La escritura se manifiesta de diferentes formas, ya que todo se puede leer, quizás todo se pueda escribir. Así, Emilio Senn comenzó a escribir a través del dibujo, contando historias con lápiz y papel. Luego entrevistaba a sus tías, tíos, pidiendo historias que lo ayudaran a trazar escenas y fantasear con el pasado
A los 14 años, logró llegar a la poesía donde se mantiene hasta la actualidad, y todo gracias a la música popular, a la radio y Shakira, “la idea de expresar emociones a través de versos me voló la cabeza”, señala el autor de “Cola de Pez. Memorias en verso de una sirena urbana”, editado por Trayecto Editorial en 2025.
¿De qué forma el amor impregna tu trabajo?
Escribo porque amo. Escribir es de las selectas cosas que confieso amar desde el lugar más honesto de mi persona. Amo escuchar historias, amo comunicarlas, amo el proceso de encontrar las palabras para hacerlo y amo el efecto que tiene compartir lo escrito, generar reacciones, discusiones. Hay harto de ego, puede ser, un amor a mi historia que me hace no querer olvidarla y escribirla toda.
¿Crees aún en el amor?
Creo y sé del amor en todas sus formas. Si bien concluyo el libro con una renuncia al romance, lo hago también movilizado por ese amor que no es de novelas, sino más bien animal. El amor a mi madre, padre, familia, amigas, amigos, a la compasión y creatividad humana. El amor a la justicia, el amor a la dignidad incluso de quienes se oponen a mí.
Creo que el único motor, para bien y para mal, es el amor a ese algo por lo que luchamos.
¿Quiénes son tus principales referentes?
En la poesía me siento mucho más cercano a lo confesional de A. Pizarnik e I. Vilariño. Ahora, en la literatura en general, recuerdo haber coincidido con Esther Margaritas en pandemia y me reencontré hace poco con su obra, estoy fascinado por ella. Las letras de Claudia Rodríguez, Claudio Bertoni, Camila Sosa Villada y Gabriela Misstrans me conmueven e interesan también.
Sin embargo, como bien digo que soy “pop”, hay tanta o más influencia de la música que de la literatura en mis versos. Escucho a Jorge González, Violeta Parra, Francisca Valenzuela, Mon Laferte, Lana del Rey, Taylor Swift, Nina Simone, Alex Anwandter y en mis escritos puede haber mucha más coincidencia con los versos que ellos cantan que con los escritos de otros/as poetas.
¿Qué poemas de los que publicaste te marcaron más y por qué?
“Nefando” me gusta mucho porque habla desde la inocencia del primer deseo adolescente, de ese mundo que a uno lo hace sentir culpable y que nos niega desear.
Recuerdo crecer sintiendo que mi afecto era como una lepra que nadie quería cerca. Nadie quería ser querido o amado por un homosexual, era un castigo social inmenso. También está “La mediana” que es una especie de manifiesto a mi rareza y porfía, soy yo diciendo: “me niego a definirme e integrarme a la institucionalidad homosexual. Quiero y defiendo ser raro”.
¿Por qué la metáfora continúa con el mar?
Es un paralelismo con la tragedia del cuento clásico de Hans Christian Andersen, “La Sirenita”. El autor debió ocultar su homosexualidad y trazó en ese personaje su propio sentir híbrido, su deseo prohibido por pertenecer a un mundo y amor que se le era negado.
De alguna forma, los homosexuales somos las sirenas urbanas que nadamos por la ciudad con una mitad humana y otra escamosa. Existen todos estos mitos alrededor de nosotros, que con nuestro canto podemos seducir y hundir a hombres, que somos malvados o incluso que no existimos. Tiene todo el sentido, ¿no?
¿Tiene el mar alguna vinculación trascendental en tu vida?
Soy feliz en el mar como en pocos sitios, es como si al entrar en él me sintiera en mi hábitat natural despojado de cualquier preocupación mundana. Dicen que el agua de mar limpia las almas y creo en ello también.
De alguna forma, esta búsqueda constante de identidad, ¿ha encontrado un espacio de calma?
He encontrado paz y calma en renunciar a la búsqueda y quedarme con la idea de: “no sé qué soy y no tengo por qué saberlo”. Como recito en “La mediana”, no me interesa ser ni L ni G ni B ni T, ni ninguna cosa más que esta extraña criatura que ya soy. Aún y cuando reconozco en el colectivo a mi especie, yo no voy a rotularme.