En Chile, la desinformación ya no circula solo como rumor, comentario o cadena reenviada por WhatsApp. Hoy también se fabrica, se replica y se amplifica desde cuentas falsas, perfiles automatizados y granjas de bots que convierten una mentira en tendencia antes de que la verdad alcance siquiera a ponerse los zapatos.
Hace pocos días se difundió una herramienta llamada “Check News”, desarrollada por SearchBrand.ai, que permite subir capturas de redes sociales para verificar si la información que contienen es real. El caso es interesante no solo por la herramienta, sino por la propia experiencia de revisión para escribir esta columna: si bien es posible hacer análisis para verificar imágenes, al revisar con más detalle el sitio asociado aparece una empresa comercial orientada al posicionamiento de marcas en buscadores e inteligencia artificial.
Eso no invalida necesariamente el servicio, pero sí deja una lección clara: incluso las herramientas que prometen ayudarnos a verificar también deben ser verificadas.
La pregunta, entonces, no es solo cuántas noticias falsas circulan cada día, sino si estamos preparados para reconocer cuándo una información busca informarnos y cuándo busca manipular nuestra confianza. Ese es el punto crítico. En una sociedad hiperconectada, el ciudadano ya no es únicamente receptor de noticias: también puede convertirse, con un solo clic, en distribuidor involuntario de una mentira. Por eso el fact checking deja de ser una tarea exclusiva de periodistas o especialistas y pasa a ser una práctica básica de ciudadanía digital.
Lo preocupante es que la noticia falsa ya no siempre aparece como una invención aislada o artesanal. Muchas veces forma parte de un circuito más amplio de amplificación digital, donde cuentas anónimas, perfiles coordinados y bots ayudan a instalar artificialmente un tema en la conversación pública. El objetivo no siempre es convencer a todos, sino sembrar duda, saturar el debate y hacer que una versión interesada parezca más extendida de lo que realmente es. En otras palabras, no se trata solo de mentir: se trata de incidir de manera poco ética en la sociedad.
Por eso, la desinformación más eficaz no siempre es la más sofisticada, sino la que logra activar una emoción inmediata. Una imagen fuera de contexto, una frase atribuida falsamente a una autoridad o un video recortado pueden provocar rabia, miedo o indignación en segundos. Y cuando una persona comparte desde esa emoción, muchas veces no está difundiendo información: está ayudando, sin quererlo, a multiplicar una operación de confusión. La mentira digital no siempre entra por la razón; muchas veces entra por el resentimiento.
Frente a este escenario, conviene aclarar algo importante: verificar no es censurar. El fact checking no busca prohibir opiniones ni cerrar el debate público, sino revisar afirmaciones que pueden comprobarse con evidencia. En una sociedad democrática, las ideas se discuten; los datos, en cambio, se contrastan. Una opinión puede ser legítimamente discutible, pero una cifra falsa, una imagen manipulada o una cita inventada deben ser expuestas como tales. Defender la libertad de expresión no puede significar renunciar a la verdad.
Existen ejemplos concretos que muestran que esta práctica ya está instalada en distintos niveles. En Chile, Fast Check trabaja de manera permanente verificando datos, discursos públicos, contenidos virales y desinformación. En Argentina, Chequeado se ha transformado en un referente regional de verificación. En el mundo hispano, AFP Factual cumple una función similar frente a imágenes, videos, rumores y afirmaciones virales. Incluso Google Fact Check Explorer permite buscar si una afirmación ya fue revisada por organizaciones de verificación en distintas partes del mundo. La invitación es simple: antes de compartir, nuestro mínimo deber como ciudadanos es abrir una pestaña más, como las anteriores, y comprobar.
Por eso, la próxima vez que una noticia nos provoque rabia, miedo o entusiasmo desmesurado, no deberíamos compartirla todavía. Primero hay que hacer una pausa de treinta segundos: revisar quién la publica, buscar la fuente original y preguntarnos si esa noticia busca informarnos o simplemente hacernos reaccionar emocionalmente rápido. Si queda alguna duda, se pueden utilizar los buscadores y verificadores anteriormente señalados para contrastar la información.
En un país saturado de ruido digital, verificar antes de compartir no es un gesto de desconfianza extrema: es una forma concreta de responsabilidad ciudadana, de defensa de la verdad y de la democracia que hoy está en riesgo en Chile y el mundo.