martes 23 de junio de 2026
Contaminación

Millonaria expansión de minera Mantos Copper en Antofagasta eleva alertas por emisión de material particulado

Antofagasta convive desde hace décadas con la actividad minera, donde el polvo y la presencia de metales pesados forman parte del paisaje cotidiano.

23 de junio de 2026 - 20:17

Esta semana, la minera Mantos Copper S.A. presentó un millonario proyecto que amplia las operaciones de la faena minera de cobre Mantos Blancos de Antofagasta, advirtiendo algunos impactos significativos, como la emisión de material particulado, en una región marcada históricamente por la actividad minera y la exposición prolongada a polvo con metales pesados.

Se trata del proyecto "Mejoras y aumento de capacidad para la continuidad operacional de la Faena Minera de cobre Mantos Blancos", que ingresó a través de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) el pasado lunes.

Con una inversión de US$500 millones, la minera Mantos Copper S.A. pretende ampliar las operaciones de Mantos Blancos, ubicada a 45 km de la ciudad de Antofagasta, extendiéndose a las comunas de Sierra Gorda y Mejillones —en cuánto a las rutas de traslado de cobre— para la extracción a cielo abierto de minerales y su posterior procesamiento.

La primera etapa del proyecto busca mantener estable la capacidad de procesamiento de mineral (sulfuros) en 7,3 millones de toneladas por año. La segunda apunta a ampliar su capacidad hasta llegar a 9,8 millones de toneladas anuales en 2031, que se mantendrá constante hasta 2041.

Riesgo ambiental: materia particulado y calidad de agua

El proyecto ingresó al SEIA a través de un EIA , es decir, reconoce impactos negativos para el medio ambiente y/o las comunidades. En particular, se detecta "riesgo para la salud de la población, debido a la cantidad y calidad de efluentes, emisiones o residuos" sumado a "efectos adversos significativos sobre la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, incluidos el suelo, agua y aire".

Según el EIA, uno de los principales problemas será el aumento de la generación de relaves finos y gruesos —residuos del procesamiento de los minerales de la roca— que representan un riego para la salud humana debido a su toxicidad. Para abordar este punto, la empresa minera definirá lugares específicos y controlados para su depósito.

En cuanto a las fases de construcción y operación, el documento reconoce riesgos significativos en la salud de la población del sector de Baquedano por emisiones de materia particulado MP10, zona que se encuentra en condición de saturación desde antes del proyecto, lo que agrava este riesgo.

Para abordar este impacto, la empresa ofrecerá medidas de compensación, más no de mitigación. Es decir, como no pueden reducir emisiones, proponen estabilizar y pavimentar una calle, con el fin de eliminar otra fuente de local de polvo en Baquedano. Este punto deberá ser analizado por el SEA.

Respecto a la fase de operación y cierre, se detecta el aumento local del nivel piezométrico y la variación en la calidad del agua subterránea del acuífero de Sierra Gorda, producto de infiltraciones acumuladas desde las instalaciones mineras (relaves, botaderos, planta).

Para ambos puntos la empresa propone medidas de mitigación directa a través de barreras hidráulicas, que extraerán agua contaminada para evitar su expansión.

Finalmente, reconocen como riesgo significativo la alteración de atributos visuales del paisaje. En cuanto a impactos relevantes, se detecta pérdida de suelos, perturbación de fauna silvestre de baja movilidad (especialmente Liolaemus torresi, especie Casi Amenazada), alteración de patrimonio arqueológico y paleontológico, y afectación a la calidad de la infraestructura vial de la Ruta 5 Norte por disolución de sales.

Antofagasta: la ciudad que respira polvo

Antofagasta ha estado históricamente expuesta a la contaminación por polvo con metales pesados en distintas zonas urbanas, especialmente en sectores cercanos al puerto y a áreas ferroviarias. Investigaciones de la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) han confirmado la presencia de elementos como plomo, cobre, zinc y arsénico en calles del centro de la ciudad, producto de la actividad portuaria y el transporte de concentrados minerales.

Esta situación ha significado la exposición de más de mil personas a riesgos directos para la salud, lo que ha derivado en sanciones económicas contra las empresas responsables. En particular, se ha alertado sobre la situación de niños y niñas que han presentado niveles elevados de metales en su organismo, lo que ha sido asociado a daños en el desarrollo neurológico y otras enfermedades graves.

Uno de los casos más recientes ratificados por el Tribunal Ambiental corresponde a una multa de alrededor de un millón de dólares a la empresa portuaria Antofagasta Terminal Internacional (ATI), tras comprobarse el incumplimiento de medidas de limpieza ordenadas por la autoridad ambiental.

A lo largo de los años, la contaminación no se ha limitado solo al entorno portuario, sino que también ha afectado a suelos ferroviarios de la ciudad, donde se han detectado nuevamente concentraciones de metales pesados incluso después de procesos de limpieza.

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