martes 22 de septiembre de 2026
Fuera del planeta

Casi 47.000 objetos rodean la Tierra: la basura espacial pone en riesgo el GPS y la conexión a internet

La Agencia Espacial Europea estima 1,5 millones de fragmentos capaces de dañar satélites clave. Ante el escenario y el exceso de basura, prepara la misión ClearSpace-1 y su enfoque Zero Debris hacia 2030.

22 de septiembre de 2026 - 19:00

De acuerdo con las estadísticas del organismo, las redes de vigilancia espacial siguen de manera regular a unos 46.930 objetos en órbita. De ellos, solo cerca de 15.900 corresponden a satélites que todavía funcionan. En paralelo, la masa total de los objetos que rodean la Tierra supera las 17.000 toneladas, una cifra que incluye tanto satélites activos como desechos.

¿Cuánta basura espacial hay alrededor de la Tierra?

Sin embargo, los objetos rastreados son solo una parte del problema. El modelo estadístico MASTER-8, que la ESA utiliza para estimar lo que los radares y telescopios no alcanzan a detectar, calcula que hay unos 68.450 objetos de más de 10 centímetros, incluidos cerca de 11.300 satélites activos.

A esa cifra se suman alrededor de 1,5 millones de fragmentos de entre uno y 10 centímetros, además de unos 230 millones de partículas de entre un milímetro y un centímetro. La agencia también contabiliza más de 660 rupturas, explosiones, colisiones u otros eventos que han fragmentado objetos desde el inicio de la era espacial.

Un problema para internet y el GPS

El riesgo se explica por la velocidad. En la órbita baja, los fragmentos se desplazan a cerca de 10 kilómetros por segundo, por lo que incluso una pieza de un centímetro puede inutilizar un satélite o dañar instrumentos científicos y sistemas de comunicación.

Por esta razón, los operadores y la Estación Espacial Internacional deben realizar maniobras periódicas para esquivar restos. Cada una de ellas implica gastar combustible e interrumpir parte de la operación, lo que afecta servicios de telecomunicaciones, navegación y observación de la Tierra.

A ello se suma el llamado síndrome de Kessler, o efecto cascada. Según la ESA, el mayor peligro a largo plazo no es solo el lanzamiento de más objetos, sino un ciclo en que cada choque genera fragmentos que provocan nuevas colisiones. Incluso si no se lanzara ningún satélite más, la cantidad de desechos seguiría aumentando, ya que las fragmentaciones producen restos más rápido de lo que estos caen de forma natural a la atmósfera.

Residuos espaciales afectan a la Tierra

Además del riesgo en órbita, el informe de 2026 incorporó por primera vez una medición del riesgo de víctimas en tierra por restos que sobreviven a la reentrada. Si bien la agencia precisa que esa probabilidad sigue siendo baja en comparación con otros riesgos cotidianos, reconoce que ha aumentado por el mayor tráfico. En promedio, más de tres satélites o cuerpos de cohetes intactos reingresan cada día a la atmósfera, mientras se lanzan unas 10 cargas útiles diarias.

Detrás de esta tendencia está el auge comercial. Durante 2025 se realizaron más de 300 lanzamientos, que pusieron en órbita más de 4.000 nuevas cargas útiles, impulsadas por grandes constelaciones como Starlink, de SpaceX. La situación es especialmente compleja entre los 600 y 1.100 kilómetros de altitud, donde se concentra buena parte de los restos heredados de antiguos programas espaciales.

En consecuencia, el Índice de Salud del Entorno Espacial de la ESA pasó de cerca de cuatro a 50 en un solo año, lo que, según el organismo, significa que el impacto de largo plazo de las actividades actuales empeoró diez veces.

Acciones para reducir la basura espacial

Frente a este escenario, la ESA se fijó como meta limitar de forma significativa la generación de desechos de todas sus futuras misiones hacia 2030, mediante su enfoque Zero Debris (Cero Residuos). En esa línea, en 2023 impulsó la Carta Zero Debris, suscrita por decenas de actores del sector espacial.

En el plano regulatorio, la Comisión Europea propuso en junio de 2025 la Ley Espacial de la Unión Europea, que busca mejorar el seguimiento de objetos en órbita y exigir la eliminación segura de los satélites al término de su vida útil.

No obstante, la agencia sostiene que la prevención ya no basta y que el retiro activo de desechos debe ser parte de la solución. Con ese objetivo desarrolla ClearSpace-1, misión liderada por la empresa suiza ClearSpace que buscará capturar el satélite PROBA-1, lanzado en 2001, para llevarlo a una reentrada destructiva en la atmósfera.

Paralelamente, la ESA trabaja en la misión CAT, que probará una interfaz estándar para facilitar el retiro de satélites, y estudia servicios en órbita para reabastecer, reparar y reciclar naves. Con ello, el organismo apuesta por avanzar hacia una economía circular en el espacio y mantener utilizables las órbitas para las próximas generaciones.

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