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Sobre “Un mundo a construir. Nuevos caminos” de Marta Harnecker
Luego fui aprendiendo de su método. La compañera es una sintetizadora, una aspiradora de experiencias transformadoras. Las múltiples preguntas tienen como objeto sintetizar y luego presentar a otros revolucionarios en diversos lugares lo que por la distancia, tiempo o nula información no se puede conocer. Gracias al correo electrónico pude conocer este aspecto increíble y que nutre nuestras propias experiencias. La compañera Marta Harnecker grabó nuestras exposiciones y las redactó para sus trabajos, comunicándonos los detalles vía mail. Gracias a esta herramienta me comencé a enterar de los viajes y reflexiones que la compañera genera en cada uno de ellos. Fue gracias a esto que me entere de la rica experiencia de Kerala en la India y sus espacios de democracia participativa, por ejemplo. Así también lo que pasaba en El Salvador en las últimas elecciones.
Relato estas experiencias personales para retratar y bajar a tierra lo que uno lee en ciertos momentos, pero que no logra dimensionar. Hoy veo con distancia las críticas hacia el “Althuserianismo” de Marta Harnecker. Si no se entiende el aspecto de la pedagogía popular en la compañera, creo que se caerá fácilmente en lo que acusa Nestor Kohan en algunos de sus libros, calificando los manuales de Marta como una “codificación de Althusser para Latinoamérica”. Creo, y aunque la compañera puede refutar ahora mismo mis palabras, que el principal esfuerzo de todos estos años no está en una codificación particular de cierto tipo de marxismo, sino en buscar sintetizar y hacer accequibles los fundamentos de la teoría y las experiencias revolucionarias para los luchadores sociales.
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El libro que presentamos hoy “Un mundo a construir. Nuevos caminos” se me presenta como la síntesis que realiza la autora sobre las más avanzadas experiencias de transito posneliberal en el continente. Ecuador, Bolivia y Venezuela, sin ser las únicas, son las referencias que cargan los poros de estas páginas. Hace unos años Emir Sader escribía que la izquierda tenía una “orfandad estratégica”, o sea que pese a sus ricas experiencias revolucionarias no existían síntesis estratégicas como “guía para la acción” en los tránsitos pos neoliberales actuales. Una primera reflexión sobre el libro es que justamente creo que viene a ayudar a generar síntesis de los grandes avances y problemas que viven estas experiencias transformadoras, al menos alumbrando los aspectos prácticos de estos desafíos. Digo aspectos prácticos puesto que creo que aun existe un gran déficit en el plano de la reflexión sobre una de las aristas que a mi juicio es fundamental, esta tienen que ver con el problema del Estado y el poder. ¿Por qué fundamental? Puesto que creo que no se aclaran o al menos despejan dudas que dejaran los clásicos sobre el tema del poder del Estado y la transición en condiciones en que no existan procesos insurreccionales. En condiciones donde no existe un desmoronamiento del Estado y una disgregación del aparato burocrático y militar, las condiciones que posibilitarían el transito al socialismo según los clásicos, o sea la destrucción del aparato estatal de la burguesía y su reemplazo por la dictadura del proletariado, las posibilidades teóricas de avanzar en pos del socialismo no serian sino esfuerzos destinados al fracaso o esfuerzos de marca reformista. Estas visiones, a mi juicio abaladas por las síntesis teóricas de los clásicos (Marx, Engels, Lenin, Trotsky) y su traslado mecánico hasta nuestros tiempos, hacen que siempre exista una mirada inquisidora y desconfiada desde algunos sectores de la izquierda hacia estos “nuevos caminos” como los llama la compañera Marta Harnecker. En el capítulo sobre la transición y sus formas la autora hace un aporte en esta dirección realizando una clasificación en base a las experiencias prácticas observadas en la historia. Despejar estas dudas y observaciones, creo que es clave a la hora de enfrentar el desafío de la disputa electoral e institucional, sobre todo en nuestras condiciones.
Ubicados en el reflujo actual del movimiento estudiantil en Chile, con la iniciativa en materia programática concentrada en el gobierno, con la disputa política concentrada en el interior del conglomerado Nueva Mayoría, puede observarse con ironía que estemos reflexionando nosotros sobre los nuevos caminos. Nosotros que pese a pesar de haber sido parte activa del escenario político del 2011 hemos quedado relegados por nuestras debilidades y también por la capacidad mayor del bloque dominante para administrar las grietas que abrió la movilización social. Sobre esto una reflexión. Hace unos años en medio de la gran crisis europeo me toco estar en España. Existían enormes movilizaciones sociales que se les denominaban mareas. Mareas de la salud, de la educación, etc. En medio de ese enorme despertar social no existía ninguna alternativa política que permitiese canalizar ese descontento hacia una alternativa política para España. En medio de ese escenario yo atacaba a preguntas a quienes me recibieron por allá, sin entender la dificultad de lograr levantar una alternativa creíble por las mayorías. Era frustrante como lo es hoy para alguien de izquierda en Chile tratar de ubicarse en el escenario. Antes de venirme Miguel Urban y otros compañeros de Izquierda Anticapitalista me comentaban sobre la idea de armar un referente amplio y democrático, que integrase a todos quienes estaban excluidos y hartos por el bipartidismo (o duopolio como le llamamos acá) Al cabo de unos meses comenzaba a surgir la iniciativa PODEMOS que hoy estremece a las elites españolas y que se ubica arriba en las encuestas sobre el PSOE y el PP. Pienso en estas experiencias y leyendo el libro de Marta me urge que construyamos una alternativa seria para gobernar Chile. Lo que veo que surge en España hoy, veo que tiene mucha sintonía con lo que está expuesto en la Parte III de este libro. La construcción de un nuevo referente que contenga en si una nueva hegemonía, que tenga una lógica participativa y democrática, sin sectarismos pequeños, con unidad programática, etc. Todos estos elementos son posibles y necesarios en nuestro país. En esto creo que es clave, absolutamente necesaria que la iniciativa sea tomada por quienes están en la lucha, sobre todo hoy por la generación surgida de las luchas del 2006 y el 2011. Hay que tender puentes que permitan superar la fragmentación, construir un relato rebelde, alegre y unitario que permita abrir nuevos caminos en Chile. Hace un año en estas fechas estábamos en plena disputa electoral acá en Valparaíso y pese a que las cifras fueron alentadoras para toda la izquierda, nos sigue penando la división. Es necesario pensar en las experiencias de este libro y apostar a que en las próximas contiendas generemos un relato unitario y que GANEMOS, que avancemos. Por lo pronto y en el plano inmediato creo que la experiencia generada en la FECH con la lista unitaria SOMOS FUERZA va en esta dirección. La unidad de vertientes disimiles de la lucha social, con diversos estilos, historias y relatos como los libertarios, autonomistas y la UNE es algo que debe alegrarnos a todos. Un pequeño paso que esperemos que de nuevas fuerzas para la lucha estudiantil el 2015, en el año decisivo de la reforma en educación superior para la CONFECH y que contagie de energías a lógicas unitarias en la nueva izquierda que surge en Chile.
Para todos estos desafíos el libro que comentamos es un gran insumo que permite orientar nuestros pasos en medio de la orfandad estratégica de la que aun somos presa.