En lo que va de 2026 se han registrado nueve muertes de trabajadores en la industria salmonera, ya clasificada como una de las más mortíferas del mundo. Además, se han registrado al menos tres accidentes graves que resultaron en descompensaciones para buzos salmoneros.
El caso más mortífero de este año fue en enero cuando un catamarán que trabajaba para una empresa contratista que prestaba servicios a Salmones Austral y Trusal se hundió en el fiordo de Reloncaví en Los Lagos, dejando seis tripulantes fallecidos. Algunos reportes preliminares declaran que ninguno de los tripulantes llevaba chaleco salvavidas.
Ahora, se está trabajando en el izamiento de la embarcación en Ralún, para poder hacer los peritajes y determinar las causas del hecho en medio de una investigación de Fiscalía.
“No sacamos nada con tener más crecimiento y más desarrollo si no protegemos a nuestros trabajadores. Esperamos que el resultado de este izamiento determine las verdaderas causas de muerte de estos trabajadores”, manifestó el senador Fidel Espinoza, cuya labor legislativa ha buscado apoyar el crecimiento de la industria salmonera.
Mortalidad en la industria salmonera
Otras dos muertes fueron de buzos que estaban realizando labores de limpieza o mantenimiento bajo el agua, y un tercero falleció por virus hanta mientras que otro compañero de trabajo terminó hospitalizado por el mismo virus. Las investigaciones apuntan a un contagio dentro de una embarcación que ambos empleados compartieron. En los tres casos, los buzos estaban subcontratados.
Según datos recopilados durante años por la organización Ecoceanos, se han registrado 90 muertes de trabajadores de la industria salmonera entre 2013 y 2026. La industria salmonera chilena es la segunda más grande del mundo y también el segundo bien más exportado del país después del cobre.
En otros países que desarrollan esta misma industria, como es el caso de Noruega, gran parte de las labores en gran profundidad han sido mecanizadas, mientras que en Chile se sigue recurriendo al trabajo de buzos.
Buzos y accidentes
Una investigación de La Prensa austral se enfocó no en las muertes sino en los accidentes graves, donde buzos han terminado descompensados y en cámaras hiperbáricas. Solo en mayo de 2026 se registraron tres casos de esta gravedad solo en la región de Magallanes, donde los trabajadores no fallecieron.
Según los registros solicitados por transparencia, la seremi de Salud de Magallanes registró 32 accidentes graves por condiciones hiperbáricas entre 2017 y 2026. Cuatro de ellos terminaron con la muerte del buzo. Entre 2017 y 2019 hubo ocho accidentes. Entre 2020 y 2022 la cifra saltó a quince, casi el doble. El peor año del periodo fue 2022, con ocho casos y una muerte. La misma seremi declara que las cifras pueden ser mayores ya que hay problemas con el registro de datos sobre estos casos.
La labor de los buzos bajo el agua los deja expuestos a accidentes como el mal de descompresión que forma burbujas de gas en la sangre, o el barotraumatismo causado por cambios bruscos de presión. Para estos casos, el buzo debe ser tratado con urgencia en una cámara hiperbárica, idealmente al salir del agua.
El reportaje de La Prensa austral detectó que en la comuna de Cabo Verde, donde se registraron 10 de los 32 accidentes en los últimos años en la región, no hay cámara hiperbárica, y en ciertos casos el tiempo de traslado hacia la más cercana duraron toda la noche por las condiciones cilmáticas.
Subcontratación y cámaras hiperbáricas
En un reportaje del diario El País también se denuncia una precariedad en las condiciones para atender a los buzos salmoneros. En Ancud, en la isla grande de Chiloé, un doctor del hospital público hizo instalar una cámara hiperbárica en 2006, donde atienden a 60 buzos por año. Es la única cámara en más de mil kilómetros de distancia, en una de las zonas donde más se ha extendido la industria, según denuncia el doctor del hospital, Jorge Calderón.
Desde el centro Ecoceanos también han detectado que en promedio un 40% de los trabajadores de la industria salmonera en Chile son contratados por empresas subcontratistas, bajo regímenes precarios de contratación por obra o por faena, impidiendo su sindicalización y capacidad de defensa colectiva.
En enero de este año entró en vigencia una ley que reconoce por primera vez la labor de los buzos como parte del Código del Trabajo, estableciendo regulaciones y requisitos para empresas contratistas. El 1 de julio debería empezar a operar, al vencerse el plazo para que se apruebe el reglamento de la ley.