lunes 22 de junio de 2026

Depende el tipo de infancias: Un nuevo error del Estado

El problema surgió por irregularidades y falta de control administrativo, pero hoy aunque algunos lo niegan, el caso se volvió político y deshumaniza a un grupo de la población que supuestamente se debe proteger: la infancia.

22 de junio de 2026 - 05:00

Los hechos que tenemos a la fecha es que existió un ingreso de niños y niñas de nacionalidad haitiana a Chile. Antes de la llegada a Santiago hubo una escala en Lima, Perú, donde bajaron a un número de niños y otros se quedaron. Estos últimos llegaron al aeropuerto. Estos menores eran acompañados por adultos y salieron del aeropuerto de Santiago.

Sin embargo, ¿Quiénes eran estos adultos? ¿Qué vínculos tenían los adultos con ellos? ¿Adónde fueron después del aterrizaje? y, más preciso aún, ¿dónde están específicamente esos niños que llegaron a Santiago y los que fueron bajados en Lima? Son algunas de las interrogantes que se han intentado aclarar frente a esta información recientemente publicada y, en consecuencia, en proceso de investigación.

Lo anteriormente descrito, se vuelve aún difuso cuando se dio a conocer que no se trata del año 2025, sino que existen antecedentes-al menos-desde el 2023 de vuelos con niños haitianos sin trazabilidad familiar clara una vez que llegaban al país. La señal de alarma que develó el preinforme de la Contraloría, llevó a un grupo de parlamentarios a levantar comisiones investigadoras; al Gobierno a convocar a una reunión de emergencia con los distintos poderes del Estado y un llamado a la población a colaborar en esta búsqueda.

Estas acciones políticas-si así se quieren entender-son parte de una seguidilla de pasos que cualquier gobierno, indistintamente el color político, debiese aplicar cuando se pone un manto de duda en relación a las infancias. Independiente de estas acciones, urge poner sobre la mesa otras aristas del tema y que se relacionan con la frágil y reducida protección que persiste con las infancias.

Las hipótesis que rondan-sin mayor tapujo- tienen relación con redes de explotación sexual infantil; tráfico de órganos; trata de personas; adopciones ilegales y utilización de las infancias dentro de bandas criminales; son algunas de las hipótesis que se han puesto sobre la mesa en relación al tema.

Sin embargo, urge la cautela en estas hipótesis, más cuando el proceso investigativo está en curso, pues este proceso incluye la búsqueda de aquellos menores y delinear la trazabilidad posterior a la llegada a Chile. Esta cautela se traduce en evitar afirmaciones sin evidencia, pues lo que está en riesgo tiene que ver con el cuidado de la infancia y la revictimización en el caso de aquellos niños y niñas que ya fueron encontrados en distintas comunas del país.

Actualmente, tenemos a niños que fueron subidos a un avión bajo la figura de reunificación familiar, pero al no tener la trazabilidad clara que permita comprobar aquello, se abre el espacio a la especulación y, por tanto, las hipótesis indiscriminadas. En este escenario el poner a la infancia primero es fundamental, comprendiendo que la politización de este fenómeno devela la deshumanidad que ronda en quienes gobiernan.

Pues, mientras se habla de fuerza de tarea para buscar a la totalidad de los niños, se reitera comunicacionalmente hipótesis que permiten pone en el ojo del huracán a niños que se subieron a un avión con el propósito de buscar reunirse con su familia o mayores oportunidades; pues pareciera ser que se olvida la crisis humanitaria que vive Haití.

Sin duda, e indiscutiblemente, cuando se desconoce el paradero de un grupo de niños que ingresaron a nuestro país bajo la idea de reunificación familiar las alarmas deben sonar, pero teniendo a la vista que el centro del debate está la infancia y la responsabilidad de un Estado es cautelar ese bien preciado. El problema surgió por irregularidades y falta de control administrativo, pero hoy aunque algunos lo niegan, el caso se volvió político y deshumaniza a un grupo de la población que supuestamente se debe proteger: la infancia.

Esto se vuelve aún más complejo y lamentable cuando se pone la lupa sobre este caso y tiene relación con la nacionalidad. Pues debemos genuinamente preguntarnos si el país hubiese respondido de la misma manera si la nacionalidad, lengua y característica de estos niños fuera otra. Al menos, hay que cuestionarlo. Esta falta de humanidad, no nos puede limitar a pensar que existió, por lo menos, planificación de un tono y diseño político para enfrentar esta situación.

Lo que demuestra este error es la falta de humanidad e incluso la contradicción en la política del cuidado de las infancias, pues mientras se pregunta dónde están los niños y niñas hay cientos de políticos aprovechándose de la infancia para sacar réditos políticos al respecto. Uno que otro punto o voto más en las encuestas. Lo anterior, es por lo menos, vergonzoso, pues se asombran de cómo niños ingresan al país y no se conoce el paradero.

Pero hay que preguntarse también cómo no nos aterramos y alertamos también sobre los miles de niños que hoy siguen esperando en la lista de desaparecidos en Carabineros y PDI. Por tanto, ¿tiene que ver el cuidado de la infancia con la política? Por supuesto que sí, pero no de la forma como quisiéramos. Hoy la política está utilizando la infancia y revictimizando la realidad de uno de los grupos más vulnerables de la sociedad: la infancia migrante. ¿Qué tan justo y digno es esto?

Hace unos años la cruda realidad de los niños del servicio nacional de menores nos enrostra que existía una deuda tremenda con el cuidado y protección de las infancias en Chile. Pese a que algunos quisieron negarse a entenderlo, se develó la brecha y contradicción en cuanto al slogan de los niños primero.

Hoy, pareciera que las instituciones que trabajan para agilizar y cautelar la correcta gestión del Estado con la población, especialmente con las infancias, poco aprendieron del caso anterior y de este mismo caso. Más cuando se evidencia el diseño político para tratar este caso. Pues, cuando existe un grupo indeterminado de niños que se desconoce el paradero y existen irregularidades que permiten levantar hipótesis debería, por lo menos, reconocerse que el Estado le falló a la infancia nuevamente y ser lo más cauteloso posible para enfrentar el hecho. En este escenario, poco o nada se aprendió, pues se vuelve a poner en el centro, camufladamente, a niños para sacar réditos políticos.

En este caso no hay posibilidad de medias tintas o ambigüedades. Existe una falta de humanidad en la gestión y política pública que, nuevamente, deja en evidencia que los más desprotegidos pagan el costo de decisiones o gustitos de algunos. Acá, sin duda, lo más importante es responder y encontrar dónde están los niños y niñas que fueron subidos a un avión sin un paradero claro. Pero, además, se debe determinar un antes y un después en relación a cómo el Estado, independiente del color político, resguarda a la infancia indistintamente de la nacionalidad, el color de piel, la lengua y sus condiciones socioeconómicas. Esto permitiría alguna vez por todas hablar de las infancias transversalmente.

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