Entre el flamenco y la cultura japonesa, el último disco de Aura Bae, Hikaru no Hana: relatos de amor, muestra una búsqueda que se aleja de las fórmulas comerciales de la escena urbana chilena. En la primera edición del Festival Bamba, poco antes de subir al escenario, la artista habló con El Desconcierto sobre ese camino a contracorriente y sobre la responsabilidad política de quienes hacen música.
Su firma con el sello internacional Interscope la pone frente a un público más grande y a escenarios nuevos. Aun así, dice que no quiere perder la identidad que ha construido en su carrera.
En la conversación también habló de su interés por hacer canciones que duren en el tiempo y de sus ganas de colaborar con artistas españoles. Sobre el rol político de los músicos, defendió el derecho a expresar sus propias convicciones, aunque reconoció que hacerlo puede traerles consecuencias en sus carreras.
Aura Bae y el momento de su carrera
—Acabas de lanzar un proyecto con una estética inspirada en la cultura japonesa y firmaste hace poco con Interscope. ¿En qué momento de tu carrera sientes que estás y cuáles son los próximos pasos que te gustaría dar?
Me gustaría ganar más visibilidad, poder llegar a más gente y consolidarme internacionalmente. Tengo mucho público fuera, en México, Argentina, España y Colombia. Me hablan de todas partes, quieren verme y están activos conmigo en redes sociales. Estamos todo el tiempo respondiendo a las cositas, y me gustaría poder ir a verles, presentarme allá y hacer una gira internacional.
También quiero hacer colaboraciones y conectar con gente que esté haciendo cosas similares, sobre todo en España, donde entienden este lenguaje del flamenco, que para mí es tan importante y que quizás acá no es tan popular.
—Tu proyecto tiene un ADN cultural bien marcado, con el flamenco en su momento y ahora también con esta estética japonesa. ¿Qué tan difícil es levantar una propuesta de ese estilo en la escena chilena actual, y que esta sea respaldada?
Yo creo que es un trabajo de hormiga. Ser fiel a tu visión es insistir, insistir, insistir e insistir, y no bajarle. Gracias a esa insistencia y a la estrategia de buscar formas de comunicarlo de manera coherente y constante, hemos podido llegar a más gente que se identifica con lo que tengo para decir, con cómo me veo o con lo que tengo para mostrar.
Seguir insistiendo y no dejarlo, por más que quizás no sea lo más comercial. Creo que tener fe en mi visión ha sido uno de los puntos clave y quizás lo más difícil: confiar en la visión de uno, incluso aunque no funcione inmediatamente.
—En las últimas semanas también se ha hablado de un estancamiento de la escena urbana chilena. En las listas de las canciones más escuchadas, por ejemplo, la presencia de artistas nacionales ha disminuido respecto del año pasado. ¿Compartes esa percepción? ¿Crees que tiene que ver con una cierta homogeneización de la escena?
Yo creo que quizás pasa mucho en Chile que los cabros quieren pegarse. Hace un tiempo decían que los cabros chicos ya no quieren ser futbolistas, quieren ser cantantes. En esa búsqueda de pegarse, del hit y de la fama, yo también tendía a hacer lo que creía que iba a funcionar porque a otros les había funcionado. Pensaba que era más oreja, que se iba a pegar en la disco, que la gente la iba a escuchar de forma más masiva y popular. Era algo más comercial también.
Creo que ese es, entre comillas, el camino fácil. Pero el doble filo es que llega un punto en que los cabros sienten que están cantando cosas que no les hacen sentido o que tienen un techo. ¿Cuánto tiempo te puedes mantener haciendo solo reggaetón? En ese sentido, mi ADN como artista es mucho más emocional y desde ese lugar he podido conectar con un público genuino, que conecta con lo que tengo para decir.
—Cuando eliges elementos de una cultura para incorporarlos a tu proyecto musical, ¿en qué te fijas? ¿Qué hace que algo te identifique y quieras llevarlo a tu música?
Creo que son cosas muy primitivas. Con el flamenco, por ejemplo, estoy escuchando una letra de Camarón o un flamenco tradicional, una seguiriya, y digo: "Mira, este verso o esta línea melódica necesito que hagamos algo con esto". O estoy escuchando música árabe y digo: "¿Sabes qué? Este instrumento está perfecto para que hagamos algo".
Siento que todos los elementos que he ido recopilando musicalmente a lo largo de mi vida van encontrando su carácter creativo de manera visceral e intuitiva. Por suerte, he tenido la posibilidad de formarme en distintos estilos, desde la música docta hasta la cumbia y la música latinoamericana.
El rol político de los artistas
—Existe un debate sobre si los artistas deben pronunciarse políticamente, considerando que la cultura también es política. ¿Cuál es tu visión? ¿Cómo observas el escenario político y cultural actual, particularmente en relación con los recortes y la forma en que se está abordando la cultura?
Yo soy hija de una mujer muy de izquierda y fui adoptada por un varón que fue exiliado político. He crecido toda mi vida del lado correcto de la historia, creo. Sé lo difícil que es decir a viva voz tu opinión política en un gobierno que amenaza con la represión y con la censura. Creo que hay que tener valentía, cojones y ovarios bien puestos para poder decir cuál es tu postura política.
Siempre que encuentro la oportunidad y siento que hay que alzar la voz, lo hago. Lo he hecho y también he tenido consecuencias por ello. Sé que quizás no es fácil. En ese sentido, depende del contexto y de las formas, pero puedo entender que haya artistas que tengan miedo de expresar abiertamente su opinión política porque puede cerrarles puertas. En un gobierno como el que tenemos, te puede cerrar puertas.
Creo en los derechos humanos, en el derecho a vivir en paz, en la tolerancia y en el respeto hacia todo tipo de personas. Creo que ninguna persona es superior a otra, que todos somos seres humanos y tenemos derecho a disfrutar de este mundo, a cuidar nuestro medioambiente y a hacer todo lo posible por vivir en armonía. Todos tenemos derecho a una vida justa y tranquila.