lunes 01 de junio de 2026

La soledad es un problema de salud pública reconocido mundialmente

La soledad no figuraba en la conversación global sobre salud hace dos años. Hoy ocupa un lugar en la principal asamblea de salud del mundo.

1 de junio de 2026 - 05:00

El sábado 23 de mayo se cerró en Ginebra la 79ª Asamblea Mundial de la Salud. Entre los temas del orden del día figuró, por segundo año consecutivo, la conexión social. En mayo de 2025, Chile lideró por primera vez en su historia una resolución en la Organización Mundial de la Salud, presentada junto a España. Se llama “Fomento de la conexión social para la salud mundial: el papel esencial de la conexión social en la lucha contra la soledad, el aislamiento social y las inequidades en salud” — la WHA78.9 — y fue aprobada por consenso con el respaldo de más de 130 países.

La ciencia lleva décadas documentando lo que el sentido común ya conocía: la soledad no deseada y el estar socialmente aislado enferma. El informe de la Comisión de la OMS sobre Conexión Social — From loneliness to social connection: charting a path to healthier societies, publicado en junio de 2025 y disponible en el sitio de la OMS — es hoy el documento de referencia global sobre este tema. No solo consolida la evidencia mundial, sino que ofrece propuestas concretas de política pública a nivel nacional, comunitario e individual, aportando una hoja de ruta para los países que quieran actuar.

Sus hallazgos son contundentes. 1 de cada 6 personas en el mundo experimenta soledad crónica, y este fenómeno contribuye a más de 871.000 muertes al año, más de 100 muertes por hora. La soledad aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión y demencia. Las personas solitarias tienen el doble de probabilidades de desarrollar depresión.

Pero quizás el hallazgo más sorprendente es que los niños y jóvenes se sienten tan solos —o más— que los adultos mayores. Contrario al sentido común, que asocia la soledad con la vejez, son los adolescentes quienes muestran las tasas más altas: más del 20% de los jóvenes entre 13 y 17 años reporta sentirse solo. Vivimos en la era de mayor conectividad tecnológica de la historia y, aun así, o quizás a causa de ello, la desconexión crece entre quienes más la usan.

La salud pública tiene la responsabilidad de poner en agenda los problemas de su tiempo. Vivimos en una sociedad amenazada por crisis climáticas, guerras y una polarización que fragmenta comunidades. En ese contexto, la conexión humana — el sentido de comunidad, la cohesión social, los lazos que nos sostienen — no es un tema blando: es un factor protector de salud que puede reducir un sufrimiento que muchas veces no vemos porque no sangra ni tiene nombre en un diagnóstico médico. La soledad no es una debilidad personal. Es el resultado de cómo organizamos nuestras ciudades, nuestras escuelas, nuestros sistemas de salud. Por ende, es un problema colectivo que requiere respuestas colectivas.

En Chile, los programas de promoción de salud para adultos mayores en atención primaria —talleres, actividades grupales, visitas domiciliarias— ya están fortaleciendo vínculos sociales en los territorios, muchas veces sin nombrarlo así. La intersectorialidad que caracteriza a la APS es una plataforma natural: cuando el centro de salud familiar coordina con la municipalidad, el colegio y la junta de vecinos, está tejiendo exactamente la red que el informe de la OMS recomienda construir.

Otra política reciente que apunta en la misma dirección es la prohibición del uso de teléfonos celulares en las salas de clases. Más allá del debate sobre pantallas, es en el fondo una apuesta por recuperar la presencia real entre pares, y dejarle espacio a la conversación y al juego.

La semana pasada en Ginebra, los Estados Miembros respaldaron el trabajo de la Comisión y reconocieron la conexión social como un determinante clave de la salud física y mental. Destacaron la necesidad de integrarla en las políticas nacionales, mejorar la coordinación entre la APS y los servicios sociales y comunitarios, y desarrollar métricas para monitorear avances. El propio director general de la OMS condujo una mesa redonda estratégica sobre enfermedades no transmisibles y salud mental donde la conexión social ocupó un lugar central, una señal de que este tema ya no es marginal en la salud global.

La soledad no figuraba en la conversación global sobre salud hace dos años. Hoy ocupa un lugar en la principal asamblea de salud del mundo.

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