Estábamos tan quebrados, y nos dolía tanto no darnos cuenta. Caminar con la herida abierta. Sin siquiera verla. Hasta que todos vimos la fractura. Y vimos al que la causó. Vimos por fin Chile.
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Amor encapuchado
Presentamos un relato de sensaciones vividas en estos 42 días de revuelta.
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Te vi a ti. Me vi a mí. Triste. Desvalido. Real. Sin brillo y maquillaje.
Ahora la estamos tocando y arde, la herida, duele, la carne, las pieles. Yo. Tú. Pero sin saberlo estamos sanando. No me creerás, pero estamos sanando.
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Dejar de negar la masacre de vivir en Chile nos está sanando.
Haber perdido el miedo nos está sanando.
Dejar de negar el corazón roto de todo Chile, nos está sanando.
No podemos notarlo, amor, porque no sanan los aires apestados de químico, no sanan bombas que destruyen rostros, no sanan políticos ladrones aconsejando en la tele.
Pero sana el cariño. Por otro, por nosotros mismos. La verdad. Sana sentir dolor por el matapacos quemado, y luego amor por su reconstrucción en base a ramas y flores. ¡Habrase visto un perro hecho de flores!
Sana encontrarte cada viernes en una plaza que llamaste dignidad. Sana el agua que me das en el desasosiego, tus ganas de ayudar a Gustavo, de aprender braile junto a él.
Sana saber que no volveré a verte humillado, ni a mí, aceptando la migaja del traidor que te trata como esclavo. Sana saber lo que es injusto y lo que no es amor. Lo que nunca lo fue. Sana encontrar tu voz en un Renuncia Piñera. Sana tu madre echando garabatos. Sana la bondad de tu protesta. El fuego de tu ira. Aunque no lo podamos ver, aunque caminemos en las llamas, sin semáforos, en los bordes del caos. Mi corazón hoy está sanando, con la sangre aquí, en mí, doliendo, hirviendo, viviendo. Contigo.
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