El Mundial 2026 arranca este jueves 11 de junio en Ciudad de México, donde la selección local enfrentará a Sudáfrica en el partido inaugural. Sin embargo, el evento deportivo más importante del planeta comienza lejos del ambiente festivo que suele acompañar este tipo de torneos, marcado por protestas sociales, cuestionamientos políticos y una menor efervescencia futbolera de la esperada.
Las principales preocupaciones de las autoridades mexicanas se concentran en las movilizaciones convocadas por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), cuyos integrantes mantienen desde hace semanas protestas para exigir mejoras salariales y cambios al sistema de pensiones.
Las negociaciones entre el Gobierno de Claudia Sheinbaum y los dirigentes del gremio no lograron un acuerdo a pocas horas de la ceremonia inaugural, manteniendo la incertidumbre sobre posibles manifestaciones durante la jornada.
A las protestas de los docentes se suman movilizaciones de colectivos de familiares de personas desaparecidas, transportistas, campesinos, pensionados y organizaciones sociales que anunciaron actividades en distintos puntos de la capital mexicana coincidiendo con la apertura del Mundial. Algunas de ellas contemplan concentraciones en sectores cercanos al Estadio Azteca —denominado oficialmente Estadio Ciudad de México durante el torneo— y en las inmediaciones del FIFA Fan Fest instalado en el Zócalo capitalino.
El Mundial más grande enfrenta desafíos inéditos
Además de las protestas, el torneo enfrenta una serie de desafíos que han generado debate internacional. La edición 2026 será la primera con 48 selecciones participantes y 104 partidos distribuidos entre México, Estados Unidos y Canadá, una expansión sin precedentes que ha elevado considerablemente los costos operativos y logísticos.
Uno de los aspectos más criticados ha sido el elevado precio de las entradas para varios encuentros, especialmente en Estados Unidos, situación que ha generado reclamos entre aficionados y especialistas deportivos. A ello se suman las dificultades migratorias derivadas de las políticas de visado estadounidenses, que han afectado a hinchas, periodistas e incluso participantes vinculados al torneo.
También existe preocupación por el contexto internacional. El Mundial se disputa en medio de un escenario global marcado por conflictos bélicos y tensiones geopolíticas, especialmente en relación con la política exterior estadounidense, lo que ha llevado a organizaciones sociales a utilizar la vitrina mundialista para visibilizar distintas causas.
Menor entusiasmo popular que en otras ediciones
A diferencia de otros mundiales celebrados en América Latina, diversos analistas y medios mexicanos advierten una menor conexión emocional de la ciudadanía con el torneo.
La coexistencia de conflictos sociales, críticas a la FIFA, cuestionamientos por los costos y la sensación de que gran parte del espectáculo se concentrará en Estados Unidos han contribuido a moderar el entusiasmo.
Las autoridades mexicanas han desplegado amplios operativos de seguridad y movilidad para garantizar el normal desarrollo de la inauguración. La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el evento se desarrollará “en paz” y descartó medidas represivas contra los manifestantes, apostando por el diálogo para evitar incidentes.
Pese al complejo escenario, millones de espectadores seguirán este jueves el inicio de una Copa del Mundo histórica, que durante los próximos 39 días concentrará la atención del planeta y pondrá a prueba la capacidad organizativa de tres países anfitriones en un contexto político y social especialmente desafiante.