En un escenario marcado por la crisis climática, mayores exigencias regulatorias y nuevas condiciones del mercado financiero, la sostenibilidad dejó de ser un elemento accesorio para las empresas y pasó a convertirse en un factor determinante para su competitividad y acceso a financiamiento.
Actualmente, bancos e inversionistas están incorporando criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en sus evaluaciones, lo que ha modificado la forma en que se mide el riesgo empresarial.
En este contexto, aquellas compañías que logran anticiparse y gestionar adecuadamente sus impactos ambientales pueden acceder a mejores condiciones crediticias, mientras que las rezagadas enfrentan mayores costos e incluso restricciones.
“Hoy los impactos ambientales tienen consecuencias económicas evidentes. La sostenibilidad permite identificar riesgos, resiliencia y capacidad de adaptación”, explica Daniela Corvalán, socia y gerente de Medioambiente de Proyecta Impacto.
Este cambio de paradigma ha trasladado la sostenibilidad desde áreas específicas hacia el corazón de la estrategia empresarial. Ya no se trata únicamente de cumplir con normativas o desarrollar acciones puntuales, sino de incorporar estos criterios en la toma de decisiones clave relacionadas con operación, crecimiento y financiamiento.
Sin embargo, el avance en esta materia no es uniforme. Existen diferencias significativas entre empresas que han integrado la sostenibilidad en su modelo de negocio y otras que aún la abordan de forma parcial.
La sostenibilidad debe dejar de ser un solo discurso
“Hoy existe una realidad bastante heterogénea. Hay empresas que han avanzado en integrar la sostenibilidad en su estrategia, pero muchas aún la asocian principalmente al cumplimiento normativo o a iniciativas aisladas”, explica Corvalán.
Una de las principales brechas detectadas está en la distancia entre lo que las empresas comunican y lo que efectivamente implementan. Durante años, la sostenibilidad estuvo vinculada principalmente a reportes o compromisos, pero el escenario actual exige resultados verificables.
“Durante años la sostenibilidad estuvo más ligada a reportes o compromisos, pero hoy se exige evidencia concreta sobre cómo se gestionan los impactos y riesgos”, señala Corvalán.
Esta falta de coherencia puede traducirse en riesgos reputacionales, dificultades para cumplir nuevas regulaciones y obstáculos en el acceso a financiamiento, en un entorno donde la transparencia y la gestión efectiva de impactos son cada vez más relevantes.
“El desafío hoy es entender que la sostenibilidad es una herramienta de competitividad y de creación de valor en el largo plazo”, concluye la gerente de Medioambiente de Proyecta Impacto.