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¿Árboles vs. personas? Los mecanismos vegetales que protegen a los humanos de sequías, contaminación y calor extremo, según la ciencia
Persona se refugia bajo la sombra de un árbol. Foto: Agencia UNO.

¿Árboles vs. personas? Los mecanismos vegetales que protegen a los humanos de sequías, contaminación y calor extremo, según la ciencia

Por: María del Mar Parra | 30.01.2026
“Ustedes que le dan más importancia a los árboles que a las personas, nos vamos a enfrentar y vamos a ir a juicio", dijo el futuro ministro Iván Poduje esta semana, desatando críticas de científicos que lo acusan de una "falsa dicotomía" que ignora el rol vital de los árboles como protectores de la salud y bienestar de las personas.

“Ustedes que le dan más importancia a los árboles que a las personas, nos vamos a enfrentar y vamos a ir a juicio", declaró esta semana el futuro ministro de Vivienda Iván Poduje, entrampándose en un debate contra un académico, al que acusó de frenar proyectos de inversión.

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Los dichos, que replican la postura adoptada públicamente por el presidente electo José Antonio Kast sobre la evaluación ambiental de proyectos, fueron criticados por científicos como perpetradores de una "falsa dicotomía" entre naturaleza y bienestar humano, cuando ambas cosas están intrínsecamente vinculadas.

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Tal como ha develado la ciencia a través de diversos estudios, los árboles en el mundo y en Chile aportan en la provisión de agua potable, regulan la temperatura local actuando como refugios climáticos ante el calor extremo, fijan nutrientes en el suelo evitando su erosión, aluviones e incendios, limpian el aire y retienen carbono desacelerando la crisis climática.

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Árboles y el agua

Los árboles están intrínsecamente relacionados con el ciclo del agua. Su funcionamiento reduce la velocidad del agua que corre por la superficie y la retiene. Sus raíces generan canales que logran conducir el agua hacia lo profundo del suelo y los acuíferos subterráneos, filtrándola de contaminantes en el proceso. También filtran el agua hacia el aire en forma de oxígeno y vapor de agua, lo que contribuye a la humedad del ambiente y al ciclo de lluvias.

Estudios cada vez más amplios han demostrado la relación entre la deforestación y la falta de lluvias, así como la mejora en la disponibilidad de agua de un río cuando las cabeceras y bordes de cuencas están cubiertas con árboles nativos.

En comunidades de Chile, como la localidad rural de Mashue en Los Ríos, campesinos han generado grandes proyectos de restauración de cuencas con árboles nativos para superar sequías en sus sistemas de Agua Potable Rural.

Esta misma capacidad, reduce el riesgo de inundaciones, aluviones y deslizamientos de tierra al retener el suelo, fijar nutrientes en él y hacerlo más poroso y menos impermeable, lo que evita grandes flujos de agua que corren por la superficie arrastrando contaminantes aguas abajo.

Árboles y el calor

Los árboles son grandes aliados ante la crisis climática que ha aumentado aceleradamente la frecuencia e intensidad de las olas de calor extremo en el mundo. Los árboles entregan sombra y frenan la radiación, evitando su impacto directo sobre la superficie terrestre. Gracias a esto, logran reducir hasta en 10 grados la temperatura en superficies expuestas en las ciudades.

Esta capacidad termorreguladora ha convertido a los árboles en aliados para crear refugios climáticos dentro de las ciudades, entregando a las personas espacios accesibles donde escapar brevemente del calor mitigando impactos en la salud que pueden ser incluso mortales para ciertos grupos de riesgo.

Árboles e incendios

Así como el pino y el eucalipto son especies pirófitas que incentivan la propagación de incendios y hasta se benefician de las llamas para seguir reproduciéndose, hay otras especies vegetales que logran reducir el paso de las llamas, actuando como cortafuegos naturales.

Un ejemplo son las plantas suculentas, como docas y otras especies de hojas gruesas, carnosas y que almacenan altos contenidos de agua en su interior. En Chile, se volvió viral la imagen de un condominio rodeado de suelo quemado, pero que quedó intacto por las llamas. Según la comunidad del lugar, uno de los mecanismos que usaron para salvarse del fuego fue la creación de una barrera de docas rodeando las viviendas, que retrasaron las llamas.

En el jardín botánico de Viña del Mar, que se vio afectado por el incendio de 2024, botánicos y especialistas están creando una "primera línea" con árboles como el litre, el quillay y el colliguay que son nativos de Chile, adaptados a condiciones de sequía y calor, y que arden más lentamente, para así dar oportunidad al combate del fuego.

Árboles y la contaminación

A través de la fotosíntesis, los árboles absorben dióxido de carbono de la atmósfera, mitigando el avance del calentamiento global, y liberan oxígeno en su lugar. Pero además de este proceso vital para el planeta, tienen un impacto positivo en la calidad del aire a nivel local.

Esto ya que logran capturar partículas en suspensión y compuestos químicos como los óxidos de nitrógeno o el dióxido de azufre, evitando que se depositen en zonas habitadas con efectos nocivos para la salud de las personas.

Bajo el suelo, las raíces de los árboles también cumplen un rol filtrador, no solo limpiando el agua sino que también capturando elementos dañinos y contaminantes como metales pesados.

En la comuna de Diego de Almagro, ubicada entre un tranque de relaves mineros y una mina de hierro en el norte de Chile, vecinos y vecinas plantaron un bosque nativo en pleno desierto con especies cuyas raíces forman una malla protectora que impide que el polvo con material particulado y metales pesados del suelo se levante y pueda ser respirado por las personas.

Otras de las especies plantadas logran capturar y mantener los metales pesados del suelo cerca de sí, a través de una sustancia que emana de las raíces y que actúa como “pegamento”. Esto hace que los metales no queden disponibles para ser liberados al ambiente cuando haya riego o lluvia.

Fitorremediación es el principio detrás de este proyecto. Esto significa la restauración ecológica, utilizando la capacidad que tienen ciertas plantas para acumular, metabolizar, volatilizar o estabilizar contaminantes acumulados en el suelo, el aire, el agua o los sedimentos.