¿Y los estudiantes?
En las últimas dos décadas, se volvió costumbre que los estudiantes lleven la vanguardia, y entre ellos, más los secundarios que los universitarios. Es paradójico que quienes empujen las transformaciones sean cabros chicos. Menores de edad, sin derecho a voto ni a ocupar cargos. Esta contradicción genera cortocircuitos en los cerebros avinagrados de los intelectuales del orden. Por ejemplo, en Carlos Peña. El rector de finos ademanes (que analiza la realidad chilena según qué diría de ella Kant) opina que la juventud es anómica, consumista e irracional.