La discusión del proyecto de ley de caza de perros ferales (Boletines N° 16.962-01 y N° 18.269-01), a la que se ha puesto urgencia en las últimas semanas en la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados y Diputadas, aparece como una buena instancia para tener una conversación un poco más profunda sobre la protección de los animales que no son de compañía, sean fauna silvestre, ganado, especies invasoras o animales ferales.
El proyecto en cuestión se fija solamente en estos últimos y particularmente en los perros ferales (que viven en estado silvestre y sin vínculo humano), dados los daños que estarían causando, sobre todo al ganado. Los mismos perros ferales, al igual que otras especies invasoras, causan también daños a la fauna silvestre. No es un misterio para nadie la existencia de estos daños y la necesidad de abordarlos, aunque existe una discusión sobre cuántos de dichos ataques son provocados por animales propiamente ferales y cuantos por perros domésticos actuando sin supervisión de sus dueños.
La discusión anterior no es menor, por cuanto el proyecto de ley lo único que hace es ampliar las posibilidades para que las personas por su propia cuenta den muerte a los perros ferales. Como suele suceder en las mentes de algunas personas, se cree que los problemas se solucionan con medidas aparentemente rápidas y decididamente violentas, ignorando la realidad fáctica.
Si los números que se han expuesto en la discusión legislativa son correctos, la mayoría de los ataques de perros al ganado y a la fauna silvestre provienen de perros que sí tienen dueños, por lo que el problema en realidad no serían los perros ferales, sino que la negligencia de los dueños que provoca daños a sus vecinos y al medio ambiente. Esto es importante porque entonces la caza de perros ferales no puede, en caso alguno, ser una medida efectiva. Vale decir, aunque desapareciera el 100% de los perros ferales, el problema seguiría sucediendo en una medida muy similar.
Tomemos también en consideración que en Chile son otros los mayores riesgos para la fauna silvestre, siendo particularmente importante la pérdida de hábitat por la destrucción de ecosistemas para otros usos, así como los incendios forestales junto a las especies invasoras, entre las cuales se encuentran los perros ferales. Así las cosas, pareciera que abordar estos problemas requiere de un marco de acción que no se está intentando generar y que debe contener por una parte lo relativo a los perros como causantes de daño y por otra al ganado y la fauna silvestre como objetos de protección.
Un marco de acción apropiado necesita medidas de prevención, de respuesta y de gestión, tomando en cuenta las realidades fácticas de estos riesgos y objetos de protección. Por lo mismo, parecería adecuado que un proyecto de ley de este tipo enfrente esas preguntas de alguna manera, lo que implica dos cosas. En el caso de los perros, generar un sistema más fuerte de monitoreo y control de los animales domésticos para evitar las negligencias de sus dueños o hacerlos responsables por ellas.
En materia de protección de fauna silvestre, una ampliación de la protección de humedales y de reglas de ordenamiento territorial (ambas cosas contrarias a los anuncios que han hecho los Ministerios este año) y la aprobación de la ley de incendios forestales podrían ser buenos comienzos. Mientras, en lo que refiere al control de las especies invasoras, es el SBAP el llamado a hacer frente a dicho desafío, cuestión que aún no sucede entre otras cosas por los retrasos que el gobierno actual ha provocado para la implementación del servicio.
Tomando en cuenta la apertura de esta discusión y los objetivos declarados de la discusión legislativa, el camino que se pretende tomar no parece el más auspicioso, existiendo alternativas que podrían tener mejores resultados para la protección de la fauna silvestre y el ganado, sin dar lugar a prácticas crueles de quienes encuentran satisfacción en dar muerte a otro ser vivo.