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Horizontal y Rumbo Colectivo coinciden en la transición energética como eje del futuro para Chile

En un nuevo capítulo de Palabras Clave conversamos con dos centros de pensamiento sobre los desafíos del modelo productivo y económico chileno, coincidiendo en el diagnóstico de los problemas, pero divergieron en la solución: mientras Juan José Obach, Director Ejecutivo de Horizontal, defiende un Estado habilitador que potencie sectores exportadores tradicionales y fomente la innovación, Pedro Glatz, investigador y miembro del directorio de Rumbo Colectivo, llama a construir una política industrial verde que transforme el aparato productivo pero con un rol más directo del Estado, dirigiendo activamente la estrategia de desarrollo.

Por Gino Stock 25 de marzo de 2026 - 13:00

Dos documentos publicados con semanas de diferencia abrieron en Chile un debate sobre el desarrollo que el país no daba desde hace tiempo. En diciembre de 2025, los centros de estudio Horizontal y Espacio Público publicaron Un Pacto de Desarrollo para Chile, fruto de nueve meses de trabajo con doce expertos de distintas sensibilidades.

En tanto, en enero de 2026, Rumbo Colectivo presentó su Política Industrial Verde y Popular, elaborada junto al Observatorio de Políticas Económicas (OPES) y el investigador Martín Arboleda, de la Universidad Diego Portales.

En el programa Palabras Claves, de El Desconcierto, el director ejecutivo de Horizontal, Juan José Obach, y el investigador e integrante del directorio de Rumbo Colectivo, Pedro Glatz, se sentaron a contrastar propuestas, y hablar sobre los consensos y diferencias que tienen estos centros de pensamiento en cuanto al modelo de desarrollo y las posibilidades de crecimiento de Chile.

Embed - ESTADO HABILITADOR vs ESTADO PLANIFICADOR en el debate sobre el futuro de Chile | #palabrasclave

El modelo agotado

- ¿Por qué Chile no ha podido revertir el estancamiento económico y retomar las tasas de crecimiento del 4 y 5% que tuvo en los noventa y comienzos de los 2000?

Juan José Obach: Chile en los años setenta y ochenta era un país extremadamente pobre, como toda Latinoamérica. Entonces se tomó una decisión de abrir la economía al mundo: bajar aranceles, controlar la inflación, crear un banco central independiente, ordenar las cuentas fiscales y atraer inversión extranjera. Eso nos permitió crecer a tasas muy altas y elevar el PIB per cápita desde unos 5.000 dólares a los cerca de 30.000 actuales. Es una historia de éxito. Pero ese modelo se agotó. Los indicadores de productividad, de mercado laboral y de inversión se estancaron hace más de una década. La productividad se detuvo a principios de los 2000 y la inversión lleva diez años sin repuntar.

Chile hoy no crece más del 2%, mientras el mundo lo hace en torno al 3%. Hay que avanzar hacia más investigación y desarrollo, hacia mayor sofisticación exportadora, pero sin renunciar a las ventajas comparativas ni a los sectores tradicionales, porque las políticas industriales de sustitución de importaciones ya demostraron ser fallidas. Lo importante es darle más competitividad al cobre, al litio, al sector forestal, a la agroindustria, y desde ahí complejizar la economía, como hizo Australia con la minería: construyó un hub de exportación de servicios alrededor de ella.

Pedro Glatz: Comparto parte del diagnóstico. El modelo exportador tradicional se ha estrujado bastante y la complejidad de la industria chilena ha decaído. Pero lo que nosotros queremos poner sobre la mesa es un elemento que ha estado ausente de la discusión: la soberanía productiva. No estamos planteando un modelo aislacionista ni volver a las altas barreras arancelarias que sabemos que no funcionaron.

Lo que proponemos es pensar cómo construir un ecosistema de políticas —acceso a financiamiento, fomento productivo, selectividad arancelaria— para diversificar nuestra matriz y dejar de especializarnos únicamente en lo que ya aprendimos a hacer. En ese sentido, el encadenamiento productivo en sectores de la transición energética y climática toma especial relevancia. Desde la izquierda hemos estado ausentes de la conversación sobre el aparato productivo, lo cual es contradictorio con nuestras raíces históricas e ideológicas. Eso es lo que quisimos corregir con este documento.

La política industrial verde como salida

- ¿Qué proponen concretamente como alternativa al extractivismo tradicional y qué rol debe jugar el Estado en esa transición?

Juan José Obach: Cuando ves que el mundo se está electrificando, que transitamos de combustibles fósiles a energías limpias, Chile tiene una oportunidad gigantesca: en cobre, en litio, en energía solar y eólica. Eso hay que hacerlo siempre cuidando el medioambiente, y creo que hemos avanzado en eso: los estándares ambientales que se exigen hoy en Chile son de nivel mundial.

Nuestra propuesta es un Estado habilitador: que defina estándares claros, que coordine con el sector privado, que levante los cuellos de botella que impiden el desarrollo de la industria, pero entendiendo que son las fuerzas del mercado las que traen la innovación y la inversión. Los países que se desarrollan lo hacen así. No hay que renunciar a la minería porque sea extractivista: basta ir a una faena de Codelco para ver el nivel de sofisticación que tiene. La división Gabriela Mistral tiene camiones completamente automatizados. Hay que salir de las caricaturas.

Pedro Glatz: Necesitamos un Estado más planificador: que sea selectivo en qué sectores productivos apoya, que utilice los instrumentos de planificación territorial para ordenar el territorio según prioridades nacionales, y que sepa apostar por sectores con altas posibilidades de éxito. El Estado chileno hoy no tiene el músculo necesario para cumplir un rol más relevante en la conducción económica y el fomento productivo. Hemos externalizado demasiado.

Leí recientemente el libro de Mariana Mazzucato y Rosie Collington sobre el rol de las consultoras y cómo le han ido quitando capacidades técnicas de planificación a los Estados. Es un problema real en Chile. Por eso proponemos también una banca de desarrollo que el gobierno anterior intentó crear sin lograrlo por falta de mayoría parlamentaria: el Estado tiene que poder invertir en sectores riesgosos, que son los que en el mediano plazo entregan mayor bienestar. La historia nos muestra que los países que se atrevieron a hacerlo —Japón, Corea, los países escandinavos— son los que avanzaron hacia el desarrollo.

Chile en la geopolítica: entre Washington y Beijing

- El contexto geopolítico actual es extremadamente complejo: la guerra arancelaria de Trump, la tensión entre Estados Unidos y China, la dependencia de combustibles fósiles, la incertidumbre global. ¿Qué puede y debe hacer Chile en este escenario?

Juan José Obach: Lo primero que no hay que hacer es dejar de mirar hacia afuera. Somos un país de 20 millones de habitantes y necesitamos del comercio internacional para seguir creciendo. China es nuestro principal socio comercial y Estados Unidos nuestro principal fuente de inversión extranjera directa. Tenemos que ser muy cuidadosos y muy estratégicos. Lo peor sería elegir un bando.

En este contexto de cambio de poderes globales, Chile necesita una institucionalidad más robusta: mecanismos de revisión de inversiones similares a los que tienen los países OCDE, que permitan definir criterios claros bajo los cuales se aprueban o rechazan proyectos en base a seguridad nacional, evitando la discrecionalidad actual. Siempre entendiendo que sin inversión Chile no puede crecer. Hay que seguir profundizando lazos con economías emergentes como India o el ASEAN, además de las potencias. Somos un jugador muy pequeño en la economía global y necesitamos hacer muchas cosas.

Pedro Glatz: Esta dinámica internacional nos está llevando a tener que tomar ciertas definiciones. No deberíamos jugárnosla por ningún bloque porque sería muy perjudicial. Pero tampoco podemos ser meros observadores. Lo que nosotros proponemos es una política de no alineamiento activo: no alinearse con ningún polo, pero sí participar activamente en iniciativas que marquen señales hacia el mundo.

Por ejemplo, la cumbre de no proliferación de combustibles fósiles que se realizará en Santa Marta, Colombia, en abril: tanto China como Estados Unidos queman combustibles fósiles de manera masiva, pero Chile debería sumarse activamente a ese tipo de iniciativas que construyen una nueva estructura productiva global y marcan señales claras hacia dónde deben ir las economías. También hay que mirar lo que hizo China en su propio proceso de apertura: fue mucho más matizado y selectivo que el chileno, sector por sector, lo que le permitió tener hoy un juego de cintura mucho más certero para fomentar industrias estratégicas.

La ley de permisos sectoriales

- ¿Cómo evalúan la ley de permisos sectoriales aprobada por el gobierno de Boric, y qué desafíos deja al nuevo ciclo político?

Juan José Obach: Es una buena noticia y responde a una política de Estado, no solo al esfuerzo de un gobierno. En el gobierno de Piñera me tocó armar una oficina en el Ministerio de Economía para agilizar y coordinar la tramitación de proyectos. La ley de permisos sectoriales formaliza y profundiza eso: crea esa oficina por ley, le da más atribuciones. Me parece bien que un gobierno de izquierda, que no tenía el crecimiento ni la permisología como eje de su programa, haya impulsado esta agenda.

El peso de la realidad se impuso. Pero la efectividad de la ley se va a jugar en los reglamentos: los que tienen que ver con los revisores externos, con los permisos de bajo riesgo que se transforman en declaraciones juradas. Eso le tocará implementar principalmente al gobierno de José Antonio Kast. Y hay un problema de fondo que la ley no resuelve del todo: el Servicio de Evaluación Ambiental hoy tiene 1.400 páginas de guías, cuando la ley y su reglamento tienen 200. Si logramos que los estándares sean claros y entendibles por todos los actores, no necesitamos tanta discrecionalidad.

Pedro Glatz: Es positivo que se hayan sistematizado los cuellos de botella existentes en la tramitación post-resolución de calificación ambiental. La comunidad interesada en estos temas tiene que estar muy vigilante, porque varias organizaciones ambientales ya han identificado riesgos potenciales en la aplicación de esta ley. Ahora bien, quiero matizar algo que Juan José mencionó sobre el programa del gobierno.

La propuesta de Gabriel Boric sí incluía como eje fundamental el desarrollo de un nuevo modelo productivo: hay programas de desarrollo productivo sostenibles que se implementaron, está la Estrategia de Desarrollo Productivo Sostenible del Ministerio de Economía y, sin duda, la Estrategia Nacional del Litio, que es un paso en la dirección correcta. En otras materias, como la banca de desarrollo, no se pudo avanzar por oposición de la derecha en el Parlamento. Ojalá eso sea una realidad en el corto plazo.

Medioambiente y crecimiento: ¿tensión o complemento?

- Chile está particularmente afectado por el cambio climático: incendios, sequía, dependencia del extractivismo. ¿Cómo se dialoga con quienes tienen aprensiones ambientales ante la búsqueda de mayor crecimiento?

Juan José Obach: La respuesta no está en convencer a nadie, sino en tener una institucionalidad ambiental suficientemente clara y eficiente. Todos los proyectos tienen una huella ambiental: lo importante es que existan las mitigaciones y compensaciones adecuadas, y que haya un buen involucramiento con las comunidades. Gran parte de esa arquitectura ya existe: tenemos evaluación ambiental, participación ciudadana, consulta indígena.

El problema es la poca transparencia del proceso, que opera tanto a favor de los opositores a los proyectos como de los titulares que no quieren cumplir con lo mínimo. Hay que tomar decisiones políticas tempranas sobre los proyectos grandes: si la respuesta es no, que sea no al principio, no a los cinco o diez años, como ocurrió con el proyecto Dominga. También hay que definir mejor quiénes son los intervinientes legítimos en un proceso ambiental. Con el avance de la inteligencia artificial podemos tener líneas de base más transparentes, provistas por el Estado. Más transparencia, más confianza.

Pedro Glatz: Lo que nos aprieta el zapato en la izquierda es cómo hacer dialogar la necesidad de responder a la crisis climática con nuestra propia identidad política. Venimos de una tradición que quiere asumir lo verde pero que también cree en el fomento productivo. Hay un debate pendiente en nuestro sector: cuál fue el impacto de ciertas propuestas post-extractivistas en la derrota del proceso constituyente.

Eso no significa abrazar las propuestas de los adversarios políticos, sino entender que tenemos una visión propia: creemos en el fomento de sectores económicos verdes, en empresas que produzcan y creen valor. Lo que hicimos en la Estrategia Nacional del Litio —reservar un 30% de los salares como absolutamente intocable, realizar una consulta indígena seria conducida desde Codelco, establecer compromisos con SQM sobre tecnologías menos contaminantes— son cosas que un gobierno de derecha no hubiera hecho. Hay que estar muy vigilantes de que esos acuerdos se cumplan.

Estado habilitador o Estado planificador

- Para cerrar: ¿por qué confían en sus respectivos modelos —Estado habilitador versus Estado planificador— como camino para el desarrollo de Chile?

Juan José Obach: Creemos firmemente en que las fuerzas del mercado son las que traen más innovación e inversión. El Estado habilitador que proponemos define estándares claros, provee los bienes que el mercado no puede proveer, coordina y levanta los cuellos de botella que impiden el desarrollo de las industrias, pero siempre entendiendo que el desarrollo viene de la innovación y de las personas.

Los países que se desarrollan lo hacen así. Propusimos una serie de medidas para mejorar el desempeño ambiental, la productividad y la producción en sectores exportadores y emergentes como el litio y las energías renovables. Estos documentos no cierran el debate: precisamente sirven para abrirlo. Chile necesita una nueva estrategia y un pacto de desarrollo para salir adelante.

Pedro Glatz: Si uno ve la historia del fomento productivo en Chile en las últimas décadas, lo que ha habido es una sucesión de intentonas y pilotos que fueron rápidamente suspendidos, en gran medida por la oposición de sectores económicos que, como muestran los indicadores, no innovan ni están pensando en cómo resolver los desafíos del siglo XXI. Nuestra propuesta es fortalecer el músculo de fomento productivo del Estado, con empresas privadas que cumplan su rol, pero con el sector público liderando la inversión en sectores riesgosos y estratégicos.

Y hay un desafío político que no podemos eludir: desde las fuerzas de izquierda tenemos que construir una épica, una narrativa, una identidad alrededor de nuestra propuesta de desarrollo. Si vemos lo mejor de nuestra historia como izquierda, hubo mucha épica en torno a la discusión económica. Últimamente no la tenemos. La transición ecológica es el único camino para poder construir apoyo mayoritario a una propuesta de cambios estructurales.

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