Drogas en ríos del Biobío amenazan fauna acuática: Experto advierte que la única acción efectiva es prevenir el consumo
Mediciones de aguas residuales en la región del Biobío revelaron que el consumo de cocaína se incrementó más de 1.000% en los últimos dos años, mientras que la ketamina comenzó a aparecer de forma sostenida en las muestras.
El hallazgo, que forma parte de un estudio del Centro GEMA (Genómica, Ecología y Medio Ambiente) de la Universidad Mayor, enciende alertas sobre los efectos que estos compuestos pueden tener en la vida silvestre de los ríos de la zona.
Según explicó a El Desconcierto el académico Cristóbal Galbán-Malagón, cuando una persona consume una droga, parte de los metabolitos y del compuesto sin metabolizar llega a las aguas residuales a través de la orina o las heces.
El problema, manifestó, es que las plantas depuradoras no están diseñadas para degradar estas sustancias. "No hay una normativa para cada compuesto químico específico porque sería muy complejo y muy caro", indicó el investigador.
Riesgos para los peces
A partir de esos datos, Galbán-Malagón encabezó un análisis de riesgo computacional junto a investigadores de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y el equipo de BioBioSentineo, con apoyo del Laboratorio Corfo.
El estudio utilizó especies modelo para estimar el impacto en distintos niveles de la cadena trófica. Los resultados arrojaron que la Daphnia magna, un pequeño crustáceo usado como referencia en ecotoxicología, fue la especie más afectada: los modelos proyectaron "problemas de movilidad y de reproducción" ante las concentraciones detectadas.
Para los peces, que ocupan niveles tróficos más altos, el investigador describió un riesgo de daños en el comportamiento. Esto concuerda con lo documentado en 2021 por académicos de la República Checa, quienes comprobaron que la metanfetamina puede generar conductas similares a la adicción en truchas marrones silvestres, alterando su instinto de supervivencia y llevándolas a adentrarse en zonas con mayor concentración de depredadores.
"Lo que vimos es que cambia el comportamiento de las especies y, por ende, puede afectar a la viabilidad que estas pueden tener en el ecosistema", sostuvo Galbán-Malagón.
Reducir el consumo de drogas
Ante la dificultad de eliminar estos compuestos una vez que ingresan al sistema hídrico, el académico planteó que la única vía de acción efectiva es la prevención del consumo. En ese sentido, comparó el problema con el descenso en el uso del tabaco.
"Los jóvenes cada vez consumen menos cigarrillos y eso tiene que ver con la educación que se ha ido dando a nivel de edad escolar", observó, apuntando al rol del Senda y otras entidades vinculadas al monitoreo del consumo en población joven.
Galbán-Malagón recalcó además el valor del monitoreo de aguas residuales como complemento a las encuestas tradicionales del Senda. Mientras las encuestas entregan información a nivel individual y local, el análisis de efluentes permite obtener datos objetivos sobre el consumo sin depender de la declaración voluntaria de los encuestados. "Son complementarias, las dos sirven para diseñar políticas públicas", concluyó el investigador.