Tenemos un desafío enorme en empleo e inversión. Nuestra región tiene uno de los peores índices de desempleo del país y eso nos preocupa sobremanera. Por lo mismo, nos gusta confirmar que la inversión en el festival genera empleo y un movimiento económico local muy beneficioso.
Esto que tú decías, que cada peso casi se triplica, se ve: esta semana las cocinerías están llenas y se mueven los hospedajes. Lo necesitamos. Es una de mis prioridades como alcaldesa.
Pero en el debate sobre el valor de la cultura, que no es solo nacional sino también internacional, ayer planteamos que eso no es lo único que importa. En buena hora que haya proyectos culturales que muevan la economía, pero cuando hablamos de cultura hablamos también de cómo se forja la identidad de una nación. De cómo las nuevas generaciones pueden imaginar, soñar y crear esperanza hacia el futuro.
Somos reconocidos en el mundo por dos premios Nobel de Literatura y por los Oscar que ha ganado nuestro cine. Eso a veces es un trabajo diplomático más valioso que cualquier otro, y hay que ponerlo en valor.
-Eso no se mide en el Excel de un ingeniero comercial en una oficina en Santiago... como dijo.
Absolutamente. Para ciertos sectores, la cultura siempre aparece como lo primero que se recorta, porque la evalúan solo desde lo económico. Pero pensemos en los problemas de salud mental que tiene nuestro país.
Hemos avanzado en entender que el deporte contribuye a enfrentarlos, e incluso a tener mejores comunidades y menos violencia. Lo mismo ocurre con el acceso a la naturaleza y a entornos limpios. Y el acceso a la cultura también contribuye a la salud mental. Eso no lo tienes en tu Excel en Santiago.
Lo decía ayer: esto no es para evaluar qué recortas y qué no. Es mucho más profundo. Lo digo como alcaldesa, pero también como ciudadana que cree en un país que vele por las nuevas generaciones, se haga cargo de esos problemas y se proyecte al mundo con identidad propia.
La cultura aporta a todo eso y no es medible. Por lo mismo, los recortes en un país donde ya se invierte poco en cultura nos parecen bien inaceptables.
--¿Qué se puede hacer desde su liderazgo frente a estos recortes? Ayer usted mencionó que también se le recortarían fondos para el funcionamiento del FICValdivia a la municipalidad desde el gobierno central, pero que aún así los mantendría. ¿Qué pueden hacer los liderazgos regionales en este caso?
Ante cada recorte, lo primero que hacemos en municipios y gobiernos regionales es buscar cómo cubrirlo, para que no retrocedan los derechos ni los avances sociales del país, sin importar el sector político. Son avances para todos los chilenos y chilenas. Pero hay un límite: los presupuestos municipales y regionales son acotados.
Por eso espero que el Parlamento tenga altura de miras, que supere los debates de trinchera y logre una vocación unitaria. Con esa mirada se puede frenar una apuesta errada del Gobierno: un presupuesto que recorta áreas sensibles, como cultura, entre otras.
A veces lo avanzado en décadas con un par de ciclos presupuestarios mal planificados se puede retroceder muchísimo, y se echa todo por la borda. Por eso llamamos a los parlamentarios a dar un debate pensando en el futuro del país.
Un territorio de agua y de selva
-Corea del Sur y otras economías asiáticas hicieron de la cultura parte central de su desarrollo. Valdivia ya explora otros modelos, con la certificación de Ciudad Humedal y la postulación a la UNESCO. En un territorio donde las salmoneras pesan en la economía, ¿cómo ha trabajado su alcaldía esos modelos?
Lo que decías es cierto: las grandes civilizaciones que despegaron económicamente tuvieron un acervo cultural distintivo. Por eso insisto en que hay que financiar no menos, sino más, el desarrollo cultural del país.
En Valdivia lo vivimos. Hicimos distintos estudios y ahora trabajamos en la marca Valdivia, para posicionarnos en el turismo internacional. Cuando preguntamos qué evoca la ciudad, dentro y fuera de ella, la gente identifica colores e identidades. Está nuestro acervo natural, pero también la industria cervecera, el remo, el básquetbol, el terremoto más grande del mundo y la resiliencia. Ese relato nos da tierra fértil para apostar por un modelo de desarrollo estratégico.
El liderazgo económico no es un mandato legal de los municipios ni está entre nuestras atribuciones. Pero como alcaldesa he decidido que es relevante: donde voy, los vecinos me dicen que su primera necesidad es empleo e inversión. Si es la primera necesidad, es mi primera tarea.
Articulamos el mundo público y privado en cuatro estrategias de desarrollo, que parten de una base: somos un territorio de agua y de selva. Ahí están el turismo de intereses especiales; los alimentos con valor agregado y los bebestibles alcohólicos y no alcohólicos; la industria del río, con la naval como parte de nuestra esencia, y las industrias creativas. Por eso potenciamos la construcción naval, que es política de Estado. Todo eso se articula en una identidad local.
Estoy convencida que las dicotomía entre desarrollo económico o protección del medio ambiente, no solo están obsoletas en términos científicos, sino que la propia realidad le golpeó al gobierno en la cara.
Lo vemos en Santiago y en cómo acá, gracias a nuestros humedales, resistimos el día más lluvioso de la historia registrada en Valdivia.
Si no bastaban los antecedentes científicos sobre el cambio climático y la necesidad de un desarrollo sostenible, la realidad los confirmó. Espero que quienes ninguneaban la protección ambiental, como un tema de segundo o tercer orden, entiendan hoy que es de primer orden económico. El daño que dejan las inundaciones es tremendo. Aunque no les preocupe el valor ambiental, por último ahí el Excel funcionaría para que entiendan que es importante.
-El Gobierno también quiere recortar en adaptación climática, justo cuando ocurrieron el aluvión en Las Condes y las lluvias en Santiago. Volviendo a la UNESCO, ¿cómo ha sido el trabajo de la postulación?
La UNESCO reconoce ciudades creativas en distintas categorías, y estamos postulando con mucho orgullo a Valdivia como Ciudad Creativa del Cine. Es un proceso bonito, pero muy intensivo en relaciones y en planes de trabajo locales para desarrollar esta industria. Llevamos todo el año en eso y esperamos que la UNESCO abra las bases a fines de año.
Creo que nos va a ir bien; ojalá así sea. Resuelve un comité internacional, pero es un paso hacia un sitial que ya tenemos: no postularíamos si no fuéramos ya ciudad del cine. El reconocimiento nos permite seguir moviéndonos en los circuitos internacionales.
Nos propusimos posicionar a Valdivia ante Chile y el mundo para mover la economía local y mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos y vecinas. Este paso es parte de ese plan.
-Para cerrar, ¿qué película le recomendaría a la audiencia de El Desconcierto?
Es tan difícil elegir una favorita. Voy a recomendar dos. La primera la vi en una de mis primeras idas al festival, cuando era secundaria. De hecho, creo que por edad no debería haber entrado: Amores perros (2000). En el Cine Club me impactó, me encantó y la recomiendo enormemente.
La otra, internacional, es Las horas (2002), una película muy bonita sobre tres mujeres.