Y ganó el pueblo de Chile
Incluso antes de la nominación de Izkia, el cambio más notorio en la situación política emergió de la propia ciudadanía revertida en pueblo. El sonido de gong de altos decibeles de un resultado que ponía al pinochetismo a las puertas de La Moneda dejó estupefacto a un comando derrotado. Pero donde el estupor se transformó en líneas de acción fue en aquellos que, anónimos, se reconocían como parte de las fuerzas democráticas y progresistas. Autoconvocados por un encuadre que no había sido el propuesto por el comando, definieron el derrotero de autoritarismo o democracia, con su condición contemporánea de feminismo y plurinacionalismo y su carácter antioligárquico en la autodefensa contra el abuso. Es eso que dotó a la campaña de una épica y resiliencia, fundadas en una solidaridad que estuvo presente hasta el último gesto y momento.