Este miércoles, Milei cerró su séptima visita a España, según EFE, sin lograr una audiencia con el rey Felipe VI y sin reuniones presenciales con dirigentes de peso del PP ni de Vox. Solo fue recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en un encuentro a puertas cerradas que se confirmó apenas seis horas antes. Con Santiago Abascal, el contacto se limitó a una videollamada: el líder de Vox, en plena gira electoral, aseguró que le habría gustado verlo en persona.
“No comparto el lenguaje ni las formas”, dijo Alberto Núñez Feijóo, candidato del Partido Popular, sobre el estilo del presidente argentino. Quizás ya no sea tan fácil normalizarlo.
La oposición argentina se dio un festín en redes sociales con el desaire que sufrió Milei en su viaje.
Encuestas e imagen
Desde hace algunos días, en el entorno de Milei preocupa un dato: su aprobación es hoy exactamente la misma que tenía Mauricio Macri en este punto de su mandato. Según la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, ambos registran 36% de aprobación y 60% de desaprobación de la gestión. Macri, recordemos, no logró la reelección en 2019.
Cerca del presidente lo tranquilizan con los matices que el propio informe señala: en aquel momento Macri venía de una caída muy fuerte en el último año, mientras que Milei aún muestra cierta estabilidad.
La oposición, en tanto, sigue dispersa. Si las presidenciales fueran hoy, según la misma encuesta, un 26% votaría por La Libertad Avanza y un 24% por el peronismo, mientras que otro 26% no sabe o no responde.
Las mediciones de las últimas semanas describen más un estancamiento que una caída en picada. AtlasIntel registró una aprobación de 38,5% y una imagen positiva de 38%, tres puntos más que en la medición anterior. En conjunto, la aprobación se mueve en un rango de entre 31,5% y 39%. Nada desdeñable para un gobierno cuyos resultados económicos distan mucho de sus promesas.
La consultora Giacobbe y Asociados ubicó la imagen positiva del libertario en 36%, la más alta entre los dirigentes medidos, aunque con una diferencia estrecha respecto de Patricia Bullrich (aliada de Milei y senadora nacional) y de Axel Kicillof, gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires. Son resultados magros para todos, pero el desgaste respecto del comienzo de la gestión es evidente: en 2024, según la misma consultora, la aprobación de Milei rondaba el 58,7%.
La brecha demográfica también es marcada. Según AtlasIntel, la aprobación llega a 47,4% entre los hombres y cae a 30,1% entre las mujeres. Por regiones, es más baja en la Patagonia (32,6%) y en el Gran Buenos Aires (35,1%).
La economía en el centro
Esta semana el riesgo país bordeó los 700 puntos, su nivel más alto en lo que va de 2026 y desde fines de octubre de 2025, en los días posteriores a las legislativas. Los bonos en dólares cayeron cerca de 1% y acciones como Edenor e YPF retrocedieron más de 2% en Wall Street.
Este movimiento se vincula con las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda. La semana pasada, en otro cortocircuito notable dentro del Gobierno, el ministro de Economía, Luis Caputo, admitió que analiza usar el swap con China, mientras Milei aseguró con optimismo que tiene una “bazooka” de 125.000 millones de dólares para hacer frente a la deuda y neutralizar cualquier intento de corrida cambiaria.
En el frente laboral, el Instituto Argentina Grande (IAG), con datos oficiales del SIPA, contó 14 meses consecutivos de caída del empleo asalariado privado registrado, la racha más larga desde el inicio de la serie desestacionalizada, en 2009.
Se trata de 160.119 puestos perdidos desde junio de 2025 y de unos 303.500 desde el inicio del gobierno libertario.
La actividad económica encendió nuevas alertas luego de que en agosto se registrara una recuperación mucho más débil de lo esperado tras el fuerte retroceso de julio.
En la prensa local, este dato reabrió un interrogante central: ¿está el país cerca de entrar nuevamente en recesión?
El Congreso le marca los límites
Este miércoles, en una sesión especial de la Cámara de Diputados, el oficialismo sufrió un duro revés al tener que resignar dos de los tres temas incómodos que quería tratar bajo sus propias reglas. En la larga disputa por discapacidad, no le quedó otra que reabrir su proyecto e incluir gran parte de los cambios que impuso la oposición, con lo que el Ejecutivo terminó retirando el ajuste que contemplaba la norma. Ahora pasa al Senado.
La restitución de la Ley de Tierras, por otra parte, da cuenta de los límites del Gobierno para imponer su agenda sin sus aliados del PRO, la UCR y los bloques provinciales, los mismos actores de los que depende en su intento por suspender o eliminar las elecciones primarias (PASO), una estrategia con la que busca debilitar aún más a un peronismo que, por ahora, no encuentra rumbo.
Milei ha presentado las PASO como una práctica inmoral y un negocio del kirchnerismo, aunque la razón práctica es otra: sin PASO, el peronismo pierde la herramienta institucional para ordenar sus internas, justo cuando discute liderazgos y alianzas. El objetivo máximo es eliminarlas; si no alcanzan los votos, el oficialismo se conforma con suspenderlas para 2027.
La Casa Rosada acelera la negociación con los gobernadores. Cualquier cambio en las reglas electorales exige 37 votos en el Senado, una cifra que La Libertad Avanza no tiene por sí sola, y los senadores que responden a las provincias son la llave. El mecanismo, según reportó la revista Noticias, es un toma y daca: votos para suspender las PASO a cambio de que el oficialismo nacional no compita con candidatos propios en algunos distritos.
¿Alcanza para 2027?
La reelección de Milei depende hoy de tres variables que no controla del todo. La primera es la economía: más de un año de caída del empleo formal y un mercado que exige más garantías dejan poco margen para una recuperación visible antes de las urnas. La segunda es la oposición: la ventaja que mantiene en intención de voto se apoya en gran medida en la dispersión del peronismo. Y la tercera son las reglas: con o sin PASO, la forma en que se ordene el campo de candidatos puede pesar tanto como los puntos de aprobación.
El jueves por la noche, el peronismo retomó su camino repleto de tropezones hacia 2027. Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa, sus principales referentes, se reunieron con un grupo de gobernadores y legisladores justicialistas para precisar la coordinación parlamentaria y discutir el armado electoral. Las bases reclaman unidad hace tiempo, pero la fuerza está enredada en su propia lógica desde la condena y la detención domiciliaria de Cristina Kirchner, y tras los magros resultados del gobierno de Alberto Fernández.
El encuentro cara a cara, organizado en absoluto hermetismo, buscó dar continuidad al primero, realizado en agosto, y se centró en un propósito de compleja resolución: aquietar las aguas y la bronca acumuladas entre el kirchnerismo y el axelismo.
“Ratificamos la vocación de unidad del peronismo y del campo popular. Estamos convencidos de que hay que seguir convocando y ampliando con otros espacios para construir la alternativa política que necesita nuestro país y nuestro pueblo”, expresaron los participantes tras la reunión.
En exactamente un año sabremos cuál de las dos estrategias dio resultado.