Tras la pandemia, Chile se encontraba en regulares condiciones generales. Luego de un largo periodo de hospitalización económica y social, salió de alta para intentar retomar su vida habitual.
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En medicina, la dosis hace al veneno. Si un ajuste se administra diariamente en pequeñas dosis, el cuerpo nacional podrá metabolizarlo, manteniéndose vigoroso, cumpliendo sus compromisos y reteniendo la confianza de quienes quieren invertir en él.
Tras la pandemia, Chile se encontraba en regulares condiciones generales. Luego de un largo periodo de hospitalización económica y social, salió de alta para intentar retomar su vida habitual.
Su equipo médico hizo lo necesario para que el paciente sobreviviera. Fueron largos años de inactividad secundaria al Covid, un cuerpo maltrecho y una larga deuda.
Fueron algunos años más los que Chile tomó para volver a demostrar que con manos hábiles, un cerebro estratégico y un corazón resiliente siempre se logra salir adelante, y esto sus amigos del barrio lo notaron.
Sus pares internacionales lo vieron ponerse de pie. Está vez lo notaron más alto, más tranquilo –más estable– y teniendo un pronóstico optimista, hasta que llegó de golpe el jueves negro.
Como una notificación de cobro sin cuotas, el alza histórica de las bencinas —con saltos de hasta $580 pesos por litro— cayó sobre un paciente que apenas está terminando de pagar las cuentas, matrículas y patentes de marzo.
— ¿Y si pactamos en cuotas? —preguntó Chile.
La respuesta de la administración fue un rotundo “no”.
Por decisión interna, la administración ha decidido que es momento de cobrar todo de forma inmediata, sin anestesia, traiga el dolor que traiga. Y el dolor llegó, y Chile acusó el golpe de shock.
En su casa a la hora de las noticias se siente en la guata apretada. Comenzaron las tensiones que hace tres semanas no existían, discusiones propias de un recorte que no sabe por dónde recortar, si eliminar para comer, para medicamentos o para movilizarse.
Chile no pide que le regalen el tratamiento, pide gradualismo. Pide tiempo para adecuarse.
En medicina, la dosis hace al veneno. Si un ajuste se administra diariamente en pequeñas dosis, el cuerpo nacional podrá metabolizarlo, manteniéndose vigoroso, cumpliendo sus compromisos y reteniendo la confianza de quienes quieren invertir en él.
Pero si se administra un shock de esta magnitud en un sólo día, y se mantiene sin merced de nuevas dosis incrementales, el riesgo de quebrar al paciente y devolverlo a la sala de urgencias es simplemente inminente.