domingo 09 de agosto de 2026

¿Chao guías ambientales? ¿Chao medio ambiente?

La regulación ambiental no existe para impedir el desarrollo, sino para evitar que las decisiones económicas de hoy produzcan costos sociales, ambientales y económicos mucho mayores mañana.

9 de agosto de 2026 - 07:00

Las intensas lluvias de julio y agosto han puesto en evidencia que el medio ambiente importa y que invertir en el país requiere mantener un alto estándar de evaluación ambiental. ¿Por qué estas lluvias lo remarcan? Porque cuando se dejan de considerar los ecosistemas, la geografía y la vulnerabilidad frente a la crisis climática, ecológica y de contaminación, los riesgos terminan transformándose en desastres que debe enfrentar la población y los propios ecosistemas. Todo ello, ante un Estado que muchas veces no da abasto, tanto por la falta de prevención como por la magnitud de los recursos que cada emergencia requiere.

Lamentablemente, desde algunas autoridades, el tema ambiental se ha transformado en un meme de la inacción y de una retórica vacía que busca ridiculizar lo que significa proteger nuestro entorno. De hecho, la caricatura llega al extremo cuando se escuchan los dichos del actual presidente, quien, buscando dar una señal a los inversionistas, manifestó la frase “chao guías ambientales, chao las ideologías”. Sus declaraciones fueron posteriormente justificadas bajo el argumento de que estas guías serían inventadas por “el burócrata de la zona” para proteger “a las arañitas” o “a los pajaritos”.

Sumado a lo anterior, se ha instalado la lógica de relajar los permisos sectoriales y disminuir el estándar de evaluación del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Esta orientación se ha expresado en modificaciones a los umbrales establecidos en el reglamento del SEIA y en la discusión de modificaciones legales al SEA y de la denominada mega reforma actualmente tramitadas en el Congreso Nacional.

Mientras desde la política se busca disminuir los estándares, la realidad nos muestra otra cosa. Los ríos atmosféricos registrados las últimas semanas, con precipitaciones intensas concentradas en períodos muy breves, vuelven a demostrar que la política lleva demasiado tiempo alejada de la realidad.

Por ello, no podemos dejar pasar esta mirada que minimiza el medio ambiente y el rol que cumple. Sin un medio ambiente sano, la población queda expuesta a múltiples riesgos. Las inundaciones y los efectos de estas lluvias así lo han demostrado: personas fallecidas y desaparecidas, más de dos mil damnificados, 99 mil personas aisladas, cerca de 150 mil clientes sin electricidad, 42 rutas interrumpidas y un largo suma y sigue. Cada una de estas cifras representa un costo social y económico que difícilmente aparece cuando discutimos cuánto “cuesta” una regulación ambiental.

Se hace urgente que el mundo político deje de exponer a la población a riesgos que pueden ser anticipados. Si la lógica es que necesitamos más inversiones y que, para facilitarlas, debemos hacer las reglas más laxas, entonces debemos preguntarnos: ¿cuánto nos costará mañana haber aprobado proyectos sin incorporar adecuadamente los riesgos ambientales, sociales y climáticos?

Lo más probable es que nos cueste muy caro. Y no solo en términos económicos. Los costos los pagan las familias que pierden sus viviendas y proyectos de vida; el Estado que debe reconstruir infraestructura; las empresas que interrumpen sus operaciones; las comunidades expuestas a riesgos que pudieron ser anticipados; y los ecosistemas, que continúan siendo degradados.

En este contexto, hablar de “relajar” las exigencias ambientales como si fueran un lujo del que pudiéramos prescindir resulta particularmente contradictorio. La regulación ambiental no existe para impedir el desarrollo, sino para evitar que las decisiones económicas de hoy produzcan costos sociales, ambientales y económicos mucho mayores mañana.

El clima está poniendo límites que ninguna política de aceleración de inversiones puede eliminar. Se podrán reducir plazos administrativos, modificar regulaciones o hacer más expedita la aprobación de proyectos; lo que no se puede hacer es negociar con la dinámica de los ríos, la saturación de las laderas, la erosión de las costas o la capacidad de los ecosistemas para absorber nuestras intervenciones. El costo de ignorarlo ya lo estamos viendo, y cada vez con mayor gravedad y frecuencia.

Notas Relacionadas
Lo más leído
salmonicultura

Las más leídas

Últimas noticias