El Conde
Me negaba a seguir viendo a un ser tan miserable convertido en parodia, en un bufón, en atracción cinematográfica. Me dolía, pensaba en las personas que aún buscan a sus muertos, en quienes aún no nos podemos reír ni considerar la posibilidad que Pinochet sea objeto de inventiva, de ficción.
Por
Kena Lorenzini