Subsecretaria de Minería y uso de escoria de cobre como árido artificial: "La industria esperaba el decreto hace más de diez años"
La reciente publicación del Decreto N°46 del Ministerio de Salud terminó con una espera de más de una década para la industria minera chilena. El reglamento establece los requisitos sanitarios para autorizar el uso de escoria de cobre —también llamada silicato de hierro— en pavimentación, mobiliario urbano y obras de infraestructura.
Con un acumulado histórico de entre 50 y 60 millones de toneladas en depósitos conocidos como escoriales, y una producción anual de aproximadamente 4 millones de toneladas adicionales, Chile no contaba hasta ahora con una normativa que habilitara usos alternativos para este residuo de fundición.
La subsecretaria de Minería, Suina Chahuán, conversó con El Desconcierto acerca de los alcances del decreto, sus implicancias medioambientales y el impacto concreto que ya experimentan comunidades como Catemu y Quintero.
Larga espera
-Durante febrero se aprobó el Decreto N°46 del Ministerio de Salud, que establece los requisitos para autorizar el uso de escorias de cobre como áridos artificiales en la construcción. ¿Cómo interpreta este cambio el Ministerio de Minería?
Es una muy buena noticia para nosotros. Este es un trabajo que se viene realizando hace un tiempo, pero también una noticia que la industria estaba esperando hace más de diez años. Cuando como Ministerio comenzamos a abordar la utilización de escoria de cobre como reemplazo de áridos, el sector se mostró algo desconfiado: "sí, es muy bueno, pero llevamos diez años esperando y nunca pasa nada".
Cuando logramos aprobar el decreto, salió de la toma de razón de la Contraloría y se publicó, estábamos muy contentos. Incluso las propias compañías con fundiciones, como Anglo American, Codelco y el Consejo Minero, publicaron columnas y nos llamaron para hacer algún hito en conjunto.
Para ellos y para nosotros como Gobierno es muy significativo que, después de toda esta espera, tengamos un reglamento que facilite el uso de la escoria para pavimentación, mobiliario urbano y los demás usos contemplados.
Beneficios sociales, ambientales y económicos
-El jefe de la División de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Minería, Claudio Bustamante, declaró anteriormente que las proyecciones son auspiciosas y habrá beneficios sociales, ambientales y económicos. ¿A qué beneficios concretos se refiere?
La escoria de cobre es un desecho del proceso de fundición, y las proporciones son relevantes: por cada tonelada de cobre fino que producimos en Chile, se generan entre 2 y 3 toneladas de escoria. Se estima que históricamente tenemos acumuladas cerca de 50 millones de toneladas en los llamados escoriales.
En otros países —Australia, Canadá, Alemania— hay evidencia de que este material puede usarse como reemplazo de áridos, y en Chile se realizaron pilotajes para evaluar su comportamiento en mezclas de bases de pavimento.
Los beneficios son varios. Por un lado, se pueden liberar espacios en los escoriales —esos cerros de roca negra que se ven cerca de la División Ventanas de Codelco o del escorial de la Fundición Chagres de Anglo American en Catemu—, lo que les permite a las fundiciones seguir operando.
Por otro lado, se reduce la demanda de áridos naturales para pavimentación y otras obras de infraestructura. Y hay un tercer impacto interesante: habilita nuevos negocios a nivel local. En un proyecto piloto en Catemu con Anglo American, se reacondicionó una plaza en conjunto con el municipio, fabricando bancas y maceteros con escoria de cobre.
Todo ese mobiliario lo realizaron productores locales asesorados por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso sobre las mezclas necesarias para llegar a ese diseño. Es una aplicación muy concreta del principio de economía circular: un desecho de la minería se convierte en un elemento productivo con impactos positivos relevantes.
La escoria y la protección de los ríos
-En términos medioambientales, ¿cuál sería el impacto del uso de la escoria de cobre?
Por un lado, se puede disminuir el volumen de los escoriales, sacando ese material para darle nuevas aplicaciones como la pavimentación. Por otro lado, y creo que esto es lo más relevante en materia medioambiental, la escoria puede ocuparse como reemplazo de árido natural.
Hoy tenemos un problema importante con la extracción de áridos en lechos de ríos, que tiene un efecto muy significativo en las comunidades. Esto además va en línea con la Ley de Extracción de Áridos que recientemente aprobamos como Gobierno —en coordinación con los ministerios de Obras Públicas, Medio Ambiente y Salud—, que en uno de sus artículos establece explícitamente que la escoria de cobre y el silicato de hierro podrán considerarse como áridos artificiales en la construcción de pavimentaciones y otros elementos.
En la misma ley quedó también una disposición que autoriza especialmente al MOP para incluir este material en sus bases de licitación, asignando puntaje adicional a las propuestas que incorporen mezclas con escoria de cobre. Lo importante es que el camino está abierto en términos regulatorios para utilizar este desecho de la minería.
-La Ley N°21.800 de extracción de áridos se complementa con el decreto. Bajo este nuevo escenario, ¿qué implicancias tiene en términos de protección de la biodiversidad en ecosistemas donde ha habido extracciones sistemáticas?
Ese es el principal impacto medioambiental de esta regulación. El decreto establece las exigencias que tendrán los titulares para usar la escoria como árido artificial; la ley habilita legalmente esa utilización y le permite al MOP incorporarla en sus procesos licitatorios. Con esto se contribuye a resolver un problema muy patente en materia de protección de la biodiversidad: dejar de afectar los cursos de los ríos y otros ambientes donde se extrae árido, muchas veces sin las autorizaciones legales pertinentes.
Ese impacto negativo es muy concreto: altera el curso de los ríos y afecta directamente a las comunidades. El alcalde de Catemu señaló en repetidas ocasiones que es un problema muy importante en su comuna. Por eso, recibe con muy buena noticia que como Gobierno hayamos podido avanzar tanto en la aprobación de la ley en el Congreso como en la dictación de este reglamento.
El impacto en las comunidades
- ¿Cómo podría el uso de este material beneficiar a las comunidades que viven cerca de acumulaciones de escoria de cobre?
En estos dos años que llevo como subsecretaria he participado en múltiples actividades de pilotaje. Estuve en la inauguración de la plaza en Villa El Sol, en Catemu; en una plaza en Quintero fabricada con adoquines de escoria de cobre y mobiliario urbano en Loncura; y en la inauguración de un tramo de la costanera de Quintero pavimentado con este material.
Cuando vas a esas comunas, ves el beneficio directo. La gente se acerca y te pregunta: ¿cómo podemos pavimentar más calles? Hay una oportunidad muy clara. Y además hay un impacto productivo: emprendedores locales en Llay-Llay, Quintero y Catemu han comenzado a trabajar con escoria de cobre, asesorados por universidades de la región de Valparaíso, para desarrollar las mezclas con las que fabricar maceteros y mobiliario urbano.
La región de Valparaíso, que tiene todavía una zona de escoria de cobre frente al mar, cerca de un humedal, ve en esto la posibilidad de darle a ese material un uso circular con impactos positivos.
Creemos que es una excelente noticia que avanza en la línea de una minería más sostenible, especialmente en un escenario que exige más producción minera y, por tanto, una mejor gestión de sus residuos.