La respuesta depende principalmente de lo que ocurra con el precio internacional del petróleo, ya que Chile importa casi todo el combustible que consume, por lo que lo que pasa afuera termina llegando a las bencineras.
La principal referencia es el Brent, el valor del barril que se usa como parámetro en el mercado global. Su precio se fija a través de contratos futuros, es decir, acuerdos para comprar petróleo a un valor fijado hoy, pero que se entregará más adelante.
El viernes 30 de octubre, el contrato con entrega en enero —que pasa a ser la referencia del mercado— cerró en US$113,10, no muy lejos de los US$126 que alcanzó en el período más crítico de la guerra en Medio Oriente.
En Chile, el impacto del petróleo ya se ha sentido con fuerza este año. El 26 de marzo, tras la modificación del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), la bencina de 93 octanos subió $372 por litro y el diésel $580, el mayor aumento en décadas.
A mitad de año hubo un breve respiro, con dos bajas consecutivas en junio y julio, pero desde fines de julio los precios acumulan cinco alzas seguidas: suman cerca de $183,4 por litro en la bencina de 93 y 97 octanos y $401 para el diésel.
¿Que tan cerca está el Brent del peor momento de la guerra?
Según un análisis de la plataforma de inversiones XTB, que el Brent vuelva a los US$120 ya no es un escenario extremo, sino un nivel que el mercado conoce. De hecho, de acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el precio spot del Brent (Dated Brent) —es decir, el del petróleo para entrega inmediata— alcanzó cerca de US$131 por barril el 15 de septiembre.
Y en el momento de mayor tensión, mientras los contratos futuros rondaban los US$107, el crudo de referencia del Mar del Norte —la zona entre Reino Unido y Noruega de donde proviene el Brent— se transaba cerca de US$134. La diferencia refleja cuánto estaban dispuestos a pagar quienes necesitaban petróleo de inmediato.
A ello se suma una buena noticia: el suministro se ha ido recuperando. El Estrecho de Ormuz, ruta por donde pasa buena parte del petróleo del mundo, llegó a operar a menos de un cuarto de su capacidad durante el segundo trimestre. Hoy ya mueve cerca de la mitad de lo que transportaba antes de la guerra.
Antes del conflicto, por allí circulaban unos 21,6 millones de barriles diarios. En el segundo trimestre de 2026, el flujo cayó a apenas 4,9 millones; en septiembre se recuperó a 10,9 millones, y en octubre rondaría los 11,7 millones, según datos de Kpler. Es una mejora evidente, pero todavía muy por debajo de los niveles previos a la guerra.
En contraste, las reservas de petróleo en el mundo siguen muy bajas ya que, durante la crisis, los países usaron parte de sus reservas para enfrentar la escasez, y aún no se han repuesto.
A fines de septiembre, las reservas globales se ubicaban unos 509 millones de barriles por debajo de su nivel previo a la guerra. La Agencia Internacional de Energía ya liberó alrededor de 330 millones de barriles de reservas de emergencia y tiene otros 100 millones comprometidos.
Eso significa que si ocurre un nuevo ataque o problema en la zona, hay menos margen para amortiguarlo y los precios podrían volver a dispararse.
¿Qué haría falta para que el Brent vuelva a superar los US$120?
El análisis de XTB distingue entre tocar ese nivel y mantenerse sobre él. Para lo primero, bastaría con un nuevo ataque a infraestructura energética, una caída en los envíos por Ormuz o la pérdida de producción en algún gran exportador de la región.
Mantener el Brent sobre US$120 durante semanas, en cambio, exigiría que el suministro de petróleo dejara de recuperarse o volviera a caer.
Sin embargo, ese no es el escenario que proyecta la EIA: si la oferta sigue normalizándose, la agencia estima que el precio bajaría gradualmente, a unos US$105 en lo que resta de 2026, a US$87 a mediados de 2027 y a US$74 hacia fines del próximo año.
¿Qué significa para Chile?
El precio en las bencineras no sigue al Brent de forma automática. Por un lado, como el combustible se compra en dólares, un dólar más caro también encarece las bencinas —el pasado 27 de octubre registró su valor más alto (994,29) en lo que va de 2026—. Por otro, el Mepco funciona como un amortiguador: reparte las subidas y bajadas en el tiempo para que no lleguen de golpe a los consumidores.
Este año, el gobierno lo suspendió en marzo —lo que provocó el fuerte salto de precios— y lo volvió a aplicar desde julio. Por eso, cuánto use este mecanismo el Ministerio de Hacienda definirá qué parte de los vaivenes internacionales llega a las bencineras y a qué ritmo.
El diésel, además, ha subido bastante más que las gasolinas debido a los ataques en las refinerías del mundo a raíz de conflictos internacionales. Se trata de un combustible clave para el transporte de carga, y el alza ya ha provocado las primeras movilizaciones de camioneros.
En definitiva, si se cumple el escenario base de la EIA, el alivio para los conductores llegaría de forma gradual durante 2027 y no en las próximas semanas. Pero con las reservas mundiales todavía bajas, cualquier nuevo episodio de tensión en Medio Oriente podría volver a presionar los precios. El próximo ajuste de los combustibles debería regir desde el jueves 12 de noviembre.