¿Cómo seguir produciendo alimentos cuando el agua escasea?, es la pregunta que se plantea el Dr. Pablo Cornejo, investigador del área de microorganismos del suelo del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), quien por años ha trabajado para elaborar una tecnología que se encargue de la sequía en la agricultura chilena mediante la ciencia.
Ante esto, ha creado los bioinoculantes "a la carta", mezclas precisas de microorganismos —hongos, bacterias y levaduras— diseñadas especie por especie para reforzar la resiliencia de los cultivos desde la raíz.
Hongos, bacterias y levaduras en acción
La tecnología desarrollada por el equipo junto a Cornejo combina grupos microbianos que trabajan sin competir entre sí, lo que se diferencia de otros productos disponibles en el mercado, que aún no han sido validados a nivel de especie. Mientras los hongos extienden el alcance de las raíces para captar agua, las bacterias y levaduras producen sustancias que regulan el crecimiento y activan las defensas naturales de la planta.
Según el investigador, la clave está en que estas mezclas "han sido desarrolladas a nivel de especie desde un banco de microorganismos en continuo crecimiento", algo que las alternativas comerciales no ofrecen.
Los resultados ya son concretos. En frutillas, el uso de estos consorcios microbianos incrementó el número de frutos en un 81,2% y la tasa fotosintética en un 80% bajo sequía severa, permitiendo que las plantas mantuvieran su producción y estado nutricional a pesar de una reducción drástica del riego.
En lechugas, se registró un aumento del 43% en la biomasa de los brotes, atribuido a una reducción del daño oxidativo y un aumento en los niveles de prolina y pigmentos fotosintéticos.
En frutillas, el uso de estos consorcios microbianos incrementó el número de frutos en un 81,2% y la tasa fotosintética en un 80% bajo sequía severa En frutillas, el uso de estos consorcios microbianos incrementó el número de frutos en un 81,2% y la tasa fotosintética en un 80% bajo sequía severa
Tolerancia a la sequía
El hallazgo más reciente, obtenido mediante estudios de lipidómica, revela el mecanismo detrás de esa protección: los microorganismos preservan las membranas de los cloroplastos, las estructuras celulares donde ocurre la fotosíntesis. "Esta 'protección' del tilacoide sugiere que la fotosíntesis se puede realizar incluso bajo condiciones de un alto estrés oxidativo", explica Cornejo, lo que evita el colapso metabólico que normalmente provoca la falta de agua.
Más allá de las hortalizas, el equipo ya trabaja con trigo, especie predominante en el centro-sur de Chile, donde la escasez hídrica avanza. El investigador anticipa que estos consorcios permitirán su cultivo "en condiciones de mayor escasez hídrica".
Asimismo, en el ámbito de la fruticultura, la tecnología abre la posibilidad de acondicionar portainjertos con mayor tolerancia a la sequía, lo que incidiría directamente en el rendimiento y la calidad de los frutos, "aspectos clave para su adecuada comercialización".
La validación en tomates y frutales de carozo está próxima, consolidando una plataforma tecnológica que busca hacer frente a un escenario agrícola con cada vez menos agua disponible.