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Tomás Alzamora tras el éxito de Denominación de Origen:

Tomás Alzamora tras el éxito de Denominación de Origen: "Para mí no es cine, es videoclip, campo, poesía, cueca y comida"

Por: Matias Rojas | 02.01.2026
El director de "Denominación de Origen" conversó con El Desconcierto sobre el Festival de Cine Nacional de Ñuble, que del 13 al 17 de enero de 2026 celebrará su séptima edición en Chillán, San Carlos, Cobquecura, San Fabián y Quillón. Además, reflexiona sobre la necesidad de reivindicar lo popular chileno en el arte y anticipa el documental que prepara sobre Pablo Chill-E, proyecto que comenzó tras un inesperado viaje a Japón con el líder de la Shishi Gang y Yung Beef.

Tomás Alzamora nunca olvidará la primera batalla que tuvo que librar para mostrar su primera película. Cuando estrenó "La Mentirita Blanca" en 2017, el cine Hoyts de Chillán se negó a programarla en sus salas, pese a que el filme contaba con distribución comercial y había sido realizado íntegramente en la Región de Ñuble. La presión de la comunidad a través de redes sociales logró revertir la decisión, pero el episodio marcó el compromiso del cineasta sancarlino con la descentralización cultural. Esa experiencia fue el punto de partida para la creación del Festival de Cine Nacional de Ñuble, que desde 2019 se ha consolidado como uno de los eventos cinematográficos más importantes del centro-sur de Chile.

Su segunda película, "Denominación de Origen", estrenada en abril de 2025, se convirtió en uno de los fenómenos del cine chileno reciente. Con solo 16 copias en circulación —muy por debajo del promedio de 60 copias que suele tener un estreno nacional— la cinta superó los 70.000 espectadores y se posicionó entre las 10 producciones chilenas más vistas del año. El filme, rodado íntegramente en San Carlos con actores naturales de la región, agotó funciones en múltiples ciudades y obtuvo el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Valdivia.

Este 2026, el Festival de Cine Nacional de Ñuble, del cual es director, celebrará su séptima edición del 13 al 17 de enero con funciones en Chillán, San Carlos, Cobquecura, San Fabián y Quillón. El evento presentará una competencia de largometrajes y cortometrajes chilenos, entre los que se incluye Matapanki, La Corazonada, Desierto Verde, entre otras. Además de talleres de formación cinematográfica y encuentros con realizadores de todo el país.

En conversación con El Desconcierto, Alzamora reflexiona sobre su vínculo con lo popular chileno, su estilo cinematográfico y los proyectos que lo mantienen filmando entre San Carlos y el mundo.

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-¿Cómo ha evolucionado el festival desde esa primera edición?

Al segundo año ya tomamos el Teatro Municipal de Chillán, que es nuestra sede principal, una sala de 1.200 butacas que junto al Centro de Cultura Cinematográfica de Valdivia convertimos en un cine profesional, con proyector DCP, con sonido envolvente 5.1. Ahí empezamos a trabajar en serio, armamos una competencia, talleres, y tenemos también un laboratorio.

Entre cuatro amigos y con un cine que existía en Ñuble, el Cine Oz, conseguimos una pantalla inflable. Fuimos un día a cada plaza, pusimos un par de palomas y proyectamos películas chilenas, llevamos a los realizadores, hicimos mediaciones para que la gente pudiera participar y compartir con los actores. Era puro cine nacional, porque hay un montón de producciones que no se muestran en regiones.

-¿Cómo ha sido la recepción del público en Ñuble?

Súper buena. Al principio teníamos 30 personas, pero después fueron 70, ahora ya estamos con números de 200, 250, 300 espectadores viendo una obra chilena a las 5 de la tarde. Eso para un territorio que no es cinéfilo y que es gente local, es muy bueno, porque eso es una sala llena de cualquier espacio comercial.

Como aquí tenemos 1.200 butacas, se llena todo el primer piso, y en la inauguración se completa. Es una de las salas más grandes de Chile. Ha ido creciendo, la gente lo espera, se llena de voluntarios, entonces ha estado muy bueno.

La identidad sancarlina y lo popular chileno

-Viendo tu trabajo audiovisual y esta intención que tienes con el Festival, se nota un deseo fuerte de reivindicar lo local, lo popular y lo chileno. ¿De dónde viene eso?

Creo que es una cuestión de lucha de identidad, muy autobiográfica. Desde muy chiquitito crecí en San Carlos, y cuando llegaba a Santiago, iba de vacaciones a algún lado y te preguntan "¿de dónde eres tú?". De San Carlos. Y nadie tiene idea de dónde está, nadie sabe dónde queda, qué hay. Entonces crecí con esa sensación de que tenía que construir esa identidad sancarlina.

Da lo mismo de dónde seas, puede ser de una población, del campo, pero yo era de allá y nadie tenía idea, a nadie le interesaba, nos miraban medio raro. Crecí con eso desde muy chico. A los 12 años hice un festival de rap, yo soy rapero, siempre "San Carlos, San Carlos". Siempre he tenido esa marca desde pequeño, de mostrarle al mundo nuestra tierra, nuestras bondades, con orgullo, con lo bueno y con lo malo.

También viene mucho de mi familia. Como emigraron desde Santiago, mis papás estaban muy solos allá, entonces siempre llegaba mucha gente al hogar. Mi abuela, los primos, todo el verano, 20 personas. Vivíamos en una vivienda de dos piezas, éramos tres hermanos, mi mamá en su pieza con mi papá, y no sé cómo entraban 15 personas durmiendo ahí. Siempre había espacio. A pesar de que no había tanta plata para la comida, se hacía un asado, la longaniza que es barata se multiplica, con un kilo comen 20.

Tengo eso desde muy niño: que lleguen, que pasen y recíbanlos con el máximo amor posible. Es una cuestión muy de provincias, de "pasen todos nomás y aquí nos arreglamos". Cuando vamos a filmar a Ñuble, vas a una casita chiquitita, la señora no tiene ni uno y te hace sopa, te dice "quédate, quédense a tomar once". Ese es el espíritu de la región.

-¿Sentías que eso no estaba tan representado en el cine chileno más tradicional?

Sí. Hay algunas producciones que retratan eso, pero nos hemos quedado un poco en la historia ñuñoína, como le llaman, más urbana, más de la ciudad, más poblada, harto cemento. Pero también hay una cuestión con esto de lo nacional, de la bandera chilena, que en algún momento y hasta el día de hoy se sigue manoseando para un lado político.

-¿Sientes que eso de "lo chileno" se fue muy para la derecha y se abandonó de otros sectores, siendo que es fundamentalmente popular?

Siendo que somos nosotros. Son lo popular, la empanada de pino, el pan con arrollado, el ají, el pastel de choclo es del pueblo. Pero un sector político, la derecha en este caso, lo tomó y se apropió de eso. Ahí la gente del arte quizás se empezó a alejar un poco. Antes hablaban harto por la época de los setenta, con "empanada y vino tinto", había una cuestión así con el folclore, Violeta Parra, toda la familia de los Parra. Después se manoseó un poco y nos alejamos de ahí, pero eso es nuestro, no es de ellos.

El estilo cinematográfico: entre el rap y el cine

-Otra cosa que me parece interesante de tu trabajo es que tiene marcas de estilo que vienen de la música. Fuiste rapero, has dirigido videoclips, y tienes una forma de filmar distinta a lo tradicional, pero que conecta muy bien con la visualidad.

Yo no provengo del cine, provengo de la música, del campo, de las poblaciones sancarlinas, de las radios. Ahí inventábamos juegos, era pura vida y creatividad. No estoy preocupado de hacer películas, no estoy preocupado de cómo se hacen, cómo se encuadran. Para mí es un juego. Si lo quieren llamar cine o filme, para mí es videoclip, para mí es campo, para mí es poesía, es cueca, es comida. El lenguaje es cinematográfico, pero yo no tengo una búsqueda consciente de cómo tienen que quedar las obras.

Yo estoy en un camino donde me quiero divertir. Si hoy día es una producción y mañana es una fiesta, o una choripanada, o es una exposición... estuve en Artes Mediales también, con una visión extendida. Eso es lo que me interesa, divertirme, no tan rígido. Me encanta aprender de todo, meterme a payaso. Soy inquieto, me parece que los formatos de expresión son lindos.

Yo admiro a Violeta Parra. Desde la ignorancia te metías en una arpillera, desde la ignorancia te ponías a cantar, te ponías a escribir. ¿Por qué no? Eso me divierte. Por eso el resultado, a algunos quizás les gustará, a otros no, pero también por eso es medio desordenado, collage, videoclip, animación, documental, ficción...

"Pablo de Chile": su próxima película documental

-Supe que estás preparando un documental sobre Pablo Chill-E. ¿Cómo ha sido ese trabajo?

Muy interesante. Llevo como seis años colaborando con él, empecé filmando sus videoclips, unas cápsulas audiovisuales. Después tuve la oportunidad de que me llamó un día y me dijo: "Vámonos a Japón". Justo era noviembre, yo estaba full con el festival. Le dije "¿ya? ¿Pero cuándo?" Y me dice: "En la noche".

Le dije "¿en serio?" Me explicó que Yung Beef lo había invitado, porque había venido a Movistar Arena y en esas conversaciones le dijo "tengo una casa en Tokio, ven a verme y hacemos música". Pablo, que tenía un tiempo en la agenda y tenía una plata, se compró un pasaje y me dijo "pero no quiero ir solo, ¿me puedes acompañar y filmamos unos videos?"

Le avisé a mis socios, a Pablo Calisto, a mi compañera, y los dos me dijeron al tiro "ándate, nosotros aquí ordenamos, nos hacemos cargo, documenta, graba". Ahí empecé a registrar, más como entrevista, una volada más documental.

-¿Cuánto tiempo estuvieron en Japón?

Dos semanas los dos solos, con Yung Beef. Primero nos quedamos los primeros cinco días en su departamento de 18 metros cuadrados. Dormíamos los tres en una cama, porque Japón es todo enano. Salíamos a grabar a los estudios, después llegó Cooking Soul a hacer un concierto y dijo "oye, vente al estudio, grabamos". Con ese material armé un videoclip.

Después se sumó un chico, el Matatata, de San Felipe, que es animador, subió una OEA y me dijo "oye, yo quiero aportar", porque era un video hecho con las ganas.

Ahí creció mucho la relación, postulamos al fondo audiovisual, ahora estamos esperando los resultados, y yo seguí filmando harto también a Pablo. Si todo sale bien, debería estrenarse el segundo semestre del próximo año. Estamos registrando, ahora grabamos el Festival de Viña, toda esa preparación, y después saliendo de eso, en marzo deberíamos filmar el guión, su historia, entrevistas. Es un proyecto medio rápido que queremos hacer. Ha sido súper interesante trabajar con Pablo.