Operación Colombo: del dolor a la rabia
Ahora pienso que, en aquellos años, cuando se vieron los primeros atisbos de que habría privilegios para los victimarios, debí ser más valiente, haber saltado los torniquetes, no haber temido a un Santiago encendido, haber reivindicado a cada uno de nuestros muertos, haber pintado de rojo el caballo y puesto los rostros de cada uno de mis compañeros y compañeras del Liceo Manuel de Salas y el de mi padre en la Plaza Italia. Haber puesto en jaque a la autoridad, a los jueces y ministros, ganando en justicia, honrando a mi padre y a todos los jóvenes asesinados en la Operación Colombo.