Quilicura, anime y un superhéroe chileno: Las claves de Matapanki, la película nacional que promete robarse el 2026
Matapanki puede ser una canción punk de dos minutos y medio. Una patada en el hocico. O un copete al seco a las 5 de la mañana. Puede ser eso y todo a la vez, porque la primera película dirigida por Diego "Mapache" Fuentes (25) bebe tanto de esa obra maestra del cine chileno dirigida por José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola, El Pejesapo (2007), como del cine de Kaijus tipo Ultraman o, en sus diálogos, de Dragon Ball Z.
Aunque sobre todo destila —nunca mejor dicho— creatividad, juventud y una buena dosis de irreverencia.
"Nunca fue la idea de romper una especie de 'canon', sino hacer algo personal, vernos representados con nuestro drama", explica el director en conversación con El Desconcierto, junto al actor protagónico Ramón Gálvez (26) y el productor Tomás Santelices (27), tras el paso triunfal de la película por FICValdivia donde obtuvieron el premio a Mejor Película Chilena.
La cinta cuenta la historia de Ricardo, un joven punk que cuida a su abuela con fibromialgia. Tras beber una bebida alcohólica misteriosa, adquiere superpoderes que se activan al consumir alcohol. Por accidente, mata al presidente de Chile, desatando un conflicto mundial en su contra.
Muchas voces después de su estreno en Valdivia, donde fue recibida por el público con la efervescencia como si se tratara más bien de una tocata, la compararon con Denominación de Origen (2025) de Tomás Alzamora. Lo cierto es que estéticamente no pueden ser más distintas. Videoclip, color, sabor, longaniza, música e identidad, en el caso de la oda a las vicisitudes de San Carlos. Y rotoscopia, punk, copetes mezclados como malo de la cabeza, en el lado de este nuevo superhéroe chileno.
Pero en su médula —o centro ético— ambas comparten un amor por el territorio que filman, por el cine y sus formas más allá de los avatares clásicos de la producción chilena. Se apropian de sus herramientas, más allá si sean glamorosas o no, las mezclan y juegan con ellas, sumado a un genuino cariño por sus personajes.
Son dos espejos en los que Chile se mira, porque puede ser San Carlos o Quilicura, como puede ser también Ovalle, Curepto, Renca, Alto Hospicio o cualquier ciudad alejada de ese centro donde se produce y se mira a sí misma la cultura en Chile, y que muchas veces parece atraerlo y absorberlo todo, hasta devolverlo sin su potencia original.
El año de Quilicura
Quilicura es justamente una de las protagonistas de la película. El 90% del rodaje se realizó allí. Para Tomás Santelices el proceso significó un año completo en terreno. "Caminando las calles, buscando casas para arrendar, plazas para poder grabar. Yendo a la municipalidad muchas veces, pedir los permisos, conocer a la gente del Centro Cultural. Fue como envolverse y empaparse de la cultura", cuenta.
Tomás recuerda que llegaron a un punto en que podía decir "soy vecino" y dar una dirección. "Ya era como parte de la comuna. Hola, vecino, ¿cómo estás?" Esta inmersión territorial no fue casualidad. La cineasta Camila José Donoso, directora de Naomi Campbel (2013) y una de las asesoras del proyecto en la Universidad del Desarrollo, aportó precisamente esa visión sobre cómo trabajar desde el territorio. "Necesitábamos esa visión de una mujer, porque gran parte del equipo son muchos hombres", reconoce Diego.
El soundtrack de Matapanki incluye bandas punk nacionales que apañaron el proyecto: Dolor de Muela, Mano de Obra, Altoids y Los Mirlos. Todas las canciones fueron seleccionadas personalmente por Diego, completando una banda sonora que respira el espíritu de las tocatas autogestionadas donde la entrada era "un libro, un alimento no perecible". Sumado a la música original de Ian Strika de la banda Wayeiya.
Blanco, negro y rotoscopía
La decisión estética de filmar en blanco y negro y usar rotoscopía para las escenas de acción no estaba desde el principio. El guión original era de escala enorme: una batalla gigante en el centro de Santiago. Pero eran estudiantes con recursos limitados enfrentando una producción que se extendió por más de tres años.
Niles Atallah, director de Rey (2017) y otro de los asesores de la universidad, les enseñó la técnica de rotoscopía, que consiste en calcar fotograma a fotograma una secuencia de imágenes reales para lograr movimientos realistas y fluidos.
Para las peleas, la referencia visual era clara: la película surcoreana de Park Chan-wook, Old Boy (2003), específicamente la mítica escena de pelea en el pasillo. Decidieron hacer maquetas del centro cívico de Santiago. El primer resultado fue decepcionante. "Quedó como lo obvio", dice Diego.
El productor les dio libertad, gastaron más plata. Cuando Diego vio ese primer intento, su reacción fue contundente: "Estaba horrible".
Pero entonces, dice Tomás, "la creatividad como que explotó, y nos paramos de meterle hasta que quedó muy bien". El resultado final son nueve minutos de combate y batalla.
Ernesto Díaz Espinoza, uno de los "maestros" para Diego "Mapache" Fuentes, que estrenó Kiltro (2006) en la misma sala de Valdivia donde se presentó Matapanki, llegó al final del proceso para ayudar con el montaje de las escenas de acción. Finalmente, cerrando el círculo de influencia y colaboración, terminó presentando la película en su segunda función: "El cine de género sigue viviendo, y entre las patadas y entre la acción, entre el conflicto, se puede contar algo de tu país".
Casting de leyenda
La historia del casting de Ramón Gálvez podría ser una película en sí misma. El actor vio la convocatoria "varias veces" en Facebook e Instagram, y la ignoró. Cuando finalmente decidió postular, confió en Google Maps en lugar de las indicaciones del equipo de producción. Error. Llegó media hora tarde, convencido de que no quedaría.
Pero Diego tenía un test preparado. A todos los candidatos les preguntaba por bandas punk. "¿Te gusta alguna banda? ¿Cuál es tu película favorita? ¿Sabes lo que es un matapanki?" Ramón conocía varias bandas, había sido "panketa". "Le gustaban algunas bandas y me las empezó a nombrar, y yo dije: tiene que ser él".
El casting de Rosa Peñaloza, quien interpreta a la abuela, tuvo otra dinámica. Diego la conoció en Valdivia durante el estreno del documental Tan Inmunda y tan Infeliz (2022), sobre su hija, la mítica activista y artista transformista Hija de Perra. Le propuso actuar. Ella se rió, pensó que era broma. "Nunca había actuado", cuenta el director. Para prepararla, Diego organizaba desayunos en su casa con otros actores. "Hacíamos un desayuno en mi casa con el Ramón, con la Antonia (McCarthy) y con el Diego (Bravo) —quienes interpretan a los amigos de Ricardo—, y hablábamos de la vida. Solo para ir entrando en confianza".
Y luego está la historia de Ximena, la dueña de una botilleria de barrio y amiga del grupo de amigos, interpretada por Ximena Galleguillos. Al equipo siempre les advertían en la universidad: "Cuando busquen actores, no se metan a Telón". Este es un sitio web para buscar actores que tiene mala fama en la industria, donde cualquier persona se puede publicitar. Pero necesitaban una actriz con características específicas. "Dije, voy a buscar en Telón", confiesa Diego contraviniendo lo que le habían dicho. Encontraron a Ximena. Era perfecta. Y además, resultó ser amiga del mítico dueño de una tienda de pelucas, Juan Carlos Avatte, protagonista de Il Siciliano, el documental de Sepúlveda, Adriazola y Claudio Pizarro que incluye un guiño en Matapanki: un pendón en una botillería que dice "Pelucas Avatte".
La escuela de la lucha libre
Antes de filmar, los actores recibieron entrenamiento de lucha libre profesional. Fueron tres o cuatro sesiones con Alfredo Teló, el coordinador de stunts. "Era básicamente aprender a recibir golpes, cómo caer", explica Ramón. La experiencia fue tan valiosa que el actor continuó entrenando después del rodaje, "siempre tratando de meter alguna secuencia de pelea" en sus proyectos universitarios posteriores.
La preparación física se nota en pantalla. Las escenas de combate tienen una presencia física real, actores que saben caer, que entienden el timing. "La lucha libre igual es demasiado teatral. Entonces te obliga a tener presencia, cuerpo y actitud", reflexiona Ramón.
En el set, todos querían hacer sus propios stunts. "Y la mayoría era como: no, yo me caigo. Yo me tiro al suelo", cuenta Diego riendo. Estaban todos emocionados, sin pensar en las consecuencias posibles.
El equipo soñado
Por otra parte, el proceso de asesoría fue construyéndose por etapas. Diego enumera a sus mentores con reverencia casi religiosa. A los ya mencionados Camila José Donoso y Niles Atallah se sumó Paula Astorga, directora y productora mexicana "muy taquillera" que revisó el proyecto en una instancia y "les abrió la cabeza" con su asesoría sobre cómo pensar el cine de género desde una perspectiva comercial.
Además, Martín Rejtman trabajó con ellos en dos instancias: guión y primer corte, en el marco de Encuentros Australes, la parte de desarrollo de industrias del FICValdivia. "Nos enseñó técnicas, nos dijo: esto les va a pasar, estén tranquilos, se va a solucionar". Era su primer rodaje grande, necesitaban esa calma.
Pero el momento cumbre fue cuando llegó Ernesto Díaz Espinoza. Para Diego, que había usado películas como Kiltro (2006) Mirageman (2007) — que retrata a otro superhéroe chileno —como referencia directa, fue un sueño. "Cuando entró en la sala de montaje, era como: no puedo creer que esté acá, que esté físicamente". El director recuerda que cuando presentaban el proyecto decían: "Es una película como la de Ernesto".
Valdivia como sueño cumplido
El FICValdivia "siempre fue un sueño", dice Diego, "porque históricamente ha dado cabida a cineastas jóvenes con propuestas más raras, no existe otro festival más ideal en Chile para estrenar la película". Pero nadie esperaba la recepción que tuvieron.
Gente quedó afuera de la sala. La ovación duró varios minutos. El público se llevaba afiches —con los que habían empapelado Valdivia días antes—, pedían autógrafos. "Gente se tatuó 'Matapanki'", cuenta Tomás aún sorprendido. Ganaron Mejor Película Chilena y Mejor Largometraje Juvenil. Eran la única película chilena en categoría juvenil, estudiantes compitiendo contra profesionales nacionales e internacionales.
El cine desde los márgenes
La película continuará su recorrido por festivales antes del estreno comercial. Matapanki fue seleccionada para el 7° Festival de Cine Nacional de Ñuble, que se realizará entre el 13 y 17 de enero de 2026 en el Teatro Municipal de Chillán. La cinta formará parte de la sección Panorama Nacional, junto a La Ola de Sebastián Lelio y la versión restaurada en 4K de El Húsar de la Muerte (1925).
Para Diego "Mapache" Fuentes, participar en Ñuble tiene un significado especial. "Tiene que ver con el hecho de entender y trabajar el cine desde los márgenes. Matapanki nace en un lugar históricamente periférico tanto social como dentro del imaginario audiovisual chileno. Son pocas las pelis que tienen a la comuna como protagonista, entonces es súper lindo llevarla a un festival que tiene una visión similar: hace que dos territorios dialoguen y puedan construir vínculos e identidad gracias a la cultura".
En esto coincide con Tomás Alzamora, director de Denominación de Origen y del Festival de Ñuble: "Creo que es una cuestión de lucha de identidad, muy autobiográfica. Desde muy chiquitito crecí en San Carlos, y cuando llegaba a Santiago y te preguntan '¿de dónde eres tú?'. De San Carlos. Y nadie tiene idea de dónde está, nadie sabe dónde queda, qué hay. Entonces crecí con esa sensación de que tenía que construir esa identidad sancarlina. Da lo mismo de dónde seas, puede ser de una población, del campo, pero yo era de allá y nadie tenía idea, a nadie le interesaba"
Diego reflexiona sobre el valor de estos espacios descentralizados: "Siento que es un privilegio poder proyectar la peli en festivales como Ñuble, Chiloé o incluso Cuba porque no solo se exhibe, sino que se discute y se lee desde una recepción situada, hace que el cine funcione como un punto de encuentro entre dos mundos, un espacio de memoria y comunidad".
Estreno primer semestre 2026
La distribución comercial está programada para el primer semestre de 2026. Tomás explica la estrategia: aprovechar el impulso del festival. La lección de Denominación de Origen es clara: "Se estrenó pronto tras Valdivia, tuvo éxito". Esperar un año hace que la gente olvide. Pueden perseguir algunos festivales más, pero la prioridad es el estreno comercial.
Diego, Ramón y Tomás tienen entre 25 y 27 años. Hicieron una película de egreso sobre un superhéroe punk de Quilicura que mata al presidente por accidente. La filmaron en blanco y negro, usaron rotoscopía, maquetas del centro de Santiago, y metieron referencias a Ultraman y Dragon Ball Z. Ganaron dos premios en Valdivia. Ahora se preparan para llevar a Ricardo y sus superpoderes alcohólicos a las salas de todo Chile.