En el contexto de una crisis hídrica que se intensifica, empresas de las regiones de O'Higgins y Metropolitana acaban de certificar la medición de su Huella de Agua bajo la norma internacional ISO 14046, en el marco de la sexta certificación del Acuerdo de Producción Limpia Certificado Azul (APL Certificado Azul).
Huella Azul, Verde y Gris: las normas internacionales que Chile utiliza para evaluar uso de agua empresarial
La reciente certificación de 19 empresas bajo el APL Certificado Azul pone en foco las metodologías internacionales que miden el impacto de agua corporativa.
El hito renueva la atención sobre las metodologías que permiten a las organizaciones cuantificar su impacto real sobre el recurso hídrico.
¿Qué es la Huella de Agua y cómo se mide?
La Huella de Agua cuantifica el volumen total de agua dulce utilizada y contaminada para producir bienes o servicios, abarcando operaciones directas y cadena de suministro.
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Para calcularla existen dos marcos metodológicos principales: la Water Footprint Network (WFN), centrada en el volumen consumido a lo largo de toda la cadena de valor, y la norma ISO 14046, que aplica un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) para evaluar no solo cuánta agua se usa, sino el impacto ambiental real, considerando el estrés hídrico de la zona geográfica y la degradación de la calidad del recurso.
Los tres tipos de Huella de Agua
El cálculo divide el agua en tres categorías. La Huella Azul corresponde al agua superficial o subterránea que se consume, evapora o incorpora directamente al producto en los procesos operativos.
La Huella Verde registra el agua de lluvia almacenada en el suelo y absorbida por cultivos, componente clave para los sectores agrícola y agroexportador.
La Huella Gris, en tanto, estima el volumen teórico de agua dulce necesario para diluir los contaminantes vertidos durante la producción hasta cumplir las normas locales de calidad ambiental.
Esta distinción es relevante porque no es lo mismo consumir agua en una zona con abundancia hídrica que en una región con alto estrés. La norma ISO 14046 obliga a considerar ese contexto territorial en la evaluación.
Sostenibilidad de los territorios
Para Ximena Ruz, directora ejecutiva de la ASCC, la certificación responde a una necesidad concreta. "No se trata solo de medir la Huella de Agua o reducir consumos, sino de incorporar una nueva forma de gestionar este recurso como un elemento estratégico para la continuidad de sus negocios y su relación con los territorios", señaló.
Maritza Jadrijevic, jefa del Departamento de Adaptación de la División de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente, situó la herramienta en la emergencia hídrica del país. "Chile se está secando", advirtió, y añadió que las sequías se intensificarán frente a una demanda productiva y demográfica creciente.
"El Certificado Azul cumple un rol clave porque permite que las empresas, en alianza con el sector público, la academia y todos los actores de la comunidad, podamos ir avanzando en esta gestión que es urgente", afirmó.
Herramientas de cálculo
Para automatizar los cálculos y cruzar datos geográficos, las empresas recurren a plataformas especializadas: Aqueduct, del World Resources Institute (WRI), mapea riesgos globales de agua y estrés hídrico por zona; el Water Risk Filter de WWF identifica puntos críticos por industria; y SimaPro es el software de referencia para el Análisis de Ciclo de Vida que exige la norma ISO 14046.
Hasta la fecha, 115 empresas y 170 instalaciones se han adherido al APL Certificado Azul en sectores como agroindustria, minería e industria láctea. El instrumento también impulsó la norma chilena NCh 3852 y la capacitación de 300 personas en gestión hídrica corporativa.