Esteroides provenientes de píldoras anticonceptivas, pesticidas organofosforados y aditivos de plásticos industriales se detectan en el océano costero chileno, incluso en localidades aisladas de la Patagonia con menos de 500 habitantes. Así lo advirtió el Dr. Silvio Pantoja Gutiérrez, subdirector del centro de investigación COPAS Coastal de la Universidad de Concepción e investigador de la línea de geoquímica orgánica marina, en conversación con El Desconcierto.
Uno de los hallazgos más preocupantes de su equipo involucra los llamados contaminantes emergentes de preocupación, un grupo de moléculas cuya presencia en el ambiente marino comenzó a hacerse visible con fuerza hace unos diez años, a medida que la química analítica avanzó hasta detectarlos en concentraciones muy bajas. Entre ellos, los esteroides de origen anticonceptivo ocupan un lugar destacado.
"Se ha encontrado que para algunos peces, en experimentos de laboratorio, muchos nacen configurados como hembras y no se genera el cambio hormonal que distingue machos de hembras", explicó Pantoja Gutiérrez. Si bien el fenómeno aún no se ha demostrado en el ambiente natural, la advertencia es clara: si las concentraciones siguen aumentando, el equilibrio reproductivo de ciertas especies podría alterarse.
Contaminantes en Caleta Tortel
La presencia de químicos en áreas alejadas no es casualidad. En un estudio publicado en los últimos años, el equipo de COPAS Coastal analizó muestras en Caleta Tortel, una comuna del sur de la región de Aysén con cerca de 500 habitantes permanentes, ubicada junto a la desembocadura del río Baker, el más caudaloso de Chile.
Los resultados mostraron que varios de los microplásticos y compuestos asociados no provenían de las poblaciones locales, sino del océano abierto, transportados por corrientes hacia el interior del fiordo. "Lo que encontramos fue que muchos de estos microplásticos, que detectamos cerca de la localidad, venían de afuera", señaló el investigador.
A eso se suma el transporte atmosférico, que distribuye compuestos industriales a escala global. Entre los más frecuentes que aparecen en las muestras se encuentran los poly alkyl glycols —presentes en lubricantes industriales y automotrices—, los ftalatos —ablandadores del PVC—, y los pesticidas organofosforados. En un conjunto de más de dos mil muestras tomadas en 21 localidades distintas, el equipo identificó 248 compuestos detectables en todos los sitios analizados.
El riesgo de los antibióticos en el mar
Otro vector de preocupación son los antibióticos, tanto de uso humano como animal, que llegan al ambiente marino y favorecen la aparición de bacterias con genes de resistencia antimicrobiana.
Ese riesgo no es menor: los microorganismos pueden transferirse esos genes entre sí mediante plásmidos, lo que podría traducirse, eventualmente, en que cepas resistentes lleguen a afectar la salud humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva al menos cinco años posicionando la resistencia a los antibióticos como una de sus prioridades globales.
Posible biorremediación oceánica
Frente a este escenario, las opciones de intervención directa en el océano son limitadas. La escala del ambiente marino y la imposibilidad de contener los organismos que se introduzcan hacen que la biorremediación oceánica sea, por ahora, técnicamente muy difícil. Sin embargo, la investigación avanza.
El propio laboratorio de Pantoja Gutiérrez documentó que comunidades microbianas naturales —bacterias, arqueas y hongos— desarrollan enzimas capaces de degradar ciertos contaminantes, porque sus estructuras moleculares se asemejan a compuestos naturales. "Los organismos tienen mecanismos para degradar estas moléculas, y la comunidad microbiana natural está haciendo parte del trabajo", indicó.
En el ámbito de la acuicultura, en tanto, se investiga la posibilidad de ubicar organismos degradadores entre las jaulas de cultivo y el fondo marino, para interceptar los residuos antes de que impacten el lecho. No obstante, la normativa vigente no autoriza la introducción de organismos externos al ambiente como técnica de remediación.
Ante esto, las medidas terrestres aparecen como la vía más efectiva. Iniciativas como el humedal depurador instalado por el municipio de Frutillar para reducir el ingreso de nutrientes al lago Llanquihue —y así evitar una etapa mesotrófica similar a la que afectó al lago Vichuquén— representan el tipo de intervención que Pantoja Gutiérrez valora. "Hay que tratar de hacer esto antes de que llegue al océano", resumió el investigador.
Créditos de imagen: Daniel Caro S.