El visón americano (Neogale vison) se ha convertido en una de las especies exóticas invasoras más problemáticas en Chile, con presencia principalmente en el sur del país, donde su rápida expansión genera graves impactos ecológicos, económicos y sociales.
Sin contar con depredadores naturales que controlen el aumento de su población, la cual crece debido a su rápida reproducción, ya es un problema real en nuestro país y su presencia anota cada vez más ciudades y regiones.
Origen y llegada a Chile
Esta especie, originaria de Norteamérica, fue introducida en Chile durante la década de 1930 con fines comerciales, específicamente para la industria peletera.
Los primeros ejemplares llegaron a zonas como Punta Arenas entre 1934 y 1936, y posteriormente a Aysén en las décadas siguientes.
Con el declive del negocio, muchos animales escaparon o fueron liberados desde criaderos, lo que permitió su establecimiento en el medio natural. Desde entonces, el visón americano ha expandido su distribución desde la Región de La Araucanía hasta Magallanes, incluyendo territorios insulares como Chiloé.
Dónde se produce la plaga
La mayor presencia del visón americano se concentra en ecosistemas del sur de Chile, especialmente en regiones como Los Ríos, Los Lagos, Aysén y Magallanes.
Habita principalmente en zonas cercanas a ríos, lagos y humedales, aunque también se adapta a ambientes terrestres. Su capacidad de adaptación le permite colonizar rápidamente nuevos territorios, incluso desplazándose hacia zonas más al norte como el Biobío.
Consecuencias ecológicas y económicas
El visón americano es un depredador altamente eficiente que afecta gravemente a la fauna nativa. Ataca aves acuáticas, pequeños mamíferos y anfibios, muchas veces matando más presas de las que necesita para alimentarse.
Entre sus impactos más relevantes destacan:
- Disminución de poblaciones de aves nativas, especialmente aquellas que nidifican en el suelo.
- Competencia con especies nativas como el huillín por alimento y hábitat.
- Daños a pequeños agricultores por ataques a gallineros y animales de corral.
- Alteración de ecosistemas acuáticos, incluso contribuyendo a la dispersión de especies invasoras como el didymo.
Según estimaciones del Ministerio del Medio Ambiente, el impacto económico del visón supera los 9 millones de dólares anuales, afectando principalmente a la biodiversidad.
No tiene depredadores
Una de las claves de su éxito como especie invasora es la ausencia de depredadores naturales en el ecosistema chileno.
Al no existir especies que regulen su población de manera efectiva, el visón se reproduce y expande sin control, ocupando nichos ecológicos y desplazando a la fauna local.
Desde el Estado, diversas autoridades han advertido sobre la complejidad de enfrentar esta plaga. Paulina Stowhas, del Ministerio del Medio Ambiente, señala que la gestión es difícil debido a la dispersión institucional.
“Cuando las especies afectan la biodiversidad, quién se hace cargo queda un poco en tierra de nadie”, declaró.
Por su parte, Eduardo Raffo, del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), enfatiza el impacto productivo al decir que “los ataques son a gallinas. Hay una afectación a la dimensión humana y productiva”.
A más de 90 años de su introducción, el visón americano sigue avanzando en territorio chileno, consolidándose como una de las principales amenazas para la biodiversidad del sur del país. Su control representa un desafío urgente para las autoridades, científicos y comunidades locales, en un escenario donde la invasión biológica continúa en expansión.