En Perú los políticos como Franco Parisi son la regla, lo normal. Esta fue la herencia que dejo el dictador Fujimori en los años noventa: los independientes, el declive del eje izquierda-derecha, el fin de los partidos, el show. Durante el siglo XXI, esta situación pareció que podía convivir con la flamante democracia, pero el 2016 inició la crisis política con la vacancia frecuente de los presidentes.
36 candidatos y ningún plan: Perú en su abismo electoral
Los “Parisis” y los ultraderechistas tomaron el congreso y acordaron gobernar sin límites. Los resultados fueron 7 presidentes en casi 10 años, la depredación abierta del Estado y el auge del crimen. Ahora, Perú se enrumba a las elecciones generales el 12 de Abril del 2026 con 36 planchas presidenciales y escasas ideas para salir de la crisis.
Sin este filtro, y la aprobación de la reelección y del senado (también el 2023), los congresistas apuntaron a continuar en el poder bajo cualquier vehículo electoral. A pesar de que el 90% del Perú desaprueba al congreso, y de que en el 2018 hubo un referéndum donde la ciudadanía voto mayoritariamente contra la reelección parlamentaria, este continuó adelante. Hoy 88 congresistas (de 130) están postulando en las elecciones del 2026.
La competencia electoral muestra la agudización de la tendencia iniciada por Fujimori. Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y empresario ultraderechista, “lidera” la elección presidencial con el 10%. Le sigue Keiko Fujimori, continuadora de la herencia política de su padre, con 7% en su cuarta postulación consecutiva. En tercer lugar, está Mario Vizcarra con 5%, hermano del expresidente vacado Martín Vizcarra (2018-2020) que recientemente fue condenado judicialmente por corrupción.
Más abajo están el humorista televisivo Carlos Álvarez con 4%, el empresario de la educación universitaria Cesar Acuña con 3% y el ex rector de la Universidad Nacional de Ingeniería, Alfonso López-Chau, con 3%. No obstante, la noticia más relevante es que el 48% no tiene candidato .
Además, dado que aún los candidatos pueden ser tachados y excluidos hasta el 13 de Marzo -un mes antes de la primera vuelta-, la incertidumbre se radicaliza en el país del fin de los partidos y las ideologías. Perú asistirá a sus elecciones con un congreso que controla casi todos los poderes del Estado y un desborde del crimen que parece no tener fin.
Por un lado, desde Diciembre del 2022 con la vacancia del entonces presidente Pedro Castillo (2021-2022), el congreso fue convirtiendo a Perú en un parlamentarismo. El presidente ahora es un títere o sirviente de la mayoría congresal y próximamente del Senado. Asimismo, el congreso extendió sus redes a los organismos constitucionales autónomos (como el Tribunal Constitucional o la Fiscalía de la Nación), dejando serias dudas políticas sobre qué ocurrirá en las elecciones si es que algún candidato con voluntad de cambio logra despegar electoralmente.
Por otro lado, las cifras del crimen están disparadas. Así como en Chile, hubo un avance de la organización criminal transnacional, pero en Perú esto vino acompañado de un Estado que deliberada y públicamente declinó del control de su territorio. El año 2025 registró 2226 homicidios -un número que aún puede actualizarse y aumentar-, cuando el 2017 fue de aproximadamente 700.
Además, según una encuesta de Enero del 2025, un 20% del Perú ha sido, o conoce a alguien en su hogar, víctima de extorsión . Las protestas de empresarios, choferes y cobradores del transporte público contra la extorsión y los asesinatos de sus compañeros han sido comunes. Pero también es normal que el congreso legisle a favor del crimen -favoreciendo los intereses de varios congresistas o sus aliados- y que el presidente juegue a ser Bukele. Así, el autoritarismo y el crimen organizado serán grandes temas de estas elecciones.
Las elecciones generales por ahora no parecen ser una vía para solucionar la crisis y encima podrían agravarla por la manipulación del aparato electoral desde las redes del poder. Para colmo de males, aquellos que se declaran de oposición al congreso van en 8-10 listas distintas. Así las cosas, estamos ante la decadencia acelerada del modelo peruano de neoliberalismo y democracia, pero sin un proyecto alternativo al respecto.
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