Llaman a convertir paisaje de Chile en un mosaico diverso para frenar la propagación de mega incendios
“Cuando uno hace un análisis a escala de paisaje en comunas como Maule, Biobío y la Araucanía, hay parches de 300 mil hectáreas continuas de monocultivo forestal. Estas prácticas productivas permiten que se plante pino y eucalipto sobre extensas áreas en condiciones similares. Tienes una superficie de cientos de hectáreas con una masa forestal en el mismo estado de desarrollo con una continuidad en el combustible entonces no hay una fragmentación del paisaje y cuando viene un incendio, no se puede parar”.
Así explica el investigador de la Universidad de Concepción, Jorge Feléz, uno de los principales problemas que existen en Chile en cuanto a prevención de incendios forestales, y que hoy vuelve a despertar el llamado a crear un paisaje más resiliente, en un momento en que zonas como el Biobío se enfrentan una vez más a incendios devastadores.
Para el académico de la Universidad Austral y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, Mauro González, Chile ha avanzado mucho en prevención de incendios en los últimos años. Pero aún queda un desafío relacionado con el ordenamiento territorial y el modelo forestal, para crear un paisaje que se vea más como un mosaico.
“Tenemos brigadas, tecnología, coordinación interinstitucional, colaboración privada y pública, y también comunidades locales cada vez más conscientes y preparadas para prevenir y enfrentar incendios, pero dado la condición climática esto no es suficiente, ya que poseemos un paisaje muy combustible”, afirma González.
Este llamado a transformar el paisaje se vuelve aún más acuciante considerando que las proyecciones del cambio climático vaticinan veranos más calurosos, con vientos fuertes que se suman a la sequía estructural que sigue atravesando el país, generando un escenario más propicio para la propagación de incendios forestales.
Paisaje mosaico
En el debate sobre la combustibilidad del paisaje chileno se ha planteado incluso crear una ley de ordenamiento territorial, para poder implementar un paisaje heterogéneo y diverso que se vea como un mosaico de distintos usos de suelo, y con una planificación según la aptitud del suelo y de las comunidades en cada sector del país, así como de adaptación a los riesgos que presenta cada lugar. Este tipo de paisaje haría mucho más difícil la propagación de incendios a gran escala.
González menciona por ejemplo el caso de Portugal, donde hay lugares donde ya no se permite plantar eucalipto porque es una especie difícil de apagar y porque ya existe mucha continuidad de ese tipo de vegetación.
La misma industria forestal, que ha avanzado en la silvicultura preventiva generando cortafuegos, podría avanzar aún más en incorporar distintas especies y de distintas edades, con mayor distancia entre cada árbol para disminuir la densidad y no talar grandes extensiones de una sola vez, como medidas para generar una diversidad estructural en el paisaje, propone el académico.
Talar grandes paños de terreno de una sola vez es otra práctica que se ha apuntado como riesgosa. En algunos países incluso está prohibida la tala rasa de más de 20 hectáreas continuas, para evitar la homogeneidad de la biomasa combustible.
En otros lugares, en vez de cosechar todo un paño de una sola vez, se hace una selección de árboles puntuales que se pueden cortar y reemplazar, asegurando que la plantación mantenga su condición de bosque con árboles de distintas edades y alturas.