sábado 26 de septiembre de 2026
Opinión

Kapótnia y los límites de la presión

Kapótnia dejó una pregunta que sobrevivirá al incendio: Ucrania puede llevar parte del coste de la guerra hasta Rusia; ¿le permitirá Washington sostener esa presión el tiempo suficiente para averiguar si Moscú está dispuesto a ceder?

26 de septiembre de 2026 - 09:00

Los drones ucranianos recorrieron, según el Servicio de Seguridad de Ucrania, más de quinientos kilómetros antes de alcanzar la refinería de Kapótnia, al sureste de Moscú. La distancia importa: Rusia bombardea ciudades ucranianas desde hace cuatro años y medio, mientras buena parte del coste cotidiano de esa guerra permanecía lejos de su capital. El domingo pasado volvió a llegar a Moscú por una vía bastante menos abstracta: el combustible.

La operación dejó también tres muertos en la región de Moscú, según las autoridades rusas, además de viviendas dañadas y evacuaciones. El alcalde Serguéi Sobianin confirmó daños en instalaciones de la refinería. Al día siguiente, la administración de Zaporiyia informó de seis heridos y daños en edificios residenciales, una universidad y un centro comercial tras ataques rusos. Cada gobierno puede explicar qué blanco perseguía; ninguno puede borrar las consecuencias para quienes viven cerca.

Dos maneras de ganar tiempo

Kapótnia no explica por sí sola el curso de la guerra. Fuentes de la industria señalaron que la refinería suspendió el procesamiento después del ataque; sin embargo, la Agencia Internacional de Energía había registrado daños graves en la misma planta en junio. Como se desconoce públicamente qué unidades funcionaban antes del domingo, sería engañoso atribuir al último golpe la pérdida de sus 250.000 barriles diarios de capacidad nominal.

La importancia del ataque está en su repetición. Durante los primeros ocho meses de 2026, una refinería rusa fue alcanzada, en promedio, cada tres días. En junio, el crudo procesado en Rusia cayó a 3,8 millones de barriles diarios, cerca de un 30% menos que un año antes. Rusia ha reparado instalaciones y restringido exportaciones para abastecer su mercado interno; Rosstat registró en julio un precio de la gasolina 19% superior al de diciembre de 2025. El alza tiene varias causas y no puede adjudicarse íntegramente a los drones. La campaña, en cambio, sí obliga a Moscú a gastar recursos en reparar, defender y reorganizar una industria indispensable.

Ahí se enfrentan dos apuestas sobre el tiempo. Kiev intenta que los ataques acumulados dificulten reponer combustible y proteger instalaciones más rápido de lo que Rusia puede adaptarse. Moscú apuesta a sostener la presión en Donetsk y los ataques sobre Ucrania mientras absorbe esas pérdidas, esperando que el ejército ucraniano o sus aliados se agoten primero.

El cálculo ruso puede resultar acertado o fallar; lo decisivo es que un coste económico no se convierte automáticamente en una concesión política. Para que ocurra, el Kremlin tendría que juzgar más perjudicial seguir luchando que aceptar una condición concreta. El IISS describe el terreno sobre el que se libra esa apuesta: ganancias territoriales limitadas, fuerte desgaste y ataques de alcance creciente.

La presión cambia de dirección

La campaña ucraniana encontró, entretanto, un límite inesperado fuera de Rusia. Según el Financial Times, Donald Trump pidió a Volodímir Zelenski detener los ataques contra refinerías rusas por su efecto sobre la oferta y el precio mundial del diésel. La Presidencia ucraniana confirmó la conversación, aunque no hizo pública esa petición específica.

Trump y Zelenski se reunieron el 22 de septiembre en Nueva York; el comunicado ucraniano posterior tampoco anunció una tregua. La solicitud, por tanto, sigue siendo una información atribuida a fuentes del periódico; no hay un anuncio público de que Washington la haya convertido en condición para su apoyo ni de que Kiev haya suspendido sus operaciones.

La preocupación estadounidense tampoco convierte a Ucrania en responsable de toda la escasez. El informe energético de septiembre señala que las graves interrupciones de suministros de Oriente Medio estrecharon el mercado internacional y que la menor disponibilidad de productos rusos agravó la situación. Una operación puede ser eficaz para elevar los costes de Moscú y, a la vez, resultar inconveniente para un aliado expuesto al precio del combustible. Kiev escoge sus blancos; no controla por completo las consecuencias económicas que cruzan fronteras.

Moscú procura aprovechar esa diferencia. Su portavoz, Dmitri Peskov, sostuvo que proteger refinerías no bastaría para normalizar el mercado y reclamó además seguridad para los petroleros y el levantamiento de sanciones energéticas. Rusia busca que la conversación sobre diésel incluya restricciones que afectan sus ventas. Washington preferiría aliviar la escasez sin retirar la presión económica sobre el Kremlin. Ucrania, por su parte, tendría poco incentivo para suspender unilateralmente una campaña mientras Rusia continúa atacando su infraestructura. Por ahora, ninguno parece dispuesto a hacer la primera concesión.

El alcance de una pausa

La concesión inmediata imaginable sería una suspensión recíproca de ataques contra determinadas instalaciones energéticas, con supervisión y consecuencias ante incumplimientos. El 24 de septiembre, en Nueva York, Zelenski reiteró que Ucrania está dispuesta a una tregua energética.

La disposición de Kiev todavía necesita una respuesta rusa y términos que puedan verificarse. Sería significativa, pero no resolvería Donetsk, los territorios ocupados ni las garantías de seguridad de Ucrania. Los anuncios anteriores de contención tampoco impidieron nuevos ataques contra objetivos energéticos. Una tregua verificable exigiría algo más preciso que una declaración hecha antes de una cumbre.

Su valor debe medirse también en vidas. La misión de derechos humanos de la ONU verificó 372 civiles muertos y 2.349 heridos en Ucrania durante agosto; las autoridades rusas comunican víctimas civiles en su territorio mediante registros que no son directamente comparables con ese balance. Detener golpes contra refinerías podría reducir daños y abrir espacio diplomático. Si los ataques a ciudades y viviendas continúan, el alivio tendrá límites que ningún indicador petrolero puede disimular.

Kapótnia dejó así una pregunta que sobrevivirá al incendio: Ucrania puede llevar parte del coste de la guerra hasta Rusia; ¿le permitirá Washington sostener esa presión el tiempo suficiente para averiguar si Moscú está dispuesto a ceder?

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Presidente José Antonio Kast. Créditos: Agencia Uno.

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