Chile tiene una de las floras más diversas y endémicas del mundo. Sin embargo, la red de áreas protegidas que debería resguardarla presenta un desequilibrio territorial profundo: las unidades de conservación se acumulan en el sur, mientras que Chile central —donde se concentra la mayor riqueza vegetal del país— permanece sistemáticamente subrepresentado.
Esa es una de las conclusiones centrales del estudio "Gaps in the conservation of phylogenetic diversity in the Chilean vascular flora", publicado en la revista Biodiversity and Conservation.
"La mayor diversidad de plantas está concentrada en Chile central, que es donde hay una mayor presión de actividades humanas y donde hay una menor concentración de áreas protegidas", sostuvo el Dr. Federico Luebert, líder de la investigación y profesor titular del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.
¿Cuántas especies nativas tienen respaldo real?
El equipo analizó una base de datos de 4.466 especies nativas y evaluó dos estrategias complementarias: la conservación in situ, que protege las especies en sus hábitats naturales mediante parques nacionales, reservas y monumentos, y la conservación ex situ, que opera fuera de esos ambientes a través de bancos de semillas, jardines botánicos y arboretos.
En total, se revisaron 108 unidades in situ (parques, reservas, etc.), pero la investigación detectó que solo 50 mantenían información suficiente sobre flora. En cuanto a la estrategia ex situ, se analizaron 23 unidades.
Los resultados indican que la combinación de ambas estrategias resguarda el 62,5% de la riqueza de especies (cantidad, sin importar su linaje) y el 73,1% de la diversidad filogenética (variedad evolutiva) de la flora vascular chilena.
Esta última métrica no mide solo cuántas plantas están protegidas, sino qué proporción del árbol evolutivo de la vida representan: conservar muchas especies emparentadas no equivale a proteger linajes distintos, únicos y sin parientes cercanos.
"El principal diagnóstico es que la diversidad filogenética, en proporción, tiende a estar mejor conservada que la riqueza, es decir, que el número de especies. Pero también hay un porcentaje significativo de especies que falta por conservar", señaló Luebert.
Un sistema frágil amenazado por la acción humana
Más allá del desequilibrio geográfico, el estudio identificó otro punto crítico: la mayoría de las especies protegidas está presente en una sola unidad de conservación.
Eso implica que, si esa área desaparece —por un incendio, degradación o cambio de uso del suelo —, la especie queda completamente fuera de la red. "Si esa área desaparece, esa especie se pierde del sistema de conservación", advirtió el investigador.
Frente a ese escenario, la conservación ex situ cobra un valor estratégico que va más allá del resguardo inmediato. "Permite conservar especies que no están conservadas in situ, pero también tener un respaldo de los recursos genéticos con que contamos en el país para estudios y futuros desarrollos", explicó Luebert.
Entre las unidades más relevantes en ese ámbito destaca el Banco Base de Semillas de Vicuña del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), que realiza el mayor aporte individual a la diversidad filogenética conservada fuera de hábitats naturales.
"Las estimaciones que tenemos aquí son necesariamente un mínimo", reconoció Luebert, porque los inventarios incompletos impiden saber cuántas especies ya están protegidas sin saberlo.
“No se trata solamente de tener la mayor cantidad de especies conservadas, sino también de que estas especies no estén resguardadas en una sola área de conservación”, concluye Luebert.