La energía solar autónoma gana terreno como infraestructura esencial: Soluciones en minería, infraestructura y logística
El avance de la energía solar está comenzando a redefinir no solo la matriz eléctrica, sino también la forma en que operan sectores estratégicos de la economía. A fines de 2024, la capacidad solar fotovoltaica instalada alcanzó los 10,5 GW, cifra equivalente a cerca del 30% de la potencia eléctrica nacional, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Energía (CNE).
Y es que el crecimiento, que se mantuvo durante 2025, ocurre en un contexto marcado por mayores exigencias de suministro, cuellos de botella en transmisión y una presión regulatoria creciente en materia de emisiones.
Este escenario impulsa con rapidez la adopción de soluciones solares autónomas capaces de operar sin conexión a la red ni respaldo fósil, especialmente en minería, infraestructura, seguridad y logística; una tendencia que responde tanto a motivos ambientales como económicos y que surge en un contexto donde el costo del diésel, la complejidad operativa y los compromisos climáticos obligan a las empresas a replantear sus modelos energéticos.
Asegurar continuidad
“Lo que estamos observando es un cambio estructural en la forma de consumir energía. La solar dejó de ser solo generación a gran escala y pasó a convertirse en una herramienta operativa que asegura continuidad en zonas donde la red es insuficiente o directamente inexistente”, comenta Víctor Belmar, gerente general de BLP Chile, quien agrega que la combinación de paneles fotovoltaicos de alto rendimiento y baterías de litio “alcanzó un nivel de madurez y competitividad que hace cinco años no estaba sobre la mesa”.
Las proyecciones del sector apuntan a que esta transformación se profundizará en 2026, impulsada por el aumento sostenido de la demanda eléctrica, la mayor participación de energías variables y los objetivos de descarbonización comprometidos por el país. En ese contexto, soluciones móviles y modulares comienzan a ganar espacio como respuesta a un sistema que requiere mayor flexibilidad y resiliencia.
Optimizar las operaciones
Ante este prometedor panorama, desde BLP Chile han identificado un conjunto de desarrollos que marcarán esta etapa. Entre ellos se encuentran sistemas solares de iluminación autónoma para faenas y obras, plataformas de televigilancia con conectividad remota, tecnologías para gestión de tránsito y centrales eléctricas portátiles capaces de abastecer campamentos, operaciones críticas y zonas aisladas.
Estos avances buscan reemplazar equipos a combustión por alternativas limpias, silenciosas y con menores costos operacionales.
“Estas soluciones permiten eliminar emisiones locales, reducir riesgos asociados al transporte y manejo de combustibles, simplificando la operación en terreno. Hoy es posible operar de manera continua solo con energía solar y almacenamiento, algo que antes era impensado en términos de costos y confiabilidad”, expresa el ejecutivo.
Sello local
Otro elemento que comienza a adquirir protagonismo es la fabricación local de este tipo de tecnologías, lo que permite acortar plazos, adaptar soluciones a condiciones específicas y avanzar en criterios de economía circular.
Para el especialista, este factor es clave para el posicionamiento del país. “Chile no solo tiene el potencial de liderar en adopción de energía solar, también puede marcar tendencias en innovación aplicada y desarrollo tecnológico”.
Con una red eléctrica cada vez más exigida y un entorno regulatorio que empuja a reducir emisiones, la energía solar autónoma se perfila como una de las respuestas más concretas a los desafíos del sistema. “El 2026 va a marcar el punto en que estas innovaciones pasarán a ser parte de la infraestructura esencial”, concluye Belmar.