incrementar su capacidad de tomar decisiones en sus entornos familiares y comunitarios, en la medida que las participantes aprenden a valorar su trabajo productivo y doméstico, y adquieren herramientas para comercializar de mejor manera sus productos.

Al analizar la cohorte 2022-2024 del programa, observamos que las mujeres participantes aumentan sus niveles de producción y reportan incrementos en sus ingresos provenientes de las ventas. Asimismo, el autoconsumo de los productos que ellas mismas generan permite reducir los gastos de los hogares, mejorando la seguridad alimentaria de las familias. Estos avances evidencian que las políticas de fomento productivo pueden transformarse en instrumentos efectivos de reducción de vulnerabilidades y fortalecimiento de la autonomía económica.

El impacto del Programa Mujeres Rurales contribuye a mejorar la situación económica de las beneficiarias, pero sus efectos trascienden esta dimensión. Cuando se generan cambios en la capacidad productiva de las mujeres, también se producen transformaciones en su autonomía y el reconocimiento que reciben en sus comunidades.

Las beneficiarias comienzan a reconocerse como sujetos sociales, fortalecen vínculos con otras mujeres generando espacios de intercambio que contribuyen a superar el aislamiento que caracteriza a muchos territorios rurales. Estos elementos reflejan el impacto de las políticas públicas en la cohesión social, no son resultados etéreos, son elementos tangibles que impactan en la pobreza multidimensional que en Chile se miden cada dos años en la encuesta Casen a nivel nacional.

En este sentido, Mujeres Rurales constituye una de las pocas respuestas de Estado que reconoce la desigualdad de género en el contexto rural y sitúa en el centro las necesidades y realidades particulares de las mujeres. Para muchas de ellas, representa su primera experiencia de inclusión económica formal y reconocimiento por sus labores en el campo, lo que ha sido objeto de interés por otros países de la región que buscan establecer políticas públicas que aporten a reducir las brechas de género. En momentos que se cuestiona la viabilidad del programa, es importante destacar las funciones que cumple entre las mujeres que habitan localidades rurales, y su aporte a un desarrollo rural inclusivo y equitativo.

*Esta columna también fue escrita por Valentina Fuentes e Isidora Vásquez, de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

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