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Programas presidenciales: La paradoja de ser necesarios, y al mismo tiempo irrelevantes
Foto: Agencia Uno

Programas presidenciales: La paradoja de ser necesarios, y al mismo tiempo irrelevantes

Por: Sergio Arancibia | 29.08.2025
En el mundo contemporáneo las ideas de la política, de la cultura y de las visiones del mundo en general, no se conforman ni compiten entre sí por medio de la confrontación de libros contra libros, o de documentos contra documentos, sino por la vía de mensajes breves, emitidos por la vía de los modernos medios de comunicación de masas, que tienen realmente audiencia.

Los programas presidenciales cumplen varios objetivos. Por un lado, es un requisito legal para poder inscribir una candidatura. Ese programa hay que presentarlo ante el Servel, pero ese órgano electoral no entra a analizar ni a opinar sobre la calidad de los programas recibidos.

Pueden ser cortos o largos, con ideas precisas o con ideas muy generales, con metas de largo plazo o planes contingentes, con un toque de utopía o meros asuntos pragmáticos, o puras buenas intenciones, o como sea.

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Pero los programas presidenciales también sirven para unificar ideas o para que se pongan de acuerdo en un texto determinado los diferentes partidos, grupos o personas que apoyan una candidatura. El programa juega en ese sentido un cierto rol de carta magna, o de carta de mínimos, de los que participan juntos en una determinada contienda electoral.

Se dicen entre ellos, y le dicen al país, en que están de acuerdo y que es lo que pretenden. Es dable pensar que el programa sirve también como carta de navegación del eventual futuro gobierno, hasta donde es posible visualizar en el presente las vicisitudes del mañana, y los cambios que ello producen en el campo de lo posible.

Además de todo lo anterior, el programa sirve como una carta de presentación ante los partidos políticos y ante otros grupos o personas que se pueden considerar como partes constituyentes de lo que podemos llamar como el sistema político nacional. Los integrantes de ese heterogéneo grupo se darán el trabajo de leer los programas y de decodificarlos para entender que es lo que realmente dicen y que es lo que no dicen, dos cosas que son igualmente importantes.

Pero la Sra. Juanita y la mayor parte de los 4 millones de pobres, de los 2 y medio millones de informales o de los 900 mil de desocupados, lo más probable es que no lean esos programas y no queden mayormente complicados por ello. Seguirán adelante con su vida y no se preocuparán mucho de saber qué es lo que cada uno de los candidatos escribió en su programa de gobierno. Esos programan no han sido escritos para ellos, sino para una camada pequeña de políticos, profesionales e intelectuales que gustan de ello por razones profesionales o personales.

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Para la gran masa del Chile plebeyo, de los pobres de la ciudad y del campo, el programa los tiene sin cuidado. Ninguno de ellos va a hacer muchos esfuerzos para dar con un ejemplar de algún programa y para leerlo con atención. Además, si lo hicieran, descubrirían que hasta la redacción y la terminología en que están escritos rebelan que esos documentos no han sido escritos para ellos.

Sin embargo, los programas presidenciales son importantes, básicamente porque a partir de ellos se pueden deducir las grandes ideas fuerza en que se plasma un programa determinado. Se trata de la quintaesencia de los programas o de la destilación más pura de los mismos. Un matemático podría decir que se trata de la segunda o la tercera derivada.

A los miles de ciudadanos que tienen obligatoriamente que concurrir a las urnas no se le llega con el documento completo, que es largo, muchas veces aburrido y poco entendible. Se les llega con ideas fuerza, que tienen que ser cortas, breves, fácilmente entendibles, y que lleguen al corazón y a la mente de los millones de electores insuflándoles esperanzas y rebeldías.

En el mundo contemporáneo las ideas de la política, de la cultura y de las visiones del mundo en general, no se conforman ni compiten entre sí por medio de la confrontación de libros contra libros, o de documentos contra documentos, sino por la vía de mensajes breves, emitidos por la vía de los modernos medios de comunicación de masas, que tienen realmente audiencia. Allí es donde se juega el resultado final de la contienda. Lo demás no solo es música, sino música que nadie o muy pocos escucharán.

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