Manuel Reyes, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello (UNAB), advierte que Chile está desaprovechando el potencial del molibdeno y el renio, dos minerales críticos que el país produce en cantidades relevantes, pero que exporta mayoritariamente como concentrado de cobre, sin procesar, hacia China.
Molibdeno y renio: Chile pierde millones al venderle concentrado de cobre sin procesar a China
Chile es de los mayores productores de molibdeno y procesa gran parte del renio global, pero exporta parte de ambos minerales como concentrado de cobre, cediendo a China las etapas de mayor valor.
El resultado es que la potencia asiática captura el valor agregado de la fundición y el refino mientras las arcas fiscales chilenas reciben una fracción de lo que podrían obtener.
"En Chile, la mayoría de las empresas privadas lo que le venden a China, o al mundo, son concentrados, que es una etapa intermedia para llegar a los cátodos de cobre", sostuvo Reyes en entrevista con El Desconcierto.
Según explicó, para llegar al cobre de mayor pureza —99,99%— se requieren etapas de fundición y electrorefinamiento que en Chile están acotadas por restricciones medioambientales. Mientras China cuenta con cientos de plantas de fundición, Chile opera solo seis o siete.
Uso del molibdeno
El molibdeno no es un mineral de conducción eléctrica como el litio o el cobalto, sino un metal de alta resistencia mecánica. Se utiliza principalmente en aleaciones que deben soportar temperaturas extremas y presiones elevadas: aceros inoxidables, componentes aeronáuticos, motores industriales y plataformas petroleras. "Puede ser muy importante en términos generales, más que en las aplicaciones de conducción eléctrica o carga", precisó Reyes.
El renio, en tanto, emerge como subproducto del proceso del concentrado de cobre. Chile recupera parte de él, pero al exportar concentrado sin fundir, entrega a China los remanentes que quedarían en ese proceso. "Hay una parte importante que se está yendo afuera y que claramente podría entrar a las arcas fiscales", sostuvo el académico.
Aumento de precio
La cotización del molibdeno registró un alza de 170% en un periodo breve, según datos citados por el propio mercado. Para Reyes, la explicación no pasa por un aumento estructural de la demanda, sino por una contracción de la oferta.
El accidente ocurrido en septiembre de 2025 en la mina Grasberg, en Indonesia —una de las más grandes productoras de cobre del mundo—, paralizó operaciones hasta al menos 2027. En Chile, la caída de El Teniente tras el accidente de julio de 2025 también incidió directamente, dado que el molibdeno es un subproducto lateral de la minería cuprífiera.
"Como el molibdeno está vinculado a la producción de cobre de forma lateral, la menor disponibilidad ha hecho que haya subido el precio", explicó Reyes. El académico advierte, sin embargo, que este fenómeno es más un alza coyuntural que una transformación del mercado.
Inercia en el sector
El efecto fiscal existe pero es limitado. El royalty minero opera sobre la base del precio por la cantidad producida, y si bien los precios altos mejoran los ingresos, expandir la producción no es una decisión de corto plazo.
Incorporar nuevas palas o camiones mineros toma años; ampliar la capacidad de procesamiento en planta, más aún. "No es una decisión de un día para otro", subrayó Reyes. Collahuasi, por ejemplo, proyectó triplicar su procesamiento en un plazo de diez años, lo que ilustra la inercia estructural del sector.
El trasfondo que apunta el académico es más profundo: mientras Chile se ubica dentro de los líderes mundial en molibdeno y como principal procesador de renio —a través de Molymet, que procesa el 35% del molibdeno mundial desde sus plantas en Chile, México, Alemania y Bélgica—, la cadena de valor sigue escapándose por la vía del concentrado. "Estamos perdiendo", sintetizó Reyes.