Cuando se le pierde el miedo al matón del barrio
Da vergüenza y también preocupación observar cómo frente a situaciones evidentes de abuso aparecen actitudes de sumisión disfrazadas de pragmatismo. Personas, comunidades e incluso países que creen que mostrando obediencia, silencio o lealtad al matón lograrán protección. La historia demuestra lo contrario: el abusador nunca se sacia; solo se autoimpone nuevos objetivos. El individualismo extremo, tan celebrado en el discurso contemporáneo, termina siendo el mejor aliado del abuso.
Por
Marcelo Trivelli