La expansión del erizo negro en las costas de Chile pasó de ser un fenómeno aislado a una seria amenaza ambiental. Investigadores marinos advierten que la proliferación descontrolada de esta especie está arrasando con extensas áreas submarinas, dejando verdaderos “desiertos submarinos” en zonas como Quintay, Rapa Nui y el Archipiélago Juan Fernández.
Según científicos del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ) de la Universidad Andrés Bello, el problema comenzó a intensificarse en los últimos años debido a una combinación de factores ecológicos, además de la crisis climática y la acción humana.
¿Cómo surgió la plaga del erizo negro en Chile?
Los especialistas explican que la principal causa detrás de la expansión del erizo negro es el desequilibrio ecológico en el océano chileno.
Uno de los factores más importantes ha sido la disminución de depredadores naturales, especialmente especies marinas que controlaban la población de erizos. En Juan Fernández, la reducción de langostas adultas de gran tamaño debido a la explotación pesquera, sería uno de los factores que debilitó el control biológico sobre el erizo negro.
A eso se suma el impacto la crisis climática. Investigaciones indican que fenómenos como el aumento de la temperatura del mar y eventos asociados al Fenómeno de El Niño aceleraron los ciclos reproductivos de estas especies, facilitando su expansión masiva.
Los científicos también detectaron alteraciones físicas en los ecosistemas marinos tras eventos extremos, como el tsunami de 2010 en Juan Fernández, que modificó hábitats submarinos y generó condiciones favorables para el crecimiento de algas que sirven de alimento para los erizos.
El impacto en la pesca artesanal y el ecosistema marino
La expansión del erizo negro no solo afecta al medioambiente. También amenaza directamente a comunidades costeras y pescadores artesanales.
La pérdida de algas y biodiversidad altera toda la cadena alimentaria marina y reduce la presencia de especies comerciales importantes. Además, los ecosistemas dañados tienen menor capacidad de recuperación frente a crisis ambientales futuras.