El sábado 25 de abril de 2026, José Piñera —arquitecto del sistema de AFP y del Código Minero de 1981— tuiteó desde el lobby del Mandarin Oriental de Las Condes una foto con un hombre alto, de traje oscuro y gesto neutro. "Acabo de encontrarme con Peter Thiel en Santiago", escribió en inglés, y añadió que la conversación giró sobre el "milagro chileno" y las nuevas tendencias del mundo. Antes de despedirse, le entregó un sello de colección con una cita de Thomas Jefferson sobre la "hostilidad eterna contra toda forma de tiranía sobre la mente del hombre". La elección del regalo no pudo ser más precisa: Thiel lleva décadas argumentando que la democracia, tal como existe, es exactamente eso —una forma de sometimiento.
Anticristo, Tolkien y Palantir: la guerra de Peter Thiel contra la democracia y qué esconde su visita a Chile
El dueño de Palantir cree que libertad y democracia son incompatibles, que quien regula la IA es el Anticristo y que Tolkien es el mito fundacional de Occidente. Mientras, el papa León XIV le respondió con una encíclica. En medio de esa guerra cultural, Thiel visitó Santiago.
Peter Thiel es el cofundador de PayPal, el primer inversionista externo de Facebook, el creador de Palantir Technologies y el principal financista de la carrera política de JD Vance, hoy vicepresidente de Estados Unidos. Forbes estimó su fortuna en US$ 20,8 mil millones en mayo de 2025. Pero más que sus números, lo que define a Thiel es una tesis que lleva quince años repitiendo en privado y que el periodismo ha ido reconstruyendo a través de grabaciones filtradas, ensayos y testimonios: la libertad y la democracia son incompatibles, y es deber de los tecno oligarcas desmantelarla.
Citar su origen en la empresa de pagos no es casual. Lo que que hoy se conoce como la "PayPal Mafia" —el grupo de cofundadores y primeros empleados de esa startup que tras la venta a eBay por US$ 1.500 millones en 2002 se dispersaron por Silicon Valley para fundar o financiar las empresas que definirían la siguiente década— es en buena medida una creación de Thiel. De ese núcleo salieron Elon Musk, Reid Hoffman (LinkedIn), David Sacks, entre otros.
Aunque Thiel no se explica solo como emprendedor tecnológico. Para entender qué hacía en Santiago, hay que entender qué lee, qué cree y a quién escucha.
Pablo Stefanoni, historiador argentino y director de la revista Nueva Sociedad, lleva años cartografiando a la ultraderecha global en sus distintos sabores. En entrevista con El Desconcierto el 2025, describió a figuras como Thiel como empresarios que "tienen una aspiración a influir en el debate político e incluso tienen una visión filosófica de dónde debe ir el mundo" y que "usan sus carteras de inversión como argumentos filosóficos y ya no están asociados a la imagen de un yate en el Caribe, sino de bibliotecas y debates de ideas".
Nacido en Frankfurt en 1967 y criado entre Sudáfrica y California, llegó a Stanford con una formación clásica inusual para un futuro tecnólogo: se graduó en Filosofía en 1989 y luego en Derecho. Allí tomó el curso de René Girard, el filósofo francés creador de la teoría mimética —la idea de que el deseo humano es siempre imitativo, que los hombres no desean objetos sino lo que otros desean, y que esa lógica conduce inevitablemente al conflicto y al chivo expiatorio—. Thiel atribuye a Girard su método de inversión: buscar lo que nadie más mira, apostar contra el consenso y construir monopolios en vez de competir. De ahí también viene una de sus políticas de contratación más conocidas en Silicon Valley: la preferencia deliberada por personas dentro del espectro TEA, cuya forma de procesar el mundo —al margen del pensamiento neurotípico— los convierte, en su lógica, en los únicos capaces de ver lo que la mayoría no puede.
A esa influencia se suma la del jurista alemán Carl Schmitt, quien definió la política como la distinción entre amigo y enemigo y argumentó que el estado de excepción —la capacidad del soberano de suspender la ley— es el núcleo real del poder. El mundo no es un sistema de reglas, sino un campo de fuerzas donde alguien siempre decide.
El tercer pilar es el escatologismo cristiano. Thiel se define como "un cristiano ortodoxo de letra minúscula" y enmarca su acción en términos apocalípticos: hay fuerzas que quieren detener el progreso y hay fuerzas que quieren acelerarlo, y esa batalla es, en última instancia, la batalla entre el bien y el mal.
Entre septiembre de 2025 y marzo de 2026 impartió en San Francisco, París, Cambridge y Roma -aunque quiso hacerlas en el mismo Vaticano- una serie de cuatro conferencias privadas tituladas The Antichrist: A Four-Part Lecture Series, organizadas por la nonprofit cristiana ACTS 17 Collective. Las entradas costaban 200 dólares y no se permitían grabaciones. Pese al carácter off the record, The Washington Post y The Guardian obtuvieron grabaciones filtradas que cubren más de siete horas.
Y sus legionarios serían "personas como Eliezer Yudkowsky —cofundador del Machine Intelligence Research Institute y uno de los principales teóricos del riesgo existencial de la IA—, el filósofo sueco Nick Bostrom, autor de Superinteligencia, y la activista climática Greta Thunberg, que abogan por un gobierno mundial para detener la ciencia".
En su ideología, regular la inteligencia artificial o advertir sobre sus riesgos no es prudencia: es preparar el camino del Anticristo.
¿Qué es la Ilustración Oscura?
En 2009, Thiel publicó en Cato Unbound un ensayo titulado The Education of a Libertarian. Ese texto se convirtió en la piedra angular doctrinal de lo que el filósofo británico Nick Land llamaría en 2012 la Ilustración Oscura o Dark Enlightenment: un movimiento filosófico antidemocrático, anti-igualitario y anti-progresista que se articuló en blogs de Silicon Valley y que hoy ronda los círculos institucionales de Washington. Su frase fundacional: "ya no creo que libertad y democracia sean compatibles".
Su principal teórico político es Curtis Yarvin, alias Mencius Moldbug, ingeniero de software que sostiene que la democracia estadounidense es un experimento fallido que debe reemplazarse por un gobierno corporativo encabezado por un CEO-soberano. Para lograrlo, Yarvin acuñó un diagnóstico del poder occidental que descansa en dos conceptos. El primero es La Catedral: la alianza informal entre las universidades de la Ivy League —Harvard, Yale, Princeton— y los grandes medios establecidos —The New York Times, The Washington Post, The Atlantic—. La Catedral no conspira: simplemente produce y distribuye el consenso progresista, fija los límites del debate aceptable y descarta como extremismo cualquier idea que cuestione sus fundamentos.
El segundo es El Polígono: la burocracia permanente del Estado, los funcionarios que no son elegidos y que sobreviven a cualquier gobierno. El Polígono ejecuta lo que la Catedral legitima. Juntos hacen imposible, según Yarvin, cualquier reforma real desde adentro del sistema. Su programa tiene acrónimo: RAGE, por Retire All Government Employees, y que fue invocado retóricamente por los ideólogos del DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental que Elon Musk lideró durante 2025.
Para reemplazar ese sistema, Yarvin propone el neocameralismo: disolver los Estados-nación en una "manta de retazos" de microestados independientes, cada uno gobernado como una corporación con un CEO-soberano. El modelo son Singapur y Dubái: eficientes, autoritarios, sin partidos ni elecciones.
A pesar de su retórica inflamada esta ideas no se quedaron solo en oscuros blogs de internet. La periodista Ava Kofman documentó, en un perfil de Yarvin para The New Yorker, cómo estas ideas migraron hasta el corazón del gobierno Trump 2.0. Marc Andreessen, asesor informal del DOGE, lo cita como su "buen amigo". Andrew Kloster, asesor general de la oficina de Recursos Humanos de Trump 2.0, dijo que sustituir funcionarios por "defensores de la realeza" serviría para derrotar a La Catedral. JD Vance ha reconocido públicamente su admiración. Un personero de gobierno que Thiel apuntaló con $USD 30 millones para su campaña en las primarias republicanas de 2022.
En ese sentido, en declaraciones a elDiarioAR en mayo de 2026, Pablo Stefanoni aseguró que el ecosistema que rodea a Thiel opera como "un ecosistema descentralizado que puede combinar think tanks, milicias digitales, influencers, estructuras gubernamentales y tecno-oligarcas que odian la democracia", cuya "articulación con el poder estatal puede dar lugar a formas de control totalitario inéditas en la historia".
¿Qué hace Palantir y cuál es su relación con Tolkien?
La joya de la tecnocorona de Peter Thiel es Palantir. Y saber a que se dedica es complicado incluso para quienes han trabajado allí, según documentó Wired en español: sus contratos son clasificados, sus algoritmos son opacos y ni siquiera sus propios empleados son capaces de describir con precisión qué hace la compañía para cada uno de sus clientes.
En El Señor de los Anillos, los palantíri son siete piedras videntes forjadas en Valinor. Permiten ver lejos, pero muestran imágenes verdaderas y parciales. En 2023 Thiel —con capital semilla de In-Q-Tel, el fondo de capital riesgo de la CIA— una empresa de minería de datos para inteligencia y seguridad nacional y la bautizó con ese nombre.
Las oficinas de Palantir en todo el país llevan nombres de localizaciones tolkienianas: Gondor, Rivendel, La Comarca. La torre Salesforce de San Francisco se enciende con el Ojo de Sauron cada Halloween. Y el ecosistema de empresas vinculadas a Thiel y sus discípulos replica la onomástica completa de la Tierra Media: Mithril Capital —el metal precioso de Moria, donde Vance fue contratado en 2016—, Valar Ventures —los dioses creadores de Arda—, Anduril Industries —la espada reforjada de Aragorn—, Narya Capital —el anillo élfico del fuego portado por Gandalf, fundada por el propio Vance con US$ 93 millones aportados por Thiel—, y Erebor Bank —la Montaña Solitaria del Hobbit—, banco emergente para cripto e IA.
Hoy Palantir comercializa dos productos centrales: Gotham —para inteligencia, seguridad y defensa— y Foundry —para datos empresariales y de gobierno—. Sus clientes documentados incluyen la CIA, la NSA, el FBI, la ICE, el Pentágono, el Ejército de EE.UU., el NHS inglés, las IDF israelíes y Europol. En 2025 el U.S. Army adjudicó a Palantir un contrato marco por hasta US$ 10.000 millones a diez años. El producto estrella de ese año fue ImmigrationOS: un sistema de vigilancia migratoria en tiempo real que Amnistía Internacional advirtió que "arriesga crear un aparato de vigilancia sin precedentes que permite el monitoreo masivo y la toma de decisiones automatizada que afecta los derechos humanos".
Palantir registró su marca en Chile el 10 de abril de 2025, según reporteó El Mostrador, con un alcance declarado que incluye seguridad, aduanas y digitalización estatal. Es el mismo modelo que la empresa ya desplegó en Ecuador: el 29 de mayo de 2025, el gobierno de Daniel Noboa firmó con Palantir, vía Senae y la estatal CNT, un contrato para gestión de riesgo aduanero. No hay contratos públicos identificados con las Fuerzas Armadas o policiales chilenas, pero el rubro de Palantir cae bajo la Ley de Inteligencia: las relaciones contractuales pueden ser legalmente secretas.
Las razones detrás de la visita de Peter Thiel a Chile
La visita de Thiel a Santiago no fue turismo ideológico. Hay tres razones concretas que la explicarían.
Además de la foto con Piñera, Thiel se reunió en el Mandarin Oriental cerca de dos horas con el excandidato presidencial Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario. Kaiser reveló en Radio El Conquistador que el magnate "está buscando para invertir en materia de minería, no de datos, sino metales y recursos naturales en el Cono Sur". La reunión fue facilitada por Axel Kaiser, hermano de Johannes y presidente de la Fundación para el Progreso.
La primera es el litio. Chile es el segundo productor mundial del mineral —después de Australia— y el mayor productor de cobre. En enero de 2026 la administración Trump declaró al litio mineral de seguridad nacional de primera categoría, y en marzo Chile y EE.UU. activaron consultas formales sobre minerales críticos y tierras raras. El excandidato presidencial Johannes Kaiser, que se reunió con Thiel cerca de dos horas también en el Mandarin Oriental, reveló en entrevista en Radio El Conquistador que el magnate "está buscando para invertir en materia de minería, no de datos, sino metales y recursos naturales en el Cono Sur". La reunión fue facilitada por Axel Kaiser, hermano de Johannes y presidente de la Fundación para el Progreso.
La segunda razón es la disputa geopolítica con China. China es el principal socio comercial de Chile —US$ 65.000 millones de intercambio en 2025—, controla las dos mayores distribuidoras eléctricas del país vía State Grid (CGE y Chilquinta), y Tianqi Lithium posee el 24% de SQM. Thiel se inserta en esa pugna no solo como inversionista privado, sino como nodo central de la red Founders Fund-Palantir-Anduril, todas con relación estructural con la maquinaria de seguridad de EE.UU.
La tercera razón es la más opaca: el presunto encuentro con el presidente José Antonio Kast, reservado y fuera de agenda oficial. El 12 de mayo de 2026, el diputado Gonzalo Winter (FA) ofició a la Presidencia exigiendo confirmar si la cita ocurrió, quiénes participaron y qué se trató. La Moneda no respondió. "Ha trascendido la información de que el presidente de la República se ha juntado de manera clandestina, a espaldas de la ciudadanía, con el oligarca tecnológico Peter Thiel", aseguró el parlamentario, subrayando que se trata de "alguien que controla sistemas de datos y vigilancia utilizados en contratos con distintos Estados".
¿Qué tiene que ver el papa León XIV con todo esto?
Mientras Thiel recorría Sudamérica, en Roma ocurría una fuerza en dirección contraria. El 15 de mayo de 2026 —exactamente en el 135.º aniversario de la Rerum Novarum de León XIII— el papa León XIV firmó su primera encíclica: Magnifica Humanitas. La presentó él mismo en el Aula Nuova del Sinodo, algo inusual, pues normalmente delegan los cardenales. Al día siguiente constituyó una Comisión Interdicasterial sobre Inteligencia Artificial.
La encíclica no menciona por nombre a Thiel, Palantir ni Silicon Valley. Pero su parágrafo 71 advierte que "el más alto nivel no es el Estado, sino los grandes actores económicos y tecnológicos que ejercen un poder de facto sobre las condiciones de la vida cotidiana". El parágrafo 110 exige "desarmar la IA", definiéndolo como liberarla del "supuesto de que el poder técnico confiere automáticamente el derecho a gobernar". Y el parágrafo 213 hace algo sin precedente en la historia magisterial: cita literalmente a J.R.R. Tolkien, reproduciendo el discurso de Gandalf a los Capitanes del Oeste en El retorno del Rey —el mismo universo que Thiel lleva dos décadas apropiando como mito fundacional de su proyecto político.
Una forma sutil de ir contra el discurso tecno olorgarca fanático de Tolkien. Hasta ahora, Thiel construyó su cosmología casi sin resistencia organizada. Lo que la encíclica de León XIV inaugura —con Tolkien como arma doctrinal— es algo distinto: una disputa institucional por el mismo relato. Quién controle el mito puede que termine controlando el siglo.