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Pluralismo y memoria en la universidad pública: Una reflexión necesaria
Foto: Agencia Uno

Pluralismo y memoria en la universidad pública: Una reflexión necesaria

Por: Constanza Heredia | 21.01.2026
Las universidades estatales no pueden renunciar a su autonomía crítica ni a su compromiso con la memoria, el disenso y los derechos humanos. Desde nuestro rol sindical, seguiremos defendiendo una Universidad de Chile viva, democrática y comprometida con la sociedad, donde las decisiones se construyan con su comunidad y no a espaldas de ella.

La Universidad de Chile, en tanto universidad pública, no es ni ha sido nunca un espacio neutral en el sentido de una prescindencia política absoluta. Su historia está profundamente entrelazada con los debates sociales, culturales y políticos que han marcado al país y a América Latina.

Desde su fundación, la Universidad ha asumido un rol activo en la producción de pensamiento crítico, en la defensa de la democracia, los derechos humanos y en la solidaridad entre los pueblos, entendiendo que su quehacer público implica también una responsabilidad ética frente a la historia.

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Desde ese lugar, sentimos la responsabilidad de compartir una preocupación que no es menor y que interpela a toda la comunidad universitaria: ¿qué entendemos hoy por pluralismo y democracia en una universidad pública como la Universidad de Chile?, y cómo esos principios se viven realmente en la práctica cotidiana?

Nuestra inquietud surge a propósito del comunicado emitido por Rectoría respecto de una actividad realizada en la Sala Isidora Zegers de la Facultad de Artes, calificada como un supuesto “acto partidista”. Se trató de una conmemoración político-cultural e histórica organizada por el Movimiento de Solidaridad con Cuba, una instancia amplia, no partidaria y con una trayectoria conocida dentro de nuestra universidad.

Actividades de este tipo han formado parte históricamente de la vida universitaria, precisamente porque la Universidad de Chile ha entendido que su misión no se reduce a la neutralidad, sino que incluye el compromiso con el debate crítico, la memoria y la solidaridad internacional.

Nos preocupa que se instale una noción de pluralismo entendida como prescindencia política absoluta, que termina confundiendo la autonomía universitaria con la neutralización del pensamiento crítico. Un pluralismo así concebido no amplía el debate: lo restringe. Más aún, abre un flanco delicado cuando determinadas expresiones políticas, culturales o memoriales comienzan a ser puestas bajo sospecha o evaluadas de manera selectiva.

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Esta preocupación no es abstracta. La Universidad de Chile ha construido, con esfuerzo colectivo, una política de memoria que se expresa en actos, homenajes y conmemoraciones y múltiples iniciativas que buscan reparar, recordar y transmitir una historia marcada por la violencia de Estado. Estos actos han sido y son afirmaciones éticas profundas que constituyen un pilar de la democracia universitaria. Cabe entonces preguntarse, con legítima inquietud, si bajo una lectura restrictiva del pluralismo estas expresiones de memoria podrían también verse cuestionadas.

La propia historia reciente de la Universidad de Chile demuestra que estas discusiones no son ajenas a la institución. Hace unos años, la comunidad universitaria expresó de manera clara y transversal su rechazo a la realización de un homenaje a un rector designado durante la dictadura civil-militar. En ese contexto, Rectoría supo escuchar a la comunidad y rectificar. Ese episodio es una muestra de que la memoria no debilita a la universidad; por el contrario, cuando es asumida colectivamente, la fortalece y le otorga coherencia ética.

Resulta, que este debate se da en un país que será gobernado por la ultraderecha y con una Universidad de Chile que mantiene una relación histórica con la Presidencia de la República en su calidad de patronazgo. En ese contexto, resulta legítimo preguntarse si ciertas señales de “neutralidad” no terminan operando como mecanismos de autocensura o alineamiento preventivo. La historia de la Universidad de Chile demuestra que su fortaleza no ha estado en acomodarse al poder, sino en sostener una autonomía crítica incluso cuando ello ha resultado incómodo.

Las universidades estatales no pueden renunciar a su autonomía crítica ni a su compromiso con la memoria, el disenso y los derechos humanos. Desde nuestro rol sindical, seguiremos defendiendo una Universidad de Chile viva, democrática y comprometida con la sociedad, donde las decisiones se construyan con su comunidad y no a espaldas de ella.

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