El presente 2026 se conmemoran los 50 años desde que se fundó en Chile la Vicaría de la Solidaridad. Ella fue creada al alero de la iglesia católica y se convirtió en uno de los mayores desafíos al régimen militar de nuestro país.
A su vez, resultó ser clave en la defensa de los derechos humanos durante el régimen militar (1973-1990), surgiendo luego de que Augusto Pinochet efectuara el cierre del Comité Pro-Paz, que había funcionado por iniciativa de las iglesias cristianas y la comunidad judía tras el golpe de Estado. Sin duda, estamos frente a una institución de profundas huellas, memoria e historia nacional, una que merece reflexión, diálogo y debate con amistad cívica.
En primer lugar, fue el cardenal Raúl Silva Henríquez -entonces arzobispo de Santiago- quien decidió crear la vicaría, sustentada en el derecho canónico, y como parte de la estructura de la iglesia, funcionando en el palacio arzobispal, que se encontraba al lado de la catedral metropolitana.
Desde el 1 de enero de 1976, y a partir de entonces la Vicaría de la Solidaridad acompañó y acogió a perseguidos políticos y a los familiares de los asesinados, detenidos y desaparecidos por los cuerpos represivos. Se convirtió en una maquinaria humana para presentar recursos ante la justicia, ayudar a los familiares de las víctimas a sobrevivir y para conformar el mayor testimonio de lo que fue la violación a los derechos humanos durante el régimen militar. La vicaría cerró sus puertas tras 16 años de trabajo, en 1992, cuando Chile daba sus primeros pasos hacia la democracia.
A través del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos recientemente se conmemoraron los 50 años con una exposición de fotografías de lo que fue el trabajo de la vicaría. Sin duda, una narrativa de memoria, historia y reflexión obligatoria que muestra el funcionamiento del segundo y tercer piso de la casa arzobispal, al que se ingresaba por una puerta angosta, frente a la misma Plaza de Armas de Santiago, en el número 444.
Ahí se redactaron miles de los recursos de amparo a favor de los detenidos. Desde ese lugar se organizaron comedores infantiles, una bolsa de cesantes para encontrar trabajo y talleres de subsistencia. Según la web oficial del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos la Vicaría de la Solidaridad es recordada de la siguiente manera:
“A 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad, esta releva una de las experiencias más significativas en la defensa de los derechos humanos en Chile. Fundada en 1976 por el Cardenal Raúl Silva Henríquez, en un contexto de represión y violencia estatal, la Vicaría se constituyó como un espacio de amparo, denuncia y acompañamiento para miles de personas perseguidas y sus familias”. “A 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad, esta releva una de las experiencias más significativas en la defensa de los derechos humanos en Chile. Fundada en 1976 por el Cardenal Raúl Silva Henríquez, en un contexto de represión y violencia estatal, la Vicaría se constituyó como un espacio de amparo, denuncia y acompañamiento para miles de personas perseguidas y sus familias”.
Sin duda, estamos frente a un espacio que trasciende lo político, religioso e histórico, un lugar que continua siendo motivo de análisis, diálogo y relectura.
Igualmente, su archivo fue fundamental en los años de transición y democracia, y en la búsqueda de la verdad y justicia. Fue clave en la elaboración del Informe de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig) dado a conocer en marzo del año 1991, donde se estableció un primer recuento de las víctimas y de detenidos desaparecidos durante los 17 años del régimen militar. Hasta nuestros días, los documentos y registros de la Vicaría de la Solidaridad son solicitados por jueces que abren o reabren causas de derechos humanos durante el régimen de Augusto Pinochet.
Por último, suena bastante interesante a 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad realizar algunas preguntas a modo de memoria, historia y diálogo cívico. Por ejemplo: ¿Fue la Vicaría un espacio religioso, político, social o humanitario? ¿Qué desafíos quedaron pendientes por cubrir? ¿Realmente fueron años de servicio transversal, o la Vicaría tuvo una impronta ideológica al término de su camino? ¿Qué aprendizajes instala la Vicaría de la Solidaridad en Chile a 50 años de su existencia?
Estamos en un momento clave a nivel país en el que hace bien mirar el rol de la Vicaría, un trozo de historia que necesita mayor diálogo, ausencia de sesgos y horizontalidad en el relato. De lo contrario, ahogamos la reflexión en pausas, silencios y confrontalidad, cosas que para ambos lados de la política nacional son perjudicial, así como para la sociedad civil y su idea de relato heterogéneo.