Las tecnologías no son neutras. La historia así lo demuestra. Los trenes a carbón del siglo XIX no fueron un simple avance en el transporte, se pensaron dentro del proyecto político expansionista de la Inglaterra. Las primeras redes de computadores, las que dieron origen a internet, nacieron en el Pentágono. Y la inteligencia artificial de hoy no se puede disociar de la carrera geopolítica de Estados Unidos versus China, del complejo militar estadounidense ni de las tres empresas que controlan la infraestructura en la que corre.
Solemos pensar las tecnologías como herramientas neutrales que pueden usarse bien o mal, sin preguntarnos si fueron diseñadas para producir ciertas consecuencias.
Porque "lo que acecha al siglo XXI no es tanto el pasado como todos los futuros perdidos que el siglo XX nos enseñó a anticipar", mARK fISHER. Uno de esos futuros perdidos tiene dirección en Santiago.
Entre 1971 y 1973, el gobierno de Salvador Allende intentó gobernar la economía nacionalizada con una red de computación. El Proyecto Synco —Cybersyn, en inglés— nació de una invitación de Fernando Flores, entonces gerente técnico de CORFO y de apenas 28 años, al cibernético británico Stafford Beer. La idea era conectar por télex a las empresas del Área de Propiedad Social con un computador central en Santiago, para que la información de la producción llegara a diario, detectara problemas a tiempo y permitiera decidir con los trabajadores en vez de desde un escritorio ministerial. El sistema tuvo su prueba de fuego en el paro de camioneros de octubre de 1972, cuando la red sirvió para coordinar el abastecimiento del país. Llegó a existir un prototipo de sala de operaciones diseñado en el INTEC —siete sillas giratorias con botones en los apoyabrazos, pantallas en las paredes— que Allende visitó; según contó Beer, al ver el diagrama del sistema, el presidente señaló el nivel más alto y dijo: "por fin, el pueblo". Tras el golpe, los militares desmantelaron la red y destruyeron la sala. Fue, literalmente, un internet socialista que duró menos de dos años.